El inicio de la caída
En un país que clama soluciones, el gobierno ofrece excusas. En un país que exige seguridad, se ofrecen mañaneras para desacreditar ciudadanos. En un país que demanda respeto, ofrece desdén. Morena llegó prometiendo esperanza yterminagobernando con soberbia
El día de ayer atestiguamos el megaparo carretero organizado por los transportistas, una jornada que dejó en evidencia la profunda crisis de seguridad que el gobierno federal se niega a reconocer. Lejos de ser un hecho aislado, el paro reflejó el hartazgo de un sector que a diario enfrenta asaltos, extorsiones y violencia, mientras la autoridad permanece inmóvil. A esta manifestación se le sumaron los campesinos, indignados por lo que consideran un nuevo arrebato del gobierno en el tema del agua y por la intención de centralizar aún más el control de los recursos hídricos. Lo ocurrido ayer no fue sólo una protesta, sino el grito del ciudadano, que ya no confía en el gobierno.
La respuesta de Morena no se hizo esperar en voz de la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, quien volvió a demostrar que este Gobierno prefiere intimidar antes que resolver. Su conferencia de prensa no fue un llamado al diálogo, sino una serie de amenazas contra los transportistas que se atrevieron a protestar. En lugar de reconocer la inseguridad brutal que viven a diario en las carreteras, la secretaria optó por recordarles que existen carpetas abiertas, que los bloqueos podrían considerarse delitos.
Ese tono revela que los gobiernos de Morena no escuchan, no entienden el hartazgo social y apuestan a amedrentar a quienes exigen poder trabajar sin miedo.
A ellos se unieron los campesinos, quienes enfrentan no sólo inseguridad y pobreza, sino ahora el temor de que Morena intente apoderarse del control absoluto del agua. Acción Nacional ha advertido en varias ocasiones sobre el proyecto de Ley de Aguas Nacionales, donde el gobierno pretende centralización, riesgos de discrecionalidad, vacíos legales y una intención política de manipular un recurso vital para fines partidistas.
Morena busca más poder, no más soluciones. La irresponsabilidad ecológica combinada con ambición política es una mezcla peligrosa, y el país lo sabe.
Los gobiernos de Morena han construido un modelo de poder que desprecia la diversidad, desconfía del ciudadano y sustituye resultados con discursos interminables. Lo que antes era un proyecto de cambio hoy parece una maquinaria obsesionada con controlar, centralizar y polarizar.
Mientras tanto, México vive más inseguro, más dividido y más frustrado que nunca. Las carreteras no son seguras, el campo no recibe apoyo real, el manejo del agua genera alarma, las instituciones se debilitan y la narrativa oficial se vuelve cada vez más agresiva. En un país que clama soluciones, el gobierno ofrece excusas. En un país que exige seguridad, se ofrecen mañaneras para desacreditar ciudadanos. En un país que demanda respeto, ofrece desdén. Morena llegó prometiendo esperanza y termina gobernando con soberbia.
Ante un panorama gris que vive nuestro país, el PAN alzó la voz; en una conferencia, la dirigencia denunció que el llamado Bloque Negro, que irrumpió en la manifestación por el 15N, habría actuado con respaldo de grupos vinculados a Morena. Es demasiado conveniente que en marchas oficialistas jamás haya violencia, infiltrados o provocadores, mientras que las movilizaciones ciudadanas siempre terminan saboteadas.
Es de suma importancia saber quién dio la orden a los policías que se encontraban resguardando Palacio Nacional de golpear a los jóvenes, personas de la tercera edad e incluso niños. La persona que dio esa instrucción debe responder por lo acontecido. Puede ser una interpretación, pero es una de las que hoy comparte un amplio segmento de la sociedad: Morena utiliza la narrativa del caos para desacreditar cualquier protesta legítima. Es el truco viejo del poder autoritario, nada más que disfrazado de “transformación”.
La soberbia, como la crisis que intenta ocultar, ya no caben debajo de la alfombra nacional.
