La máquina del tiempo*: La primera bomba atómica

Todo comenzaría con el embargo comercial y petrolero que realizaría el país norteamericano a Japón desde julio de 1941 como represalia a la invasión de Indochina

thumb
Ver galería
thumb
Ver galería

En un inédito e increíble experimento científico, dos físicos y una reportera viajan juntos en una máquina maravillosa que se desplaza a través de agujeros de gusano del espacio-tiempo. Su objetivo: Comprender e investigar más a la humanidad para mejorarla, así como generar herramientas tecnológicas más avanzadas y conocimiento. (Amigos lectores, empleen su imaginación y ¡acompáñenos cada diez días!)

Socorro, Nuevo México, a 16 de julio de 1945.

Este viaje sería diferente en todos los sentidos. Los agujeros de gusano no serían ahora los problemas, sino nuestra condición de desconocidos por completo, en un tiempo y espacio ajeno a nosotros. Desde algunos meses nos habíamos preparado para enfrentar este siguiente reto que no se comparaba con ninguna de nuestras anteriores travesías. Implicaba una gran seguridad militar porque atestiguaríamos un proyecto ultrasecreto del gobierno estadounidense y nos llevaría varios meses de esfuerzo ser confiables para los Estados Unidos de 1945. Asistiríamos a la detonación de la primera bomba atómica en un desierto estadounidense llamado Jornada del Muerto, ubicado en la cuenca del Tularosa, al este del río Grande y en el condado de Socorro de Nuevo México. Esta prueba marcaría la futura decisión de lanzar la destructiva bomba en las poblaciones japonesas de Hiroshima y Nagasaki, el 6 y el 9 de agosto del mismo año respectivamente, en la terrible Segunda Guerra Mundial.

Todo comenzaría con el embargo comercial y petrolero que realizaría el país norteamericano a Japón desde julio de 1941 como represalia a la invasión de Indochina. El descontento de los japoneses se manifestaría en un ultimátum que lamentablemente desembocaría en un ataque a Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941. Por ende, el presidente Franklin D. Roosevelt declararía la guerra a Japón, Alemania e Italia en la Segunda Guerra Mundial. A partir de esto, Estados Unidos iniciaría un proyecto científico de investigación –Proyecto Manhattan− que buscaría la creación de armas nucleares ante la cercana posibilidad de que las potencias del Eje, sobre todo Alemania, podrían desarrollarlas antes y cuyas consecuencias serían aterradoras para la humanidad. El proyecto estaría dirigido militarmente por el general Leslie Richard Groves y científicamente por los físicos Kenneth Bainbridge y Robert Oppenheimer, quienes instalarían tres laboratorios en la Unión Americana para su creación: Oak Ridge en el estado de Tennessee, Hanford en el estado de Washington y Los Álamos en Nuevo México, el laboratorio más importante.

Basados en las últimas investigaciones sobre la fisión nuclear –se le llama así al proceso de dividir un núcleo pesado atómico en varios núcleos más pequeños liberando una gran cantidad de energía (partículas alfa y beta, y rayos gamma); en síntesis el proceso transforma elementos pesados a otros más ligeros como plutonio en yodo–, las reacciones en cadena –entre las partículas que a su vez hacen más fisiones– y la idea de construir una bomba atómica del físico Leó Szilárd, los tres laboratorios buscarían hacerlo realidad para adelantarse a los conocimientos científicos de las naciones enemigas. Los dos primeros laboratorios comenzarían a trabajar para conseguir uranio-235 y plutonio-239 –isótopos de elementos pesados y radioactivos–, mientras que en Los Álamos se diseñarían y fabricarían las estructuras que contendrían las bombas. Para este momento no se sabía si el proyecto sería exitoso y si la bomba se llegaría a lanzar en la guerra.

A Oppenheimer se le unirían un grupo de científicos expertos como su hermano –Frank Oppenheimer–, el mismo Szilárd y Bainbridge, Niels Böhr, Enrico Fermi, Ernest Lawrence, Edward Teller, Richard Feynman, Emilio Segrè, Luis Walter Álvarez y John von Neumann, entre otros. Pero, al pasar algunos meses, no todos estarían de acuerdo en la utilización de la bomba en la guerra, se habían generado varios debates sobre las consecuencias del empleo de la energía atómica en las acciones bélicas y su poder de destrucción. La disyuntiva terminaría cuando el presidente Harry S. Truman –quien asumiría el cargo el 12 de abril de 1945 por el fallecimiento del presidente Roosevelt– tomaría la decisión de bombardear a Japón en ese mismo año. Lo único que faltaba era probar la efectividad de la bomba en el desierto Jornada del Muerto, en el denominado Sitio Trinity por el mismo Robert Oppenheimer, inspirado en la poesía de John Donne.

Este desierto ya había sido previamente preparado con numeroso personal militar, ocho búnkeres de concreto y madera –localizados a distintas longitudes y distribuidos radialmente (tomando en cuenta el punto de explosión): uno a 100 yardas (91.44 m) al norte, dos a 800 yardas (731.52 m) en el norte y en el oeste, uno a 1,000 yardas (914.4 m) al norte y cuatro a 10,000 yardas (9,144 m) en el norte, sur y oeste; los más cercanos no tendrían gente, sólo instrumentos de medición, mientras que los 4 más lejanos sí tendrían a sus espectadores–, un sistema de comunicación y de energía, un campamento militar, una torre de acero con un cilindro de acero llamado “jumbo” que rescataría la radiación si la detonación saliera mal y la denominada zona cero que tendría otra torre donde se colocaría la bomba de plutonio-239 denominada “gadget”.

Asimismo, se prepararía la colocación de los detonadores, el ensamblaje completo de “gadget” con 6 kg de esferas de plutonio-239 y su colocación en su torre, la también instalación de “jumbo” en su respectiva torre y la creación de unos lentes oscuros especiales para la prueba, aunado a muchos instrumentos de medición de radiaciones, de impacto, micrófonos, sismógrafos, cámaras Fastax protegidas con acero y plomo, cámaras estenopeicas, instrumentos meteorológicos, etc. Nosotros llegaríamos desde muchos días antes a Jornada del Muerto, por razones de seguridad habíamos dejado la máquina del tiempo en la ciudad de Los Álamos, a 357 km del Sitio de Trinity y estaríamos ayudando a uno de los fotógrafos de la detonación, Berlyn Brixner, en el búnker norte 10,000.

A las 2:00 a.m. de la mañana del día 16 de julio todo mundo comenzaría a estar en sus puestos. Como civiles estábamos constantemente siendo observados por el personal militar. Todo estaba calculado para que la prueba fuera un éxito, aunque muchos militares aseguraban que los “cerebritos” –les decían de esa manera despectiva a los científicos, a quienes los consideraban “inferiores” a la milicia– fallarían, pues era la “primera” vez que la ciencia trabajaba a lado del ejército en una importante operación. Lo que no sabían es que la ciencia o la tecnología derivada de ésta había servido mucho a la guerra desde que la humanidad la había inventado. Era más bien la primera vez que se reconocía a la ciencia al servicio de la guerra. Muchas importantes universidades estadounidenses como Harvard, Chicago, Columbia y California en Berkeley intervendrían en este ejercicio nuclear que cambiaría drásticamente la mentalidad sobre la relación ciencia-guerra.

Estábamos nerviosos y los científicos más, quienes temían que la prueba no funcionara. El ensayo se realizaría a las 4:00 a.m., pero el clima sería factor para detenerlo. Empezaría a llover y el agua de la lluvia aceleraría la radiación por lo que podía ser muy peligroso. Todos en el búnker norte 10,000 estábamos esperando que la lluvia parara; en el búnker sur 10,000 –donde se encontraban Oppenheimer, su hermano y Bainbridge– y en los dos del oeste 10,000 –aquí estaban visitantes especiales–, también. El general Groves no estaba en ninguno de los búnkeres. Estaría observando todo desde el campo militar, a 10 millas (16.1 km) de la detonación.

Esta lluvia no estaba planeada. De hecho, los meteorólogos habían calculado el 18 de julio como el día más idóneo para la prueba, pero el presidente Truman la adelantaría dos días porque quería que fuera antes de que se llevara a cabo la Conferencia de Postdam –muy cerca de Berlín, Alemania–, donde los líderes aliados –Iósif Stalin, Winston Churchill (tomaría luego su lugar Clement Attlee) y el mismo presidente estadounidense–, acordarían los términos del fin de la guerra, la posguerra y la administración del territorio alemán tras su rendición el 2 de mayo del presente año. Sólo faltaba que Japón se rindiera, aunque ya estaba a días de hacerlo porque estaba acabado. Y es aquí cuando pensaba ¿entonces era necesaria la bomba en Hiroshima y Nagasaki?, ¿qué quería demostrar Estados Unidos con su detonación?, ¿fue una muy dura represalia por lo de Pearl Harbor? y ¿qué hubiera sucedido si no las hubieran lanzado?

Fue hasta las 4:45 a.m. que dejaría de llover y nosotros junto a Brixner saldríamos 10 minutos después a limpiar los vidrios del búnker donde nos encontrábamos y el de todos los refugios donde habíamos colocado cámaras para captar el momento. No queríamos que ningún detalle impidiera la captura del importante momento. De igual forma, nos acompañaba otro fotógrafo, Jack Aeby, que se encargaría de la fotografía de color Anscochrome. Ya estaba amaneciendo. Regresaríamos al búnker y a las 5:10 a.m., el físico Samuel King Allison anunciaba el conteo en las bocinas del área militar. Sabíamos que ya se acercaba el momento de la detonación lo que nos generaba una mezcla de curiosidad, miedo y respeto. Algunos de los que nos acompañaban temían por su vida, otros eran escépticos.

Exactamente al terminar el conteo, 5:29:45 a.m., Oppenheimer apretaría el botón de detonación. En ese momento no podíamos ver nada. Era tanta luz que nos cegaba, ¡todo era blanco! y sentíamos una onda de un calor horroroso, los aparatos de medición habían detectado que la explosión había sido 10,000 veces más caliente que la superficie del Sol donde la temperatura es de 6,000 °C. Pasados cinco segundos comenzaríamos a ver cómo una inmensa bola de fuego se levantaba del horizonte y se transformaba en un humo naranja que en veinte segundos se tornaba a una columna roja. Nosotros mientras tanto tomábamos fotografías y comentábamos lo impresionante que esto estaba siendo, el efecto cegador y el calor que nos había rodeado. No podíamos externar abiertamente qué era terrible lo que estábamos haciendo y que tendría consecuencias nefastas y mortíferas para la gente de Hiroshima y Nagasaki unas semanas después.

Tres segundos más tarde, se levantaría un hongo blanco, disminuiría la sensación de calor y escucharíamos el tronido seco de la explosión; más de veinte segundos le llevaría al sonido llegar a nuestros oídos desde los 11.6 kilómetros (38,000 pies) que había alcanzado de altura en la atmósfera terrestre. Luego vimos cómo el hongo se tornaba de blanco a azul brillante y muchos expresaban su asombro. Nosotros sabíamos que Robert Oppenheimer había mencionado, por su parte en el búnker sur 10,000, “¡Funcionó!” “Ahora me he convertido en la muerte, destructor de mundos” –verso proveniente del Bhagavad Gita– y que Kenneth Bainbridge le respondería “Ahora todos somos hijos de perras”.

Paralelamente, la onda de choque iniciaba su trabajo y todo comenzaría a vibrar. Ahora la sensación era de presión. Sería un momento muy incómodo donde el temor se haría presente entre todos los que estábamos allá. Esto duraría 5 minutos aproximadamente, pero el movimiento no distorsionaría las imágenes tomadas pues estábamos capturando las fotos a una velocidad de obturación de 1/100 s. Siete minutos posteriores a esto, “sentinel” nos avisaría que había detectado un rápido incremento de la radiación ionizante; era el momento de la evacuación antes que empezara la lluvia radiactiva. Todos los testigos comenzaríamos a retirarnos, algunos en vehículos propios o militares. Se quedarían únicamente los aparatos que medían y registraban los datos de la explosión.

Ya muy lejos del lugar, a más de 30 millas (48.3 km), había militares monitoreando la radiación en cada uno de nosotros, los participantes. Según ellos, ninguna persona involucrada en el proyecto estuvo expuesta a una radiación mayor de 100mR (miliroentgen), es decir, cerca de 1mSv (milisivert); para la OMS los seres humanos no corren ningún peligro con radiaciones menores a los 100mSv, rebasando este límite hay riesgos de cáncer, intoxicaciones leves, esterilidad, intoxicaciones moderadas, graves, agudas y la muerte según la dosis. Por su parte, nosotros le entregaríamos a Berlyn Brixner todas las cámaras y el equipo fotográfico que nos había prestado y le agradeceríamos todas sus atenciones con nosotros. El reloj marcaba las 7:00 a.m. cuando partimos hacia Los Alamos en un coche que habíamos alquilado. Sabíamos que el material radioactivo empezaría a descender 90 minutos después de la explosión y que las altas radiaciones se registrarían entre las 8:25 a.m. y 9:15 a.m. comenzando a declinar.

Según los instrumentos de medición, la explosión tuvo una equivalencia aproximada a 20,000 toneladas de TNT. La depresión que se originó en la zona cero formó un radio de 800 pies (243.84 m) y 8 pies (2.43 m) de profundidad. Como consecuencias inmediatas de este ensayo nuclear fueron: formación de un mineral radiactivo llamado trinita –los silicatos del desierto se fusionaron por el calor y la energía formando una piedra verde pálido y vidriosa– y lamentablemente se contaminarían los campos de maíz de Indiana por yodo-131 radioactivo, ocasionando cáncer de tiroides en muchísimos habitantes que vivían cerca de la zona. En 1947, dos años después, Kodak detectaría anomalías en sus rollos fotográficos contenidos en empaques que estaban hechos de cartón de maíz, provenientes de Indiana, descubriendo la dolorosa verdad; el gobierno norteamericano había realizado pruebas nucleares sin avisar de la peligrosidad a sus ciudadanos. Y en efecto, un día después de la prueba Trinity, el 17 de julio de 1945, la prensa y el ejército ocultarían la verdad diciendo “fue un accidente en las municiones del campo militar que explotaron”. Actualmente –desde donde venimos–, la zona cero del Sitio Trinity está marcada con un monumento de piedra volcánica y ha sido declarado como zona histórica y turística.

La bomba que fue probada en el Sitio Trinity fue la antecesora de la “Fat Man” de Nagasaki, donde murieron cerca de 35,000 personas. Por su parte, Hiroshima fue bombardeada por una bomba de uranio-235 “Little Boy” y asesinó a 70,000 personas. La destrucción fue casi total en ambas poblaciones… Después de estas páginas funestas de la historia de la humanidad terminaría la Segunda Guerra Mundial, pero continuaría la guerra fría, la amenaza latente entre Estados Unidos y la URSS por destruirse entre ellos y destruir el planeta con armamento nuclear, ¡vaya mundo! Finalmente llegaríamos temblando a las 12:00 p.m. a Los Alamos con esa terrible sensación de no poder cambiar la historia ni sus –buenas o malas– acciones y consecuencias. Subiríamos nuevamente a la máquina del tiempo para iniciar otro viaje y conocer otro escenario, otros personajes, otras problemáticas y comprender frente al espejo de la historia quiénes somos y a dónde vamos. Sigamos aprendiendo juntos. Los invito a que me sigan la próxima semana. Au revoir!

“Berlyn Brixner. Optical Engineer, Los Alamos, NM” en el portal Atomic Heritage, disponible en: https://www.atomicheritage.org/profile/berlyn-brixner

“Berlyn Brixner’s Interview” en el portal Manhattan Project Voices. Disponible en: https://manhattanprojectvoices.org/oral-histories/berlyn-brixners-interview

Brandan, María Esther. “Historia de la primera bomba” en Armas y explosiones nucleares: la humanidad en peligro. México: FCE (La Ciencia para Todos); 1996. Disponible en: https://bibliotecadigital.ilce.edu.mx/sites/ciencia/volumen2/ciencia3/061/html/sec_5.html

Clovis News-Journal. “Blast Occurs At Alamogordo Army Air Base”. Lunes 16 de julio de 1945, página 6. Disponible en: https://www.newspapers.com/clip/3985915/clovis_newsjournal/

Departamento de Defensa de los Estados Unidos (JM Noticias). Así suena una bomba atómica (Sonido original). Bomba atómica “Annie” en Yuca, Nevada, el 17 de marzo de 1953. Disponible en Youtube: https://www.youtube.com/watch?v=prhP9IXNJns

Jiménez, Daniel. “Historia de la fotografía. Cómo los carretes de Kodak delataron las primeras pruebas de bombas nucleares” en el portal Xataka Foto. Disponible en: https://www.xatakafoto.com/historia-de-la-fotografia/como-los-carretes-de-kodak-delataron-las-primeras-pruebas-de-bombas-nucleares

“Manhattan Project History. The Trinity Test” en el portal del Departamento de Energía de Estados Unidos. OSTI (Office of Scientific and Technical Information). Disponible en: https://www.osti.gov/opennet/manhattan-project-history/Events/1945/trinity.htm

Parker, RAC. “La segunda guerra mundial” en El siglo XX. Europa 1918-1915. México: Siglo XXI Editores (Volumen 34); 2014, pp. 383-412.

“Radiaciones ionizantes: efectos en la salud y medidas de protección” en el portal de la Organización Mundial de la Salud. Disponible en: https://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs371/es/

The Los Alamos Historical Document Retrieval and Assessment (LAHDRA) Project. “Chapter 10: The Trinity Test” en Final Report of the LAHDRA. Disponible en: https://www.lahdra.org/pubs/pubs.htm

“Trinity Site” en NPGallery. Digital Asset Management System. National Register Digital Assets. Disponible en: https://npgallery.nps.gov/pdfhost/docs/NHLS/Text/66000493.pdf

“Trinity Test” en Atomic Archive. Disponible en https://www.atomicarchive.com/Photos/Trinity/index.shtml

Walker, Gregory. “Trinity Atomic Test July 16, 1945” en Trinity Atomic Web Site. Disponible en: https://www.abomb1.org/trinity/tr_test.html

Wallace, Arturo. “¿Era necesario lanzar la bomba atómica contra Hiroshima?” en el portal de noticias BBC mundo. 26 de mayo de 2016. Disponible en https://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/08/150805_hiroshima_bomba_atomica_aniversario_razones_aw

_____________________________

* La presente crónica está basada en documentos e investigaciones de hechos reales; los elementos ficticios son sólo secundarios para justificar lo real. La bibliografía consultada se encuentra al final del texto.