Como el otro López

El crimen organizado acabó su poda unos días antes de concluir el proceso electoral.

Apenas unos años después de haber “vendido" la mitad del territorio nacional, Antonio López de Santa Anna fue electo, una vez más, para ocupar la Presidencia de la República. Ante el apabullante acto confirmatorio, decidió proclamarse Alteza Serenísima. Perdió entonces todo recato asumiéndose, ante propios y extraños, como dictador. Ese pueblo sabio y bueno, no se fue al extranjero, es el mismo que hoy vota.

Se trata del mismo pueblo que votó por Porfirio Díaz; el que puso a López Mateos, López Portillo y a López Obrador. El que aplaudió a Peña y a Calderón. El que le tolera cualquier tongo al INE. Ése, que mansamente vuelve a sus labores tras cualquier proceso electoral, sí, el que mantuvo a los neoliberales en el poder a lo largo de seis sexenios.

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Tiene razón el tabasqueño, no hay motivo ni razón para estar sorprendido. Jalisco y Guanajuato refrendaron el pacto que ha mantenido en control de esas entidades a las fuertes corporaciones rivales del Cártel del Pacífico. Se respetaron las plazas, dado que el proceso comicial no es la ocasión para redistribuir territorios. El resto del país, con algunos violentos ajustes impuestos a quienes, sin permiso, podrían ganar las elecciones, terminaron eligiendo a la divisa que les acomoda. El crimen organizado acabó su poda unos días antes de concluir el proceso electoral. Vamos, hasta Acapulco dejó claro que quiere más de lo mismo, y quiénes son los de fuera para decirles qué deben hacer.

Haiga sido como haiga sido, el de Macuspana se ha ganado el derecho para decir lo que quiera en los próximos cuatro meses. Habrá que agradecerle, por supuesto, no haberle propuesto al pueblo bueno derogar la prohibición de la tortura, la eliminación del derecho a la privacidad, o la extinción de la libertad de industria y comercio, porque, sin duda, el electorado le habría dado el mandato para hacerlo.

Lo único novedoso es el entronamiento de una nueva metrópoli del crimen organizado, Chiapas ha dado el salto y se ubica ya a la par de Sinaloa, Tamaulipas, Jalisco o Guanajuato. El crecimiento de actividad al margen de la ley en esos lares resulta notorio y destacable. Mucho se hablará de esa entidad en la próxima administración.

En lo que sí se equivoca el residente de Palacio Nacional es en que la valoración y ponderación de su gobierno tendrá lugar en las semanas por venir. Todo sexenio se mide en la historia hasta el séptimo año, éste no será la excepción. Ello no impedirá que imparta cátedra a los políticos nacionales, los cuales se arrastrarán ante él, como todos aquellos que no quieren saber nada de inestabilidad.

Banqueros y grandes empresarios que cotizan en bolsa pueden aceptar cualquier resultado electoral, pero no ver que pierden valor sus acciones, por lo que aplaudirán y darán respaldo a la elección, piensen lo que piensen, ya que lo que les duele es el bolsillo y no la congruencia.

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Importante será ver cuándo llegará el inevitable episodio en el que la ungida, con toda la cortesía y comedimiento dirá, por primera vez, al actual mandatario, no, pero muchas gracias. Eso va a suceder, y antes del 1º de octubre. Por lo pronto, habrá que esperar, el impase constitucional nos obligará a tener dos tlatoanis que pontificarán y revelarán la verdad a un pueblo acolito que sabe rezarle al santo.

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