Erotismo nacional, historias sin pudor
Los desnudos han estado presentes en nuestro cine, desde la clandestinidad a principios del siglo XX hasta el género de ficheras
CIUDAD DE MÉXICO, 6 de septiembre.- El desnudo ha formado parte de la historia del cine mexicano prácticamente desde sus orígenes, aunque pocos lo saben.
En tiempos en los que el séptimo arte apenas descubría su narrativa para convertirse en el gran espectáculo del siglo XX, ya existía en nuestro país una industria clandestina de cintas pornográficas que eran exhibidas a un público reducido y con cierto nivel de ingreso.
Las cintas se mostraban en burdeles, casas de citas, peluquerías y en un lugar conocido como La tarjeta, librería localizada en el Centro Histórico de la Ciudad de México en la que por un costo de 3 pesos de ese entonces se podía disfrutar de material con escenas de sexo explícito de títulos variados y picarescos como Las muchachas, Chema y Juana o Tortillas calientes.
Se desconocen los detalles de quién o quiénes filmaron esas cintas cortas entre 1920 y 1950 que son resguardadas por la Filmoteca de la UNAM.
Según un texto de la agencia DPA, el rodaje y proyección del cine porno en México coincide, en muchos casos, con el movimiento cristero en el país (1926-1929), en el cual se enfrentaron en una guerra la Iglesia y el gobierno.
En el mismo artículo, el crítico Rafael Aviña afirma que la existencia de esos audiovisuales confirma “una doble moral del mexicano, de esta idea de la sexualidad clandestina.”
El cine porno también es un género fílmico y forma parte de la cultura popular. Todo el cine popular es la mayor representación de la cultura, como lo fue la historieta en su momento, y el cine porno es parte de esta manifestación” añadió el escritor del libro Filmoteca de la UNAM. 50 años.
“Afuera” en la incipiente industria cinematográfica nacional, las cosas eran muy distintas, aunque también debemos diferenciar la pornografía con el erotismo.
Mientras que la pornografía se concentra en despertar los apetitos sexuales inmediatos del espectador, el erotismo está dirigido a un nivel más sutil e intelectual, confiando a la interpretación más que a la tosca exhibición”, según lo describe el escritor italiano Stefano Zuffi.
Luego de la etapa documentalista que comenzó con la visita de los enviados de los Lumière a nuestro país y de la documentalización de la Revolución Mexicana, apenas había alusiones a la figura femenina y su cuerpo como objeto del deseo.
(En esa etapa del cine mexicano) la sexualidad de los personajes es escondida. Ni las madres ni las prostitutas ejercen erotismo, sólo la genitalidad... las madres han sublimado la sexualidad en sus hijos y las prostitutas se han hundido en la genitalidad”, explica Olga Tuñón en su libro Mujeres de luz y sombra en el cine mexicano.
En su ensayo Moral sexual y moraleja en el cine mexicano, publicado en 1961 en las páginas de la revista Nuevo Cine, Salvador Elizondo escribió:
Se puede decir, inclusive, que desde su más tierna infancia nuestra cinematografía demostró una desmedida y precoz inquietud erótica que, como quiera que sea, revelaba una conciencia, vaga y equivocada quizá, de esta urgencia fundamental.”
El cuerpo de la mujer permaneció oculto y escondido durante décadas en la pantalla mexicana, aunque tuvo dignas excepciones encarnadas por figuras como las de Mimí Derba, Celia Montalván, Elena Sánchez Valenzuela y María Conesa, por mencionar algunas.
Pero la historia de la sensualidad femenina en el cine mexicano comenzó con Andrea Palma y La mujer del puerto, rodada en 1934 por Arcady Boytler y Raphael J. Sevilla.
Más tarde llegaría Teté Tapia, considerada la más atrevida al mostrar sus encantos con amplios escotes; María Luisa Zea, que contra todas las reglas establecidas deslumbró en Juárez y Maximiliano, de Miguel Contreras Torres (1934), y La Zandunga, de Fernando de Fuentes (1938), que contiene una memorable escena en la que al salir de bañarse en el río enseña uno de sus senos, retratado en blanco y negro por Alex Phillips.
Consuelo Frank se convirtió en una de las primeras actrices en desnudarse completamente para Monja, casada, virgen y mártir, de Juan Bustillo Oro, en 1935.
En el ‘37, Adolfo Best-Maugard rodó La mancha de sangre, y aunque su estreno se postergó hasta el ‘43 por temas de censura, vemos a Stella Inda como una prostituta con audaces y eróticas escenaque más tarde fueron eliminadas debido a que se rumoraba que incluía a “hombres y mujeres desnudos bailando”, aunque lo que finalmente se vio en pantalla fue el streaptease de una prostituta.
Así concluyó la década de los 30, que no tuvo demasiada evolución del desnudo femenino durante la siguiente década, más que la fulgurante aparición de Stella Inda que dejó ver uno de sus senos en La torre de los suplicios, de Raphael J. Sevilla (1940).
Fue hasta los años 50 que el cine fue trastocado por la belleza y sensualidad de los cuerpos de Ninón Sevilla (Lévame en tus brazos, 1953), María Antonieta Pons (Qué bravas son las costeñas, 1954); y Ariadna Welter (Sombra verde, 1954), inspirados en gran medida, como lo menciona Fernando Muñoz Castillo por las candentes imágenes de la italiana Rossana Podestá en La red, de Emilio Indio Fernández (1953).
Fue en 1955 que la sexualidad vuelta carne: piel tersa y acariciable, llegó a las pantallas con Ana Luisa Peluffo. El cuerpo de Ana Luisa creó toda una controversia entre mojigatos y liberales en todo el país. Movimiento Familiar Cristiano vs. Open mind”, señala el investigador en su ensayo Sensualidad, erotismo y sexualidad en el Cine Mexicano.
Salvador Elizondo defendió la desnudez de la Peluffo de la siguiente manera:
Uno de los grandes pecados de nuestro cine ha sido el de ‘moralizar’ a la Peluffo, el de desnudarla primero para luego sermonearla.
Cuando ya había dado un paso adelante, la ataxia locomotriz de un puritanismo ‘a la Hays’ hizo que diera dos pasos hacia atrás.
La primera vez que el Cine Mexicano plantea un hecho derivado de la sensualidad fuera del ámbito del burdel, el buen sentido, las costumbres y la gazmoñería dieron al traste con todo. No se puede, por tanto, hablar de erotismo en el cine mexicano.”
Así de tajante fue Elizondo para una corriente que fue seguida por actrices como Amanda del Llano, Columba Domínguez, Aida Aracelly, Ninón Sevilla y Kitty de Hoyos.
Y junto con ese destape, como era de esperarse, también llegó la censura, que según lo describe Emilio García Riera en su Historia documental del Cine Mexicano solamente permitía desnudos femeninos “siempre que fueran inmóviles, que no incluyeran la exhibición de las partes sexuales y que se justificasen —es un decir— con razones “estéticas” y moralistas”.
A toda prisa, antes de que se comprobara que la austeridad oficial no se avenía a tales fantasías, (productores como los Calderón) produjeron y exhibieron La fuerza del deseo, El seductor, La ilegítima, La virtud desnuda y Esposas infieles, en las que enseñaron sus pechos las actrices Ana Luisa Peluffo, Amanda del Llano, Columba Domínguez y Kitty de Hoyos”, según se asienta en el tomo 8 de su obra.
Películas como La perra (1966), Adán y Eva (1967), Damiana y los hombres (1969) y por supuesto la escandaloza Fando y Lis, de Alejandro Jodorowski (1967), se incluyen.
La belleza deslumbrante de Silvia Pinal también fue proyectada para deleite de sus seguidores en Simón del desierto, de 1965 del realizador español Luis Buñuel, donde hace un desnudo frontal.
En los años 70 las encargadas de provocar escándalos con sus actuaciones fueron Meche Carreño e Isela Vega, ambas sinónimos de polémica y sensualidad gracias a películas como La choca (1974), de Emilio Indio Fernández, El llanto de la tortuga (1974) y La viuda negra, de Arturo Ripstein (1977).
De esa misma época es Auandar Anapu (1975), de Rafael Corkidi, con Aurora Clavel, Ernesto Gómez Cruz y Patricia Luke.
Sin olvidar a Fanny Cano, “que gozó, hasta el final de su vida cinematográfica, de esa cualidad propia de las reinas de la sexualidad: el deseo masculino.”
Sus sucesoras, ya entrados en la década de los 70, fueron las ficheras: Sasha Montenegro, Angélica Chain, Wanda Seux y Lyn May, cuyos desnudos dejaron de ser “oculto” para pasar a “la trivialidad, en donde se veían cuerpos desnudos”, tal y como lo precisa Jennifer Lira Espinosa en su tesis universitaria Representaciones del desnudo erótico femenino en la película mexicana Demasiado amor, de la UDLAP.
En esa década también encontramos a Satánico Pandemonium: La sexorcista (1975), de Gilberto Martínez Solares, con una de las escenas más delirantes, surrealistas y eróticas del cine mexicano.
Se trata de una “fiesta erótica” en el comedor de un convento donde las monjas bailan alrededor de una mesa al tiempo que se van despojando de sus prendas.
Es cuando a María (Cecilia Pezet), recién designada como madre superiora, se le aparece Lucifer (Enrique Rocha). “Diviérte y goza, te lo mereces.”
Pero fueron dos películas las que definieron el rumbo de la industria: Tívoli, Alberto Isaac (1974) y Bellas de noche, de Miguel M. Delgado (1975), con la que inventó un subgénero bautizado como sexicomedias, comedias eróticas mexicanas o, mejor dicho, el cine de ficheras.
Esa corriente se caracterizó por los abundantes desnudos de sus protagonistas, sus albures y el lenguaje soez, pero también por una baja calidad en su producción y por supuesto en todos sus apartados técnicos: desde la fotografía hasta el audio, al ser una especie de video homes.
Pero eso sí, las producciones, además de ser lo único que había en cartelera producido en el país, contenían enormes dosis de picardía mexicana, que al ser cambiando con el sexo se convirtió en una eficiente fórmula para atraer a miles de personas a las salas de cine, quienes convirtieron al llamado Cine de ficheras en en el éxito cinematográfico de los años 80.
Este cine produjo mujeres icónicas que además trascendieron la pantalla al involucrarse sentimentalmente con políticos, como fue el caso de Sasha Montenegro con el expresidente José López Portillo e Irma Serrano, con el presidente Gustavo Díaz Ordaz.
Otras películas que prolongaron dicho subgénero y en las que se ven los cuerpos desnudos o semidesnudos de Alonso Zayas, Alberto Rojas El Caballo, Jaime Moreno, Andrés García, Pedro Webber Chatanuga, Jorge Rivero o Rafael Inclán, fueron La pulquería, Los plomeros y las ficheras, Esta noche cena Pancho, El rey de las ficheras, Los plomeros o Dos camioneros con suerte, por mencionar apenas un puñado.
Sonia Infante y Salvador Pineda también se quitaron la ropa para la escena de sexo en La noche que arde (1985), en la que hacen el amor en una cama circular que gira sin parar mientras ellos dan rienda suelta a sus instintos.
Sin embargo, a pesar de las críticas recibidas, el Cine de ficheras mantuvo con vida a la industria cinematográfica nacional y fue, a su vez, la etapa previa de un despertar conocido por todos como el Nuevo Cine Mexicano.
Esa oleada tuvo en Sólo con tu pareja, del ahora oscareado Alfonso Cuarón (1991), La tarea, de Jaime Humberto Hermosillo (1991) y Cómo agua para chocolate, de Alfonso Arau (1992), a algunas de sus representantes más importantes.
En la primera de ellas, la secuencia inicial muestra a una pareja desnuda en un colchón sobre el piso haciendo el amor, para luego pasar a la memorable escena en la que el personaje de Daniel Giménez Cacho se despoja de su bata para bajar velozmente por la escalera de su edificio y recoger un ejemplar del periódico Excélsior.
Hermosillo, por su parte, también con la cámara emplazada en el piso, le quita la ropa una y otra vez a sus personajes principales: María Rojo y José Alonso, a quienes vemos hacer el amor.
Ese tinte erótico se convertiría en un sello del cineasta hidrocálido y fundador del Festival, entonces Muestra, de Cine de Guadalajara, quien repite el tópico en muchas de sus películas, como La tarea prohibida (1992), De noche vienes Esmeralda y por supuesto eXXXorcismos, donde el personaje de Alberto Estrella no solamente se quita la ropa, sino que además se masturba.
En Cómo agua para chocolate, Gertrudis es la encarnación viva de la sensualidad cuando monta desnuda a caballo luego de haber tomado un baño que terminó por incendiar una cabaña.
Otras actrices que se quitaron la ropa frente a la cámara en esa misma época fueron Blanca Guerra en Ciudad de ciegos, mientras toma un baño en una tina de metal en medio de la habitación, y Leticia Perdigón seduciendo a un jovencísimo Martín Altomaro en Anoche soñé contigo, de Marisa Sistach.
A finales de esa década, Antonio Serrano, entonces un experimentado y creativo director de teatro, sorprendió a la industria con una película cuyo título y premisa giraban en torno a la sexualidad: Sexo, pudor y lágrimas (1999).
Soy una fanática del orgasmo. Esa pequeña explosión en la que puede encontrarse el sentido de todo”, dice Ana (Susana Zabaleta) a sus amigas envuelta en una bata blanca.
La película tiene desnudos también de Cecilia Suárez y por supuesto de Demian Bichir, quien se la pasa “en pelotas” en la divertida comedia.
Y tu mamá también muestra desnudez por parte de sus tres protragonistas: Maribel Verdú, Diego Luna y Gael García Bernal.
La habitación azul es considerada también una de los filmes más sensuales de nuestro cine, con Patricia Llaca presumiendo sus curvas frente a la cámara en incontables ocasiones.
Al igual que Llaca por esa cinta, Martha Higareda ocupa un lugar muy especial dentro de los desnudos del Cine Mexicano con memorables escenas en Amar te duele y Niñas mal, ambas de Fernando Sariñana.
Creado para provocar, justificar una escena o por el gusto de hacerlo, la desnudez del cuerpo humano aún continuará llamando la atención del mayor voyeurista: todo aquel que ve cine.
DE RECUERDO
- Otras actrices que también se han desnudado frente a la cámara han sido Gabriela Canudas (Otilia Rauda), Ana Claudia Talancón (El crimen del padre Amaro); Camial Sodi (El búfalo de la noche), Ivonne Montero (El Tigre de Santa Julia y Asesino en serio), Irán Castillo (La primera noche) y Adriana Fonseca (La tregua).
- Pero no todos los desnudos en el Cine Mexicano intentan seducir y despertar el apetito sexual del espectador. Dos ejemplos son Japón (2002), la ópera prima de Carlos Reygadas, en la que vemos el cuerpo desnudo de una anciana que impacible sostiene relaciones sexuales con un hombre 30 años menor que ella, y Batalla en el cielo, en cuya primera secuencia vemos al personaje de Ana haciendo una felación a su chofer Marcos, con quien más adelante tendrá sexo.
- Este año hemos visto los cuerpos de Irene Azuela en Las oscuras primaveras, de Ernesto Contreras, y de Paulina Gaitán, la novia de Eddie Reynolds, en la cinta de Gustavo Moheno del mismo nombre.







