Sin miedo a los coyotes: Cambiando vidas con un panel solar
Iberdrola México ha beneficiado a 560 personas con la tercera fase de 'Luces de Esperanza' en la Huasteca Potosina
“No anden fuera, se los van a llevar los coyotes”, le decía su madre a Francisca de niña. En su comunidad, Achiquico, en la Huasteca Potosina, llevaban toda la vida sin luz. Y de pequeña, en su poblado a oscuras, la mujer no podía jugar con sus vecinos de noche a no ser que hubiera “luna”. Les embargaba el miedo.
Hoy Francisca tiene 52 años, varios hijos y una novedad tecnológica que llegó a principios de año para revolucionar su casa y su vida: un panel solar instalado por Iberdrola México.
Abrazada a su papá, Agustín Morales, de 82 años, bajo la sombra de uno de los sistemas solares, celebra esta novedad: “Nos cambió la vida radicalmente. Y fue para mí muy bonito porque ya no tuvimos que andar pidiendo que nos cargaran los celulares o comprando gasolina para poder tener una planta de la luz”.
En Achiquico viven apenas unas 20 personas, entre ellos varios niños, afirma su hermano y también beneficiario del programa, Antonio Cruz. Pero el hecho de ser una comunidad alejada de la carretera - y a veces inaccesible en vehículo cuando llueve- no impidió que, tras décadas de peticiones, llegara por fin la luz.
El desarrollo llegó de la mano de Iberdrola México y su aliado técnico Iluméxico. La compañía lleva desde 2019 impulsando el programa Luces de Esperanza, con el que más de mil 500 personas de la Huasteca Potosina que carecían de conexión al sistema eléctrico nacional, cuentan hoy con energía eléctrica en sus viviendas.
Ello les ha permitido impulsar las actividades productivas y el mejoramiento de la salud, la educación y la seguridad.
Las tres primeras fases del programa Luces de Esperanza en San Luis Potosí han supuesto una inversión de 16,5 millones de pesos, e Iberdrola México continuará con el programa los siguientes años hasta beneficiar al menos a 6 mil habitantes de la Huasteca Potosina, mientras se apuesta por la energía limpia y por el cuidado al medioambiente.
Nos llena de alegría saber que a través de Luces de Esperanza hemos podido mejorar la calidad de vida de las comunidades de la región. La electricidad es imprescindible para el desarrollo y el bienestar de las familias, y la energía limpia indispensable para cuidar el planeta”, afirma Manuel Argüelles, gerente de Iberdrola México en Tamazunchale.
APAGAR EL FOGÓN Y ACABAR EL DÍA
En Achiquico reinaba una máxima: cuando se apagaba el fogón, se acababa el día.
Pero esto cambió en febrero del presente año cuando finalmente, de una forma mucho más fácil y económica, la electricidad llegó a las vidas de los habitantes del poblado.
Muchos de los vecinos hablan de un sustancial ahorro económico y de numerosas ventajas como poder trabajar cuando cae la noche, pasar más tiempo en familia, tener conectados electrodomésticos sin miedo a agotar el combustible de la planta de energía y dar a los niños más opciones de entretenimiento.
Muchas de las familias, precisamente, piensan en los más pequeños a la hora de agradecer este panel solar que iluminó sus hogares. No quieren que pasen las mismas carencias que ellos pasaron.
La nieta ya puede hacer sus tareas”, cuenta con timidez Buenaventura Cruz. A sus 64 años y con la salud algo frágil, la mujer tiene cuatro hijos que emigraron a Monterrey y hoy cuida de esta pequeña de 10 años junto con su esposo, Filemón Cruz Pérez.
Me siento muy contento cuando llego a casa y tengo luz. De noche me siento más seguro porque una luz se queda prendida fuera”, dice su marido, quien a sus 65 años sigue trabajando en el campo.
Seguridad, tranquilidad y mayor calidad de vida se conjugan en este proyecto que, en el plan cotidiano, permite a las familias hacer actividades tan básicas como leer, estudiar o ver la televisión. “Vemos lo que ve la niña. Puras novelas y caricaturas”, bromea Filemón.
Mientras que Francisca Cruz agrega: “Ahora que tenemos luz los niños ya pueden hacer sus tareas si se les olvida hacerlas más temprano. Y se protegen de víboras y animales rastreros”.
Según cifras oficiales, todavía hay cerca de dos millones de mexicanos que habitan en hogares sin electrificación. Y esto tiene implicaciones que pueden ser incluso peligrosas para la salud, porque muchas de estas viviendas todavía utilizan leña o carbón para cocinar o calentar con estufas.
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