La noche con Carin y Micky
Después de atestiguar el rugido del León en la Plaza México, el destino casi me pone de frente a El Sol.
- Después de atestiguar el rugido del León en la Plaza México, el destino casi me pone de frente a El Sol.
Me hicieron el favor de invitarme a ver al gran Carin León, que, para mi gusto, es el cantante más importante de la música mexicana de los últimos 20 años. Es la tercera vez que tengo la oportunidad de hacerlo: la primera fue en el Auditorio Nacional; la segunda, en una presentación semiprivada para amigos y medios de comunicación; y la tercera, en la Plaza de Toros México.
Llegar ahí fue complicado, el tránsito vehicular se pone de a peso, como decimos coloquialmente, pero, una vez en el lugar, las cosas se ponen aún más gruesas, porque aquello era la locura por ver al sonorense de 34 años, quien ha venido reuniendo importantes duetos, presentaciones y éxitos radiales en los últimos años.
Pero esta historia no comienza ahí, sino en el hotel donde se hospedó Carin León, pues al llegar a un restaurante saludé a Alejandro Basteri, hermano menor de Luis Miguel y algunos de mis contactos me dijeron que toda la semana había comido ahí y otras fuentes que al mismo Luis Miguel le habían mandado platillos a su suite en días anteriores.
Es decir, que dos de las máximas estrellas de la música estaban trabajando en la misma ciudad y al mismo tiempo, pero lo más curioso es que hospedadas en el mismo hotel, aunque no era la primera vez que eso ocurría, pues en septiembre pasado ambos estuvieron trabajando el 14 en Las Vegas, con la diferencia de que Carin cantó ante 20 mil personas y Luis Miguel, cinco mil. Ahí radica la distancia entre uno y otro.
Acá, en la Ciudad de México, Luis Miguel ante 22 mil y Carin León, 55 mil, aunque Luis Miguel con seis fechas seguidas y el sonorense sólo con una.
Pero el asunto no acaba en esto: ese día me regresé en un taxi al hotel, pues había dejado mi automóvil en el valet parking, y al llegar veo motocicletas, camionetas, personal de seguridad en exceso y juré que podría ser Luis Miguel, quien ya había terminado su show en Arena CDMX, pero recordé que él se traslada en helicóptero.
Me subí al elevador y me equivoqué de piso para llegar a la zona de valet parking y ¿cuál sería mi sorpresa? Cuando el elevador se abrió había tres personas de seguridad de Luis Miguel, con su ropa, sus trajes y cajas de zapatos, ya venían llegando del concierto.
En ese momento, la seguridad propia del cantante y del mismo hotel se movilizó, pues Luis Miguel mueve masas, que no nos quede ninguna duda. Por poco me topo con Luis Miguel, aunque sí disfruté de Carin León en una noche inolvidable.
