El lago de Zirahuén resiste la deforestación, el saqueo de agua e invasiones
Pese a haber presentado cientos de denuncias desde la década de 1980, pobladores y comuneros realizan brigadas de vigilancia diaria para evitar que el cuerpo de agua colapse como el vecino lago de Pátzcuaro

El lago de Zirahuén, ubicado en el municipio de Salvador Escalante, Michoacán, enfrenta una crisis ambiental que avanza de manera silenciosa. Así lo narran los comuneros mientras recorren sus aguas.
La contaminación, la extracción ilegal de agua, la invasión de sus litorales y la deforestación para establecer cultivos de aguacate y berries han reducido entre 30 y 40 por ciento la superficie del cuerpo de agua, de acuerdo con habitantes y representantes de la comunidad.
A la orilla del lago, un campesino resume la preocupación de quienes viven de sus recursos: “si no cuidamos nosotros el agua, ¿quién lo va a hacer?”.
Donde antes había bosque, ahora se observan cultivos que rodean parte de la cuenca. Integrantes de la comunidad aseguran que muchos de estos cambios de uso de suelo carecen de permisos y han acelerado la pérdida de vegetación, además de afectar los escurrimientos naturales que alimentan al lago.
Pavel Ulianov Guzmán, vocero del Consejo Supremo Indígena, advierte que la dimensión del problema podría ser mayor a la que se observa a simple vista:
“Los expertos dicen que es más de cuatro metros lo que se ha perdido. Hay más de 2 mil 250 hectáreas de aguacate. Se han deforestado más de 2 mil hectáreas de bosques. Y vive un problema que, si no hacemos algo, en los próximos 20 años habrá una crisis ambiental como la que hay en el lago de Pátzcuaro”.
En las orillas del lago se observa la construcción de viviendas y restaurantes en sus márgenes. Los comuneros calculan que alrededor de 30 inmuebles han ocupado zonas cercanas al litoral y temen que algunos descarguen aguas residuales directamente al cuerpo de agua.

Iván Paz Mendoza, presidente de Bienes Comunales de Zirahuén, explica que son los propios pescadores quienes alertan sobre la colocación de tuberías y bombas en distintos puntos de la orilla.
“En parte, los mismos pescadores nos van avisando. En tal parte ya pusieron algún tubo. Incluso, ahorita, por ahí creo que hay algún tubo que está entre las piedras. No sabemos qué tipo de aguas estén descargando o cuál es la descarga que están haciendo. Hay otras donde ponen las bombas para sustraer el agua, también de aquí, para abastecer los servicios que requieren”.
El llamado huachicoleo de agua es mediante bombas que extraen el recurso para abastecer construcciones, restaurantes u otros servicios. La comunidad denuncia que esta práctica ocurre mientras el nivel del lago continúa disminuyendo.
Las autoridades comunales aseguran que durante décadas se han presentado denuncias por la deforestación, las construcciones irregulares y la extracción de agua. Sin embargo, sostienen que los procedimientos no han detenido el deterioro ambiental.
“Son cientos de denuncias que desde los años 80 se han presentado. Ahorita todavía siguen vigentes. Las mismas comunidades están trabajando con Conagua alrededor de unas 30”, detalló el presidente de Bienes Comunales.
La vigilancia del territorio se realiza todos los días. Los comuneros recorren el lago, revisan las zonas donde se levantan nuevas construcciones y organizan campañas de limpieza para retirar residuos de la superficie y de las orillas.

Marisol Paz, habitante de Zirahuén, afirma que la defensa también implica impedir el uso de embarcaciones y prácticas que puedan aumentar la contaminación: “Nosotros sacamos las lanchas porque eso contamina aquí el lago. También hacemos campañas de limpieza. Siempre que va a haber una construcción, vemos qué es lo que van a hacer y si traen todo en regla”.
La pesca, una de las principales actividades económicas de la localidad, también resiente los efectos de la contaminación y la alteración del ecosistema. Los habitantes señalan que algunas especies han desaparecido o disminuido, mientras que otras fueron introducidas al lago y comenzaron a afectar la reproducción de los peces nativos.
“Apareció una especie de pescado que aquí no había y ese fue el que se encargó de comerse las hueveras. Aquí, en lo natural, tenemos el charal, un poco de pescado blanco y la trucha lobina”, explicó un pescador.
El temor de los comuneros es que, si continúan la deforestación, las descargas de aguas residuales y la extracción descontrolada, Zirahuén termine convertido en un recuerdo. Por ahora, la comunidad mantiene la vigilancia y exige que las autoridades atiendan las denuncias acumuladas.