Apoyo para el proceso de aborto, la labor de las acompañantas
Evitar que las personas con capacidad de gestar atraviesen por este proceso sin información, recursos, atención médica, asesoría legal o escucha psicológica es el objetivo de las redes de acompañamiento
“Adriana” investigó los requisitos que necesitaba para acceder a una Interrupción Legal del Embarazo (ILE) y hace cuatro años acudió a una clínica de la Ciudad de México para ser atendida. Aun cuando el procedimiento fue profesional y discreto, no recibió mayor orientación previa, durante o después del aborto.
La joven, quien pidió permanecer en anonimato, armó una red de apoyo propia con su terapeuta y algunos amigos de la universidad con el propósito de no enfrentar el proceso en soledad, sobre todo porque anteriormente había sido diagnosticada con trastorno de ansiedad.
La cercanía de estas personas hizo la diferencia en su caso. “Al final del día es un procedimiento de riesgo y no es bueno estar sola… Por parte del lugar solo me ofrecieron un método anticonceptivo y una explicación donde me decían de manera puntual que el aborto no es un método anticonceptivo”, relata.
Evitar que las personas con capacidad de gestar atraviesen por este proceso sin información, recursos, atención médica, asesoría legal o escucha psicológica es el objetivo de las redes de acompañamiento. Estas se tejen con voluntarias que ofrecen asistencia desde el momento en que se pide ayuda ante un proceso de aborto.

El acompañamiento consiste en escuchar activamente, orientar y atender la logística frente a una situcación de aborto, de acuerdo con el Fondo de Aborto para la Justicia Social MARIA. Quienes forman parte de esta red cuentan con la capacitación necesaria que les permite atender cada caso de forma personalizada.
La organización nació en 2009 con la intención de disminuir la desigualdad en el proceso de aborto entre habitantes de la Ciudad de México y el resto de los estados del país, ya que la despenalización de aborto en la capital hasta las 12 semanas de gestación llegó en abril de 2007. Hasta la fecha cerca de 12,200 personas han accedido al acompañamiento de las voluntarias.
Datos del Sistema de Información de ILE capitalino, señalan que desde 2007 hasta el primer semestre de este año han sido atendidas cerca de 237,643 personas para un proceso de aborto. La Ciudad de México, Estado de México, Hidalgo y Puebla son los principales lugares de origen de quienes acuden por esta atención.
“Nos interesa apoyar con recursos económicos, que se traducen en apoyo para el pago de transporte (a la Ciudad de México), hospedaje, pago del procedimiento en caso de que sea en institución privada, logística y acompañamiento presencial. También damos apoyo emocional en espacios de confianza donde se puede conversar tranquilamente sobre esta decisión e inquietudes sin temor a ser juzgadas ni señaladas”, afirma Sofía Garduño, coordinadora del Fondo MARIA.

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El primer punto de contacto con las personas con capacidad de gestar es a través de una línea telefónica, redes sociales y un formulario en línea. Garduño describe que posteriormente se habla directamente con quien necesita el aborto, con el fin de crear un espacio de confianza donde se aborden las necesidades de la persona.
Las principales solicitudes de acompañamiento que recibe Fondo MARIA es de personas en proceso de aborto están relacionadas con la falta de redes de apoyo cercanas, carencia de recursos económicos para llevarlo a cabo y falta de información respecto a los procedimientos o lo que sucede después.
“Cada quien tiene necesidades específicas, pero para marcar una ruta tenemos una llamada para intercambiar información sobre el estado de salud de la persona o si existen estudios de laboratorio, información adicional y redes de apoyo. A partir de ahí compartimos las opciones para apoyar con lo que necesite y materializar la decisión”, comparte la coordinadora.
Luego de que se lleva a cabo un proceso de aborto seguro, las colaboradoras de Fondo MARIA se mantienen en contacto con las personas apoyadas por lo menos un mes después para tener una actualización sobre su estado de salud y conocer si presentan alguna otra necesidad que requiera apoyo.
“No se trata de solo acceder a abortos seguros en el sentido más técnico y con los procedimientos médicos adecuados. Más bien buscamos que la experiencia se pueda vivir de manera positiva, acompañada, con información, con apoyo emocional. Así se puede ver esta decisión como un ejercicio del derecho y como una forma de reafirmar un proyecto de vida y la autonomía”, puntualiza Sofía Garduño.
El acompañamiento también alcanza a aquellas personas con capacidad de gestar que ya se encuentran en el proceso y decidieron utilizar Misoprostol o Mifepristona, los medicamentos sugeridos en la guía de aborto seguro de la Organización Mundial de la Salud (OMS), desde su hogar.

A la distancia
Otro punto de acompañamiento es a través de grupos y colectivas de voluntarias que ofrecen auxilio a distancia. Esta labor se enfoca en orientar a quienes han decidido llevar a cabo un aborto desde sus hogares con el uso de medicamentos para que, en lo posible, lo hagan de forma segura y sin recurrir a métodos caseros.
En México la violencia sexual permite la interrupción legal del embarazo, pero en 28 estados se sigue penalizando el aborto por otras causas. Solo en la Ciudad de México, Oaxaca, Hidalgo y Veracruz está legalizado el proceso hasta las doce semanas de gestación; estos factores vuelven el uso de medicamentos desde casa la opción más viable para personas gestantes.
Cerca de 20 compañeras conforman la Red Necesito Abortar, que radica en Nuevo León y cuyo principal medio de contacto es en redes sociales. Cada una de ellas atiende las necesidades de quienes las buscan, relata Vanessa Jiménez, diseñadora y acompañanta.
“El acompañamiento está para equilibrar el reproche social, tener un espacio seguro donde hablar sin ser juzgadas y abrir la posibilidad de fortalecer sus decisiones. Permite generar una transformación social y un impacto emocional que no se ha logrado garantizar. La legalización o la atención desde el sector público de salud no ha logrado el impacto emocional del acompañamiento”, asegura.

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Más allá de solo informar sobre el proceso que implica el uso de medicamentos, los efectos y las reacciones con base en la guía para el aborto seguro de la Sacretaría de Salud y de la OMS, sus pilares más fuertes son la escucha activa, la resolución de dudas sobre el proceso y acompañamiento que libere a las personas de estigmas y culpas ante su decisión.
“Cuando conocen a fondo cómo funciona el medicamento, qué reacciones genera y qué esperar se vive de una manera distinta… Hay desinformación, muchas mujeres creen que se van a morir o que las van a encarcelar, tienen miedo de que no puedan ejercer la maternidad a futuro; como es un tema tabú no saben si al preguntar pueden recibir una buena respuesta”, afirma Jiménez.
La mayor parte de sus acompañamiento se realiza previo o durante el proceso, ya que posteriormente la mayor parte de las personas rompen contacto. “Nosotras nos adaptamos a sus circunstancias. El proceso de inicio y término lo deciden ellas”.
Esta red de apoyo nació en 2016 y en un principio se planeó llevar un censo sobre las personas y mujeres que solicitaran el acompañamiento; sin embargo, la capacidad se rebasó y hasta la fecha se han registrado periodos en que las asistencias rebasan las 100 personas al mes.
“Acompañar los procesos de aborto es un honor, es un orgullo y una labor que permite vivirlo de forma digna para quienes pasan por ello. Se cambia de tener miedo a vivir acompañada, tranquila y sin temor”, finaliza la acompañanta.
La labor de voluntaria
Perla atiende la vida personal y laboral que le permite llevar comida a su mesa, pero a diario también se da tiempo para ser voluntaria del colectivo de acompañamiento Las Borders, en Baja California. Al día atiende al menos cinco casos de personas que han optado por un proceso desde casa con el suministro de medicamentos.

“Hay días en que tenemos mínimo cinco casos al día y el acompañamiento no es de diez minutos, es de por lo menos algunas horas. A veces tenemos diez o doce al día y puede ser cansado, pero al mismo tiempo es algo que nos gusta hacer para que las personas puedan decidir sobre su cuerpo y autonomía”, señala.
El acompañamiento que siguen ella y sus compañeras inicia desde que las personas gestantes lo solicitan a través de redes sociales. En el proceso las pueden vincular con otras redes de apoyo dependiendo de la localidad donde se encuentren, además les preguntan su estado de salud y les hacen un cuestionario para orientarlas sobre el uso de medicamentos previo a que lo lleven a cabo.
“Desde hace cuatro años lo hago sin interrupción, es un trabajo de tiempo completo, aunque solo somos voluntarias. Yo pasé por un proceso similar, no tenía mucha información y a partir de ese momento dije que no iba a permitir que alguien más pase por eso con miedo y sin información”, asegura.
Su labor y pasión la han llevado a capacitarse como acompañanta. Junto con el colectivo también hace labores de activismo social, colabora con otras asociaciones, trabaja en campañas de visibilización sobre violencia obstétrica y últimamente se ha documentado en el tema de feminismo psicoactivo y el acceso a una salud sexual y reproductiva.
“Si tuviéramos acceso a esa información sería más sencillo, el problema es que no todos tenemos acceso a ella o a veces hay demasiada. Es un trabajo que el Estado no ha hecho y que se rehúsa a hacer. Para nosotras es importante trabajar en la despenalización social porque las leyes avanzan, pero eso no es sinónimo de accesibilidad”, asegura.

Fotos: Facebook Red Necesito Abortar, Fondo MARIA, Las Borders
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