Mañana el café se enfría

He dejado en espera muchas cosas desde chiquita.

Por Paulina Majul Rubio

Por fin se va a hacer la comida de las dos familias que tanto prometían, pero tú ya no estarás ahí. Se pasó el tiempo esperando a que te sintieras mejor, a que mejoraran las condiciones y finalmente llegó el día en el que ya no ibas a estar aquí. Nos quedamos sin tus risas y anécdotas que hubiéramos escuchado en esa comida, la comida que quedó en los planes.

Cuando una persona ya no está, invariablemente pensamos en las cosas que faltaron y en todo lo que no pudieron o pudimos hacer con ellos. Es difícil decir adiós cuando sabemos que algo faltó en el tiempo que pasaron en esta vida; cualquier excusa (aunque sea válida) parece irrelevante sobre el hecho de haber visto a esa persona. Se queda la impotencia de haber hecho algo más en ese tiempo en el que todavía estaba aquí. Me doy cuenta de lo importante que es hacer las cosas hoy, porque mañana el café se enfría.

¿Cuántas veces pasan los meses y no vemos a una persona, porque nos dio flojera, porque faltó organización o incluso porque había cosas “más importantes” en la lista de prioridades? Se nos pasa la vida posponiendo un sinfín de pendientes, porque inconscientemente e ingenuamente pensamos que tenemos “toda la vida”, y sí, pero realmente no sabemos qué quiere decir eso. A algunos les toca vivir muchísimos años y se van arrugados, con canas y dejando a muchos descendientes en la tierra; pero hay otros que se van mucho más jóvenes con mucho tiempo todavía por delante. Sea cual sea el caso, la vida es efímera; aún los afortunados (si así queremos verlo) de vivir hasta donde el humano ha logrado hacerlo, dicen que la vida se les fue en un abrir y cerrar de ojos, pareciera que el tiempo no existe, porque todos lo viven igual de rápido.

Hay veces en las que, por una u otra razón, es necesario posponer las cosas, pero en realidad, la mayoría de las veces que posponemos algo es porque estamos muy cansados para hacerlo, no nos sentimos con el mejor ánimo, o cualquier otra cosa esperando a que el siguiente día venga con mejores colores. No obstante, ¿qué nos asegura que mañana va a ser mejor? Puede que mañana todo sea igual, peor, y en ocasiones mejor, pero jugártela por algo mejor es una apuesta de uno a tres, en la que dos de los resultados no son lo que uno quisiera. Una vez más se nos pasa la vida buscando el momento perfecto, pero bien sabemos que no hay perfecto, el tiempo está, la oportunidad está y puede que mañana ya no.

Haciendo retrospección, me he dado cuenta de la cantidad de cosas que he dejado en espera desde chiquita, cosas tan simples como un vestido que solía ser mi favorito, esperé el mejor momento para usarlo y cuando decidí hacerlo, el vestido ya no me quedaba. Cafés que he dejado de tomar y sigo sin tomarme porque tenía mucha tarea, películas que sigo sin ver porque “no puedo desperdiciarlas para un día común”, restaurantes que no he probado por guardarlos para ocasiones especiales. ¿Cuánto más seguiré esperando el mejor momento, la ocasión especial?

Quisiera regresar el tiempo y decirle a mi madrina que si se sentía mal, no pasaba nada, podía visitarla en pants, aunque sea un ratito para platicar o ver una película, cualquier cosa con tal de verla. Por esperar a que se sintiera mejor, el tiempo sólo pasó y llegó el momento en el que sólo podemos recordarla.

Además de las muchas lecciones que nos deja con su partida, no dejo de pensar en todo lo que puedo hacer hoy; si quiero ver a una persona, tengo que buscarla hoy, no mañana. Si quiero comerme el último chocolate, tengo que comérmelo hoy, no mañana. Si quiero organizar ese evento, tengo que organizarlo hoy, no mañana. Y si quiero tomarme ese café, me lo voy a tomar hoy, porque mañana el café se enfría.

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