Votaremos en un mar de sangre

El crimen se ha incrustado en nuestra vida política.

Luis Miguel Santibáñez, coordinador de Transparencia Electoral para Mexico y Centroamérica declara: “Nos preocupa mucho el tema de la inseguridad mexicana, los reportes de violencia son complejos y alarmantes”. Se queda corto.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) condenó los múltiples actos de violencia extrema que han sufrido los candidatos en el proceso electoral en México. Desde el 4 de junio del año pasado hasta el 7 de febrero de 2024, contabilizó 35 personas que deseaban postularse y fueron asesinados para llegar a sumar 234.

Sólo en marzo de este año, por lo menos fueron 16, debiendo agregar nueve que no contaban con registro oficial, pero que habían manifestado su deseo de competir. Añadamos dos más de antier y ayer.

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La misma CIDH muestra singular preocupación por los hechos de violencia entre los que mencionan amenazas, secuestros y asesinatos en contra de precandidatos, candidatas y dirigentes o militantes de distintos partidos políticos.

El experto en seguridad, Eduardo Guerrero expone en El Financiero (27/5/24), “durante el actual gobierno de López Obrador, el problema del crimen organizado se ha tornado mucho más amplio y complejo. Tenemos frente a nosotros a un auténtico monstruo de varias cabezas que engulle entidades complejas, Guerrero fue la primera víctima, Chiapas parece será la segunda, ¿cuál será la tercera, Zacatecas, Nayarit, Colima, Guanajuato, Tabasco, Sinaloa, Morelos? La lista es muy larga”.

En efecto, son numerosos los analistas que ya hablan de una violencia incontenible y parecieran ser uno cuando Eduardo Guerrero escribe: “El crimen se ha incrustado de lleno en nuestra vida política, social, económica y cultural… el crimen le está arrebatando al Estado mexicano la condición primordial que justifica su existencia: el control territorial”.

Con relación a las elecciones de mañana domingo, son numerosísimos los expertos y analistas señalando que, de continuar el mismo tipo de gobierno como el que actualmente tenemos, perderemos el país funcional y libre que aún prevalece y que en inseguridad, extorsiones y crímenes dominan el panorama.

Si atendemos lo que vemos en los medios difusores día con día, habría que decir estamos expuestos a la ferocidad azarosa de las bandas delictivas sin que exista quien pueda auxiliarnos. Véase el aumento que muestran los autos particulares blindados, las alarmas caseras, los alambres con púas que dominan extensos fraccionamientos, domicilios privados, pequeños negocios y todo tipo de guardianes y policías privados. Cada vez son más los barrios que parecen cárceles y en lo opuesto, territorios devastados por el abandono producto de matanzas y extorsiones. Esto ocurre ante una indefensión ciudadana palmaria.

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¿Qué destino le depara a un pueblo que no tiene el coraje de corregir sus errores? Esto es, en realidad, lo que se juega en unas horas más, este es el punto fundamental que debemos tener presente en el momento de estar frente a las diversas boletas electorales que tendremos ante nuestros ojos. No hay nada más importante y trascendente que pensar que puede ser la última oportunidad de tener un país donde priven la verdad, la vida y la libertad.

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