Gane quien gane

A mis hijas. Hay textos que duelen al escribirse, y otros que lastiman cuando se leen de nuevo. “El que avisa no es traidor”, me pareció prudente publicar el 12 de junio de 2023 bit.ly/3KBvTeY en estas mismas páginas: la elección ...

                A mis hijas.

Hay textos que duelen al escribirse, y otros que lastiman cuando se leen de nuevo. “El que avisa no es traidor", me pareció prudente publicar el 12 de junio de 2023 (bit.ly/3KBvTeY) en estas mismas páginas: la elección estaba a la vista, y Morena acababa de anunciar las reglas para la candidatura por la Presidencia; el mandatario se había nombrado como destapador desde 2021, y las corcholatas llevaban dos años en una campaña adelantada. En el lado opositor, mientras tanto, se estaban tomando decisiones.

‘“No podía saberse’, dirán —en poco tiempo— quienes hoy preparan la estrategia de un juego que no comprenden. Un juego destinado a perderse: los debates en redes sociales son ajenos a la ciudadanía, los partidos políticos han perdido toda credibilidad por mérito propio y son ajenos a cualquier tipo de crítica interna. No existe una causa común, la oposición está pasmada y dividida: ¿qué podría salir mal?

“Las elecciones se ganan con votos en las urnas, que no con ‘followers’ o ‘retweets’ en redes sociales. Seamos realistas: ¿quién confía, además de sus propios militantes, en los partidos políticos y sus dirigentes? ¿Quién confía, además de su propio ámbito digital —y sus buenas intenciones—, en lo que hoy se reconoce como ‘sociedad civil organizada’? ¿Quién de ellos podría convencer al —así llamado— ‘pueblo bueno’? ¿Quién tiene argumentos para confiar en sus líderes y sus buenas intenciones? ¿Quién de ellos ha logrado algo —cualquier cosa— para disminuir el margen de aprobación de un mandatario que lleva años comprometiendo nuestro presente, y arriesgando el futuro de nuestros hijos? ¿Quién puede entusiasmarse por un grupo que no logra hacerlo ni entre ellos mismos?

“Partidos cuyos dirigentes saben —porque esa ha sido su única prioridad, todo este tiempo— que su futuro inmediato está garantizado, sea cual sea el resultado: una plurinominal por sus propios colores, una embajada —cualquiera que sea— tan lejos de México como fuera posible. Contratos de obra pública, prevalencia de sus privilegios, impunidad absoluta. Liderazgos ciudadanos cuestionables, planes improvisados, miras a cortísimo plazo. Una campaña testimonial, pero estridente; ‘acuerdos en lo oscurito’, algunos logros, y la apuesta a sobrevivir durante el próximo periodo: el tiempo, sin duda alguna, no es lo mismo para todos.

“‘No, no podía saberse’. Por eso los partidos no se han acercado a quienes los han querido ayudar, por eso ‘la ciudadanía’ se ha reducido a quienes participan en redes sociales lejanas a quienes sufren necesidades en verdad apremiantes. Por eso también, porque ‘no podía saberse’, el mandatario ha sido capaz de avasallarlos durante todos estos años; por eso mismo, porque ‘no podía saberse’, la oposición entera ha quedado rebasada en un juego que —al parecer— no comprenden.

El que avisa no es traidor: el camino, por completo, está equivocado. Es necesario decirlo: los egos son demasiado grandes, los objetivos se limitan —tan sólo— al futuro inmediato. Es preciso pensar a largo plazo: el presente es un desastre, pero el pasado es inconcebible para cualquier sociedad que aspire a un porvenir distinto a lo que hemos tenido. No necesitamos un candidato que incendie al país, ni necesitamos a un grupo que se prepare para la derrota: lo que necesitamos —ahora mismo— es un equipo capaz de plantear un futuro que nos incluya a todos. A todos: también —por cierto— a ‘ellos’”

Hay textos que duelen al escribirse, y otros que lastiman cuando se leen de nuevo. Por supuesto que podía saberse, y que pudo haberse prevenido: por supuesto tuvimos la oportunidad de cambiarlo todo, y la desperdiciamos peleando entre nosotros en lugar de buscar una estrategia colectiva. Seguimos a líderes con pies de barro, y nos encandilamos con nuestras propias encuestas: confiamos en el poder de las redes sociales, y nos olvidamos las necesidades del ciudadano común. México no está perdido todavía, pero nos necesita más que nunca: nuestro país probablemente no es el que hemos soñado, pero es el único al que debemos nuestro esfuerzo. El único por el que tendremos que seguir luchando, gane quien gane…

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