La desgracia eterna

Los mexicanos no sólo están satisfechos con este gobierno, próximo a concluir, sino que le confiaron la continuidad a la primera Presidenta de nuestra historia.

Si Andrés Manuel López Obrador arrasó en las presidenciales de 2018, el domingo pasado Claudia Sheinbaum salió con un bulldozer. Los que hace seis años decían que México se convertiría en Cuba o Venezuela, hoy día opinan lo mismo, pero advierten que eso sucederá, ahora sí, en cuanto la próxima dama Presidenta porte la banda presidencial.

Sorprende la ingenuidad de la gente que, en el papel, tiene capacidad de análisis. Fueron casi 36 millones de votos para la candidata del oficialismo, es decir, “ganó la ignorancia”, explican unos, como si se tratara del juego de mesa Maratón, aunque la mayoría quienes lamentan la aplastante victoria de Morena no llegaría ni a la mitad del recorrido de esas casillas.

Y hablando de lanzar dados, Xóchitl Gálvez los tiró en las Serpientes y Escaleras. Subió como la espuma desde el minuto en que su nombre surgió como rostro de la oposición. Cayó bien que se presentara en bicicleta a reuniones en las que, desde luego, se discutieron asuntos de Estado. Falló la apuesta. Ni atrayente ni popular, mucho menos competitiva. Su discurso de superación, como las gelatinas fallidas, no cuajó. Resbaló en más de una ocasión y hoy está en el pozo. ¿Quién hará el mal lance de llegar ahí para que ella retome el andar, si es que decide retomarlo? ¿Alito Moreno? ¿Marko Cortés?

El caso es que el hartazgo por el crimen organizado no cobró factura en las urnas. Tampoco la destrucción de la selva por las obras del Tren Maya. Nunca tuvimos un sistema de salud como el de Dinamarca y los libros de texto son adoctrinadores. Si acaso, un bajo porcentaje tomó revancha por las muertes provocadas durante la pandemia de covid-19. Y quizás lo más inconcebible sea que la justicia electorera por la Línea 12 del Metro deberá esperar.

Sin embargo, no hay peor ciego que el que no quiere ver. Eso es una desgracia eterna. Hace seis años, a una semana de las elecciones, en la redacción de Excélsior dos colegas sostenían que López Obrador no ganaría porque la provincia no es la CDMX, donde están los simpatizantes del tabasqueño. De igual manera, unos meses atrás una vecina me dijo que debía votar por Xóchitl. No dio mayor razón, sólo me pedía ese voto y ya. Traté de argumentar que esa labor de convencimiento habría de realizarse en Iztapalapa, territorio de Clara Brugada, en ese entonces aún precandidata al gobierno capitalino. He escuchado decir a opositores que “Iztapalapa no importa”. Vivir en una burbuja trae inconvenientes.

En ese sentido, tampoco tiene gran impacto, supongo, la oferta de revistas como Nexos o Letras Libres, dado que los anti4T han optado por informarse a través de espacios cuya orientación editorial está cerca del Alarma! Que 200 intelectuales hayan firmado un manifiesto a favor de Xóchitl sólo indica la urgencia por volver a mamar de los dineros públicos. La frase es clásica en México: “Vivir fuera del presupuesto es vivir en el error”.

De entre esos “intelectuales” en busca del presupuesto perdido, resalta el caso de quien los aglutinó: Consuelo Sáizar, quien después de su gestión al frente del Fondo de Cultura Económica y luego del Conaculta (en tiempos de Fox y de Calderón), decidió salir de las cómodas sombras y manifestar abiertamente su apoyo político a Margarita Zavala, candidata “independiente” en 2018, y después a Xóchitl Gálvez. Y en ello, a Sáizar le ha ido peor que durante los 11 meses que dirigió la FIL Monterrey: puro perder-perder.

Hay que tomar las cosas con serenidad y seriedad. El país tiene muchos problemas y pendientes, pero los mexicanos no sólo están satisfechos con este gobierno, próximo a concluir, sino que le confiaron la continuidad a la primera Presidenta de nuestra historia, altísima responsabilidad para la que habremos de trabajar todos los ciudadanos de a pie desde nuestras respectivas responsabilidades.

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