Tramas de diván IV. El respeto
El respeto consiste en tratar a los demás con cortesía, empatía y dignidad, valorando sus derechos, opiniones, creencias y diferencias. Exige un trato amable y tolerante
Cada uno debe ser respetado como persona
y nadie debe ser divinizado.
Albert Einstein
No se puede exigir al otro lo que uno mismo no posee. El respeto es el valor humano fundamental de la consideración hacia otras personas. El respeto consiste en tratar a los demás con cortesía, empatía y dignidad, valorando sus derechos, opiniones, creencias y diferencias. Exige un trato amable y tolerante. Es el principio del reconocimiento de uno mismo, de los demás y el pilar de cualquier relación interpersonal.
Lo descrito es el respeto genuino, el real y no aquel sometido a la imposición, al oportunismo, a la divinización —producto de la ignorancia— o a la ceguera voluntaria del que se siente y cree inferior, eso no es respeto, sino sumisión y termina por abolir la libertad y la dignidad del dócil. Respeto no es servilismo.
Es bien sabido que el respeto se gana, pero también se exige, se aprende y se educa con responsabilidad. La reflexión más profunda sobre el respeto nace en uno mismo, en el poder que tiene para transformarnos en aquello a lo que aspiramos. Quien se respeta a sí mismo tiene tres cualidades: autoestima, asertividad y autenticidad. La autoestima es una dimensión incondicional de caerse bien y de sincerarse con uno mismo; la asertividad es la capacidad de defender nuestros derechos y expresar nuestras opiniones, y la autenticidad el talento para mantener nuestra esencia y consciencia en valores, principios y creencias. El respeto es aceptación y valoración.
El respeto es una experiencia profunda que nos cambia la perspectiva de vida. Es un abismo el que separa la autopercepción personal en un espacio donde escasea, que en uno mucho más afortunado. El respeto es determinante para el bienestar emocional y nos es imprescindible para la toma de decisiones.
Innegable resulta, entonces, esperar a que todos en todo y siempre se respeten y respeten. Desafortunadamente, es uno mismo el que debe reconocer su valía y saberse poseedor de ese respeto sin amilanarse ante las diferentes circunstancias de la vida. Por eso es menester que, antes que nada, sepamos percibir e identificar palabras, conductas, acciones o nulificaciones del sentir o del pensar que amenacen nuestro propio concepto de respeto. Y ese propio concepto, el de cada uno, es el que se siente, pero también el que se da a los demás. El respeto no admite discordancias y no tiene tampoco márgenes de tolerancia por afinidad romántica, no es que a unos se les pueda dejar de exigir y a otros se les pretenda imponer. El respeto es un principio que cada uno debe mantener indiscriminadamente hacia sí mismo y los demás. Eso exige el saber comunicar asertivamente lo que pensamos y lo que sentimos, nadie tiene por qué saber, insisto, lo que cada uno lleva dentro ni nadie tiene el deber de adivinar qué esconden los silencios de aquel que se siente molestado en su persona. Porque, además, los estados de cada uno deben ser respetados y, quien decide callar, es también responsable de ese silencio.
El respeto se convierte en una trama de diván cuando no se siente, cuando, en su lugar, lo que se percibe es un avasallamiento crónico, cuando el miedo o la reverencia es la respuesta inmediata ante la insolencia del que se impone. Lo cierto es que todos necesitamos respeto y el camino más certero para conseguirlo, según la ciencia, es aceptando que no siempre tenemos la razón y que sabremos llevar la desaprobación del otro sin hacerlo un tema personal; no tenemos que agradar a todo el mundo. Aprendiendo a diferenciar la amabilidad de la condescendencia; fortaleciendo la práctica del amor propio; introduciendo el NO y los límites en nuestra vida; reconociendo que no somos responsables de las emociones ajenas ni de sus pensamientos, cada cual es dueño de su inconformidad; comprendiendo que al hacer demasiado por los demás puede dejar de ser apreciado y debe suspenderse esa colaboración cuando, en lugar de existir un agradecimiento, ocurre una continua exigencia… y, por último, si desea ser respetado, abandone la indefensión aprendida y desarrolle habilidades de defensa.
Lograr ser respetado requiere decisiones firmes y una voluntad férrea en ese propósito, puede ser difícil en un inicio, pero es la única antesala para prevenir males mayores y sufrimientos innecesarios. Como siempre, usted elige.
¡Felices tramas, felices vidas!
