La perdedora
Llegó la democracia, pero ésta no trajo consigo a servidores públicos competentes u opositores preclaros, con todo y sus doctorados que maldita la cosa que sirven a la hora de la verdad. Ocurre que al árbitro siempre se le cuestiona.
Por fin terminaron las campañas. ¿Terminaron? En perspectiva, parece que no ha habido un sólo día sin promesas ni epinicios a primera hora, ya por el destierro de las políticas neoliberales, cosa bastante discutible, ya por reiterados anuncios de que las cosas van bien, no obstante casos puntuales de la vida menor que se extravían en la inmensidad de los indicadores, sin tache ni mancha. Pero no. La corrupción sigue ahí. Quizás fue eliminada del diccionario de la 4T, pero hoy por hoy México continúa en la línea de los países más corruptos.
En ese sentido, fue bastante patético ver diversos debates de candidatos de todos colores a lo largo y lo ancho de la República acusarse mutuamente de “corruptos”. Y sí, renunciar al cuarto para las 12 a un partido político para alcanzar lugar en el tren supuestamente ganador podría ser una manera de corrupción. Alejandra del Moral no debería tener espacio en la siguiente administración federal. Pero bueno, el Partido Verde, que cambia de aliados según soplan los vientos, ha sido una entidad satelital, refugio de la diáspora tricolor.
En esos pastelazos de lodo cerró con broche de oro una de las candidatas, que acusó a Eruviel Ávila, exgobernador del Estado de México, de “corrupto”, en uno de sus últimos mítines de campaña en La Paz, municipio del Edomex. El también expriista no tardó en responder. Mencionó que en su día esa candidata le pidió apoyo para liberar a su hermana, presa desde julio de 2012 por secuestro.
La situación es grave, porque, desde mi punto de vista, Ávila debió denunciar en su momento esa situación a la autoridad competente. Pero sonaría peor si fuera mentira, cortina de humo (o en este caso, gasolina al fuego) para los días y las horas que corren previo a la elección de mañana. En todo caso, lo insólito se daría con una presidenta virtual y electa, para empezar, con un lazo de sangre señalado por cometer un delito de ese calibre. Ovejas negras hay en cualquier familia, pero estaríamos ante un evento histórico con una presidenta así.
Tardamos muchos años en tener elecciones libres y justas, sin intervención de los funcionarios de Gobernación. ¿Por qué nos extraña que al secretario que se le cayó el sistema en 1988 hoy fuera incapaz de arreglar con la celeridad debida los apagones de semanas atrás?
En sus primeras pruebas de fuego, el entonces IFE cumplió como los buenos. La ciudadanía, ni más ni menos, se puso a contar los votos. Sin embargo, a diferencia de algunos colegas, no veo al hoy INE como apéndice de Palacio Nacional. ¿Habrá anomalías mañana? Eventualmente ya las hay con el crimen organizado, incrustado hasta el tuétano en no pocos municipios. ¿Será decisiva esa condición en la presidencial? Las cabezas duras de la oposición no tienen duda de ello.
Llegó la democracia, pero ésta no trajo consigo a servidores públicos competentes u opositores preclaros, con todo y sus doctorados que maldita la cosa que sirven a la hora de la verdad. Ocurre que al árbitro siempre se le cuestiona. Recuerdo hace cosa de 20 años una mesa de debate en la televisión en la que una joven que hoy es candidata denunció el “taqueo” en las elecciones. ¿Qué es eso? De alguna manera, los gestores del fraude tenían boletas extra y un ejército de electores llegaba a la casilla con unas cuatro o cinco dobladas bajo la axila. Acto seguido, las sacaban con mano experta para depositarlas en las urnas a efecto de embarazarlas. Desde la creación del IFE, nunca existió tal cosa.
Mañana será un día histórico en el marco de la lucha por la igualdad de género. México elegirá una dama presidenta. Pero también habrá una perdedora que, idealmente, deberá comportarse a la altura. Sería muy frustrante que la única perdedora de mañana fuera la democracia.
