Gane quien gane

No recuperaron los cuerpos de los mineros de Pasta de Conchos ni los de Sabinas, tampoco encontraron a los 43 de Ayotzinapa ni se rescató a Pemex; la CFE tiene fallas constantes y su sistema está al borde del colapso, al igual que todo el sistema de agua potable del país. La corrupción no sólo se ha desbordado, es descarada y se ha vuelto la condición sine qua non para negociar...

Estamos terminando el proceso electoral más sangriento en la historia del país. Más de 30 aspirantes, candidatos y precandidatos fueron asesinados de cara a las elecciones de ayer. El músculo del crimen organizado (político o del narcotráfico) ha hecho sentir su influencia y, como consecuencia, decenas de candidatos a puestos estatales y municipales terminaron con sus aspiraciones por las amenazas a sus vidas y las de sus familiares si continuaban en el proceso. El homicidio del candidato a la alcaldía de Coyuca de Benítez fue prácticamente transmitido en vivo en las redes sociales e hizo recordar a más de uno la muerte del candidato Colosio en las elecciones de 1994. La declaración del presidente López Obrador acerca de la violencia en las elecciones es indignante, pero no sorprende: “Está hasta fresa la campaña", asegurando que las que él vivió estuvieron más calientes. La estupidez de “abrazos, no balazos" les ha costado la vida a miles de mexicanos, la mayoría de ellos personas inocentes. Una vez más, minimiza los hechos y se autoproclama víctima. ¿Sabe qué es lo mejor de las elecciones? Que faltan menos de 4 meses para que termine la peor administración del México contemporáneo.

Es muy probable que hoy aún no tengamos asegurado quién será la primera mujer presidente en México, pero el país que recibe está en peores condiciones que hace seis años. Lo que tomó años construir a todos los mexicanos ha sido diezmado y destruido por una administración basada en los deseos del Presidente, responsable de la muerte de más de un millón de mexicanos, contando los más de 830,000 por la irresponsabilidad del manejo de la pandemia, los 180,000 asesinados en incidentes violentos (la mayor cifra en la historia), el mayor número de asesinatos de mujeres; el desabasto de medicinas y equipo médico en hospitales públicos provocó un aumento de 20% de muertes que pudieron haberse evitado, sobre todo en pacientes con cáncer, muchos de ellos niños, y pacientes con enfermedades y padecimientos tratables y curables. El colapso y destrucción del sistema de salud pública, que él dice que es igual al de Dinamarca. El déficit en las finanzas públicas ha puesto a la economía nacional al borde del colapso, todo para gastar más dinero en programas sociales para asegurar el voto para su partido. Los ataques públicos y privados en contra de las instituciones autónomas y contra todos aquellos que se han atrevido a disentir del líder que se siente incuestionable y todopoderoso. Un sistema de educación destruido a propósito, que se intenta que sea la base de adoctrinamiento de niños para que sigan las formas fallidas del populismo. No recuperó los cuerpos de los mineros de Pasta de Conchos ni los de Sabinas, tampoco encontró a los 43 de Ayotzinapa ni rescató a Pemex; la CFE tiene fallas constantes y su sistema está al borde del colapso, al igual que todo el sistema de agua potable del país.

La corrupción no sólo se ha desbordado, es descarada y se ha vuelto la condición sine qua non para negociar con los tres niveles de gobierno; entre más cercano se está al poder, más fácil es hacerse multimillonario, basta ver la riqueza de la exsecretaria Nahle, de los amigos del primer círculo del Presidente y de todos aquellos que se benefician. Un sexenio de obras inútiles, inservibles, ineficientes y/o banales: un aeropuerto que genera miles de millones de pesos en pérdidas y sin vuelos para justificar su construcción, una refinería que ha costado el triple de lo estimado y aún no produce un litro de combustible, un tren que ha sido el peor ecocidio de la historia de México y es un fracaso operativo y económico, una megafarmacia que surte tres (sí, tres) recetas al día. Nuestro país ha desaparecido en influencia a nivel internacional, sonriéndole a tiranos y dictadores, dando la espalda a aliados y socios comerciales. No tenemos una gasolina a 10 pesos el litro ni ha pisado la cárcel ningún expresidente y aún estamos esperando saber todos los ganadores de la rifa del avión presidencial. El legado que deja AMLO, además de la incompetencia y lo arriba mencionado, es la división y encono que fomentó, incrementó y explotó entre los mexicanos. Creó “enemigos” inexistentes: fifís y chairos, conservadores y liberales, llegando al punto de llamar “traidores a la patria” a quienes se manifestaron en su contra cuando cientos de miles de personas salieron a las calles por convicción a defender al INE, a la SCJN y a la democracia del país.

Cuando ganó Peña Nieto la Presidencia, muchos pensamos que ya habíamos tocado fondo. López Obrador nos hizo ver lo contrario. Su sucesora la tiene muy difícil.

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