Maribel, Imelda y el derecho a rehacer su vida
Bienvenidos mis sensuales famalovers. Como saben, aquí somos libres de humo, no nos reservamos el derecho de admisión y analizamos a los famosos en todas las posiciones. En estos días, las apariciones de Maribel Guardia ante las cámaras han dado mucha nota. Se había ...
Bienvenidos mis sensuales fama-lovers. Como saben, aquí somos libres de humo, no nos reservamos el derecho de admisión y analizamos a los famosos en todas las posiciones.
En estos días, las apariciones de Maribel Guardia ante las cámaras han dado mucha nota. Se había calmado un “poquitín-tantín” el chismerío luego de casi nueve meses de escándalo cuando la misma Maribel publicaba en sus redes sociales que, aunque quería mucho a su nuera, la había denunciado... con la penita y todo.
Yo quiero decirles que lo que para todos fue la nota de ocho, para los cercanos a Imelda esa era una pesadilla. Resultaba increíble que “la autoridad” tratara con tanta diferencia a la madre del menor con respecto a la abuela.
Era mediodía de ese lunes cuando todo estalló. El fin de semana Imelda y su hijo se habían mudado al departamento que ella tiene a su disposición desde siempre, pero que ahora, por fin, decidía ocupar por el bien de ambos. Y, aunque sabíamos de la incomodidad insostenible ya por los ataques pasivo-agresivos que Imelda venía soportando desde hacía meses, esperábamos la reacción de la abuela, quien exigió conocer el depa, mandó incluso a la maestra de inglés el fin de semana para verificar cómo estaba el menor. Pero de eso a lo que hizo, sí fue una mala sorpresa.
Como les decía, yo me enteré por la propia Imelda al momento de la “diligencia”; ella me pidió callar y eso hice. Fue la propia Maribel quien, horas después, enteró a todos. Entonces dije a mi producción dónde estaban: en la fiscalía.
Ya un año y meses antes yo había enfrentado el “quemón” cuando, por petición de la misma Imelda, tuve que desmentir a mi fuente (su madre) sobre la supuesta crisis que enfrentaba el matrimonio por una también supuesta infidelidad de Marco hacia Maribel. Ya me había ido re mal. Decidí no involucrarme demasiado.
Pero a eso de las 2 de la mañana que vi cómo Ime seguía afuera, sola, sin comer, sin un suéter y tratada como un cero a la izquierda mientras su hijo y su suegra estaban adentro de la fiscalía, entonces decidí que, así me cargara la fregada, yo no iba a dejarla sola.
Algún día, tal vez, alguien cuente todo lo que se vivió en esa casa y cuando me refiero a alguien, obviamente no soy yo. Ni viví ahí ni me corresponde. Pero si la verdad fuera pareja y se dejara de secretos, créanme que la opinión pública se quedaría muda, por lo menos por unos minutos, antes de seguir opinando desde el fervor que inspira una carrera tan bonita como la que, hasta ahora, había tenido la señora Guardia.
En fin, lo que sí está en mi deber es informar lo que sí puedo sustentar, y es que el proceso legal contra quien resulte responsable por delito de falsificación de testamento sigue su curso.
Que la señora Maribel, aunque mediáticamente lo niegue, sigue luchando por la custodia de su nieto. Justo respondía a Imelda que con su herencia ella puede hacer lo que le dé la gana, y creo que la señora tiene toda la razón en eso. Hacía yo memoria de cuándo noté que la relación entre ellas empeoró y es claro que fue el año pasado, por estas fechas. De hecho, mañana 11 de noviembre se cumple un año desde que puso la primera demanda contra Imelda por la custodia de su nieto y luego se fue a convivir con ella en la misma casa sin que Imelda lo sospechara. Lo que pasó dos meses después ya lo sabemos. A la muerte de Julián, Maribel parecía apreciar de verdad a su nuera. El cambio de amor a odio, creo yo, coincidió con una cosa: que la joven empezó a salir de nuevo, que inició una relación sentimental, pues.
Ha de ser bien duro ver que la vida sigue. Como madre, jamás nadie podría sustituir a un hijo. Como hijo, nadie podría sustituir a un padre, pero el duelo de enviudar implica superar la pérdida y, eventualmente, “rehacer la vida”. Imelda es joven y bonita. Pudo tardar menos en volver a salir con alguien, pero no. Fueron casi dos años para que Gamboa y ella empezaran a andar.
Para “viudos alegres” ya tenemos al Pirru. Ese vato sí que escandalizó en el 2005 cuando, a sólo semanas de morir su esposa Mariana Levy, lo vi bien entrado con Ana Bárbara. Cubrí esa nota y vaya que nos dio comidilla y jiribilla por meses.
El tiempo que un viudo o una viuda debe guardarse es subjetivo, dependiendo de su religión, cultura y momento. Hablo de lo bien o mal visto. Pero respecto a la legalidad, puede estar el finado aún calientito y no hay falta cívica o delito a perseguir si aplican el dicho de “el muerto al pozo y el vivo al gozo”; lo demás son habladurías.
Como se sabe, Ime y Fer Gamboa duraron sólo meses y terminaron luego de una supuesta extorsión denunciada por el joven contra Marco Chacón. Pero, luego de un año, Ime volvió a andar con alguien. Hace unos días, un paparazzi la captó con un galán. Esto fue nota para muchos medios y no faltó quien exclamara su preocupación por el menor, como si todas las madres solteras —por la razón que sea que estén solas— no pudieran cumplir con su maternidad sin perder el derecho a enamorarse.
Así de arcaicos somos cuando de criticar se trata. Hace 30 años, una joven y hermosa mujer quedó sola con su hijo luego de una muy gacha infidelidad que no perdonó. Pasaron sólo meses para cuando había encontrado de nuevo el amor. Su niño era un bebé. Ella trabajaba de noche y desde entonces la criticaban injustamente, pero ella vivió su romance con el novio de su tierra. Pasados unos meses, terminó con ese novio y empezó un noviazgo con un actor, pero después volvió con el novio que, además, era su pariente, y años después hasta se casaron. Maribel ha defendido su amor y, hasta la fecha, Marco es su ancla y su gran apoyo. Ella también vivió un duelo, buscó luego luego el amor, y ejerció su maternidad y su carrera como ella decidió.
He sido la primera en repudiar los ataques a la señora. Defender a una mujer atacando a otra es un camino en círculo tan repetitivo que hace hoyo. Ella merece nuestros respetos, pero Imelda exige lo mismo.
Un abrazo a todas las madres que han perdido un hijo o hija, a las viudas que tratan de reconstruir su vida, a las mujeres que salen adelante con sus hijos y a quienes se vuelven red de apoyo para que esas mujeres puedan proveer y también, ¿por qué no?, intentar sentirse mujeres de nuevo.
