Nadie como Sara Montiel

Con su belleza y actitud, la actriz española, quien falleció ayer a la edad de 85 años, no sólo enamoró a los galanes del celuloide sino que se convirtió en una leyenda

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Sara Montiel falleció a los 85 años de edad en su domicilio de Madrid. Foto ESPECIAL.
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Su nombre real era María Antonia Abad Fernández. Foto ESPECIAL.
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Sara Montiel nació en la pequeña localidad del Campo de Criptana en 1928, en el seno de una familia manchega humilde que subsistía por medio de la agricultura. Foto ESPECIAL.
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Se convirtió en una gran estrella junto con Dolores del Río, María Félix, Miroslava y Katy Jurado. Foto ESPECIAL.
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Trabajó al lado de grandes artistas como Agustín Lara, Arturo de Córdova, Pedro Infante. Foto ESPECIAL.
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Debido a su belleza y su talento pronto llamó la atención de la industria cinematográfica estadounidense. Foto ESPECIAL.
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Trabajó con éxito en Hollywood en la década de los años 50. La película 'El último cuplé' (1957) la consolidó en la escena internacional, donde quedó por siempre asociada a una belleza y sensualidad únicas. (Excélsior)
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La lista de sus amores 'inconfesables', según ella misma los llamara, incluye a Severo Ochoa, premio Nobel de Medicina, el poeta León Felipe y el escritor Ernest Hemingway. (Excélsior)
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En música, cautivó con interpretaciones como 'Fumando espero', 'Bésame mucho' y su versión de 'Contigo aprendí'. (Excélsior)
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En lo sentimental, Sara Montiel amó y fue amada. Se casó cuatro veces, la primera de ellas con el director estadunidense Anthony Mann. (Excélsior)
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El cuerpo de la actriz será trasladado esta tarde al tanatorio de San Isidro, informó el alcalde de Campo de Criptana, su localidad natal, Santiago Lucas-Torres. (Excélsior)
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MADRID, 9 de abril.— Sara Montiel cumplió 85 años en marzo. Con su chispa de siempre, ácida, mordaz, provocativa, sus últimas apariciones en los medios, que la encumbraron y la vapulearon, fueron para desmentir su muerte: “Estoy muy bien gracias a Dios.” Y se le creía. Sara, parecía inmortal.

Porque María Antonia Abad Fernández, nacida en Campo de Criptana (Ciudad Real), el 10 de marzo de 1928, en un momento en el que nadie soñaba siquiera con Hollywood, aunque ella siempre supo que sería una estrella.

Hija de una familia humilde de labradores, siempre se enorgulleció de sus orígenes, huérfana de padre y estudiante interna en un colegio de monjas en Orihuela (Alicante), sólo quería cantar y ser actriz, y pese al avance de los años se resistía a abandonar el oficio. Su pueblo decretó ayer luto oficial y reabrió de forma excepcional el Molino Culebro, que alberga un museo dedicado a su hija predilecta.

Siendo apenas una niña, unos productores la escucharon cantar una saeta en una procesión de Semana Santa y la contrataron por 500 pesetas al mes.

Con ese “dineral” se trasladó con su madre a Madrid y recibió clases de dicción y canto. Allí fue descubierta a los 15 años, en un concurso de jóvenes talentos por Vicente Casanova.

Así comenzó una carrera marcada por unos labios sensuales, unos ojos almendrados de color miel y unas preciosas piernas rematadas en una cadera oscilante de minúscula cintura, tan al gusto de la época, que no sólo enamoró a los galanes del cine, sino que la mantuvieron en la cima nada menos que 50 años.

Trabajó en más de medio centenar de filmes en España, México y Estados Unidos, junto a artistas de la talla de Raf Vallone (su partenaire en La violetera), Burt Lancaster, Joan Fontaine, Vincent Price, Charles Bronson, Dolores del Río, María Félix, Agustín Lara y Pedro Infante.

De la época estadunidense son los filmes Veracruz (1954), a las órdenes de Robert Aldrich; Dos pasiones y un amor (1956), de Anthony Mann, y Yuma (1957), de Samuel Fuller, entre otros.

En España protagonizó uno de los grandes éxitos del cine español: El último cuplé (1957), de Juan de Orduña, que la convirtió en un mito erótico.

Su público, uno gris y triste de posguerra española, sintió una bocanada de aire fresco en sus seductoras canciones, susurradas más que cantadas, a la estela de un puro (imagen que siempre la acompañó): Fumando espero, Bésame mucho, La violetera y Amado mío.

En Hollywood firmó contratos millonarios para Warner Bros. y United Artits, trabajó con directores como Anthony Mann, quien fue su primer marido. Y es que siempre estuvo rodeada de hombres, tuvo varios amantes y se casó en cuatro ocasiones.

Desde su debut, en 1944, en Te quiero para mí, de Ladislao Vajda, junto a Fernando Fernán Gómez, hasta Veracruz (1954), la primera en Estados Unidos, Sara Montiel, rodó seis largometrajes: Bambú (1945), de José Luis Sáenz de Heredia, con el que repitió en Mariona Rebull (1946); Don Quijote de La Mancha (1947), de Rafael Gil; Locura de amor (1948) y Pequeñeces (1949), ambos de Juan de Orduña, y El capitán Veneno (1950), de Luis Marquina.

Antes de Hollywood, llegó a México en 1950, donde participó en 13 películas y obtuvo grandes éxitos, como Cárcel de Mujeres,de Miguel M. Delgado (1951), Ahí viene Martín Corona y Necesito dinero, ambas de Miguel Zacarías y de 1952, y Piel canela (1953), de Juan J. Ortega.

Después de El último cuplé, por la que siempre será recordada, se puso a las órdenes de Luis César Amadori en La violetera (1958), Mi último tango (1960) y Pecado de amor (1961); de Tulio Demicheli en Carmen la de Ronda (1959) y La mujer perdida (1966), y de Alfonso Balcázar (La bella Lola, 1962).

Con Rafael Gil trabajó en La reina del Chantecler (1963) y Samba (1964); con Ladislao Vajda en La dama de Beirut (1965); con Luis Marquina y Jorge Grau en Tuset Street (1968); con Mario Camus en Esa mujer (1969) y con Juan Antonio Bardem, en Varietés (1971).

A partir de los 70 se volcó en la música y grabó y actuó en vivo (Bésame mucho, Sara y... punto, Saritísima, Saritízate, Sara de La Mancha o Ven al Paralelo), en espectáculos muy ovacionados con los que recorrió España y EU, donde llegó a actuar en el Hall Lincoln Center de Nueva York.

Su último largometraje, Asaltar los cielos, de José Luis López Linares, en 1996, dio paso a una nueva dimensión, ya cumplidos los 70 años.

En 2000 presentó su biografía Toda una vida y, dos años más tarde, el volumen Vivir es un placer, ambos escritos por Pedro Manuel Villora; dos años después se estrenó el documental Sara.

Colaboró con Alaska en el tema central del disco de Fangoria Absolutamente (2009), y en 2011 regresó al cine tras casi 40 años de ausencia con la comedia Abrázame, en la que se interpreta a sí misma.

Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo (2008); Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes (1958); Actriz del Año (1959) y Disco de Oro en 1959, por La violetera, recibió la Medalla de Oro de la Academia Española de Cine en 1997 y el Águila de Oro de Hollywood (el Oscar hispano) en 1986, entre sus más destacados galardones.

Su capilla ardiente se instaló en el Tanatorio de San Isidro, en Madrid, y según confirmó la policía municipal, Montiel sería sepultada hoy cerca de las 13:00 hora local en el cementerio madrileño de San Justo, donde reposan los restos mortales de su madre y de su hermana, tras una comitiva fúnebre que la llevará hasta la Plaza de Callao, donde se le rendirá tributo proyectando unos fragmentos de La violetera.

“Estaba bien, animada”

La noche del domingo, cuando Carmen Grey, su representante, habló por teléfono con Sara Montiel, “estaba bien, animada y pensando que ayer debía viajar a Oviedo” para una revisión oftalmológica.

Grey no daba crédito de lo ocurrido. “Anoche estaba perfectamente. Sara Montiel estaba bien. Tenía los achaques propios de una mujer de su edad, pero gozaba de buena salud”.

El sábado, Carmen Grey recibió en su casa a Sara, una visita que no era infrecuente. “Vino a casa, ella sola en un taxi, estuvimos cenando juntas y luego viendo una película. Estuvimos toda la tarde juntas”, recuerda.

“Hablamos también del homenaje que querían hacerle, por toda su carrera artística, en la próxima edición del Festival de Cine de Berlín. Le hacía mucha ilusión. Estuvo en casa hasta tarde, hasta las dos de la madrugada, aproximadamente, y se volvió a casa en un taxi”, detalló.

México, su segunda patria

Sara Montiel dijo en una de sus últimas entrevistas que consideraba a México como su segunda patria y que tenía guardado un certificado de naturalización del país.

“México es como mi segunda patria... Soy mexicana, mexicana, mexicana”, dijo en una entrevista grabada en 2007 en un viaje a Miami, Florida, y transmitida tras su muerte por el programa Despierta América, de Univisión.

La actriz recordó que estuvo a punto de quedarse a vivir en México tras su llegada en 1950, debido al gran cariño demostrado por el público.

En territorio mexicano se convirtió en una de las actrices cotizadas del momento, junto con Dolores del Río, María Félix, Miroslava y Katy Jurado.

Participó en cintas como Furia roja (1951) con Arturo de Córdoba; Cárcel de mujeres (1951), con Miroslava y Katy Jurado; Piel canela (1952), con Manolo Fábregas; ¿Por qué ya no me quieres? (1954), con Agustín Lara; El enamorado, Ahí viene Martín Corona y Necesito dinero, las tres de 1952, al lado de Pedro Infante.

En México también trabajó bajo la batuta de importantes maestros como Manuel Esperón, Gonzalo Curiel y Agustín Lara, quien la llevó de gira como vocalista de su orquesta.

Saritísima y sus amores

Mito sensual, de personalidad arrebatadora, Sara Montiel no se cansó de decir que su fama provenía sólo de su trabajo, aunque también reconocía que fue su cautivadora belleza la que le ayudó a conquistar Hollywood y a hombres muy dispares.

Los dos grandes hombres de su vida fueron, según su relato, el empresario mallorquín José Tous Barberán (Pepe Tous) (1931-1992), con quien adoptó a sus únicos hijos, Thais (1979) y Zeus (1983), y el Nobel Severo Ochoa.

Con éste último, sostenía, mantuvo durante cinco años una relación secreta “para no herir a terceras personas” (el Nobel estaba casado), pero lo dejó aconsejada por su madre.

Triunfó primero en España y luego en Hollywood, donde acumuló un puñado de filmes y una amplia nómina de amoríos que posteriormente recogería en sus memorias Vivir es un placer (2000).

Ahí encontró a su primer marido, el maestro del western Anthony Mann; con Gary Cooper y Burt Lancaster flirteó en Veracruz, en la que también conoció a Marlon Brando.

“Él (Brando) me enseñó el desayuno tejano y le hablé de los huevos a la manchega que hacía yo y, sin más, se presentó a las siete de la mañana en casa para probarlos.”

Con James Dean vivió un romance de película e incluso estuvo a punto de viajar con él el día que tuvo el accidente que le costó la vida.

Con el escritor Ernest Hemingway, que le inculcó su pasión por fumar habanos, tuvo una relación “puramente sexual”.

En sus conquistas también están el poeta León Felipe, a quien conoció en México y con quién no hubo “pasión carnal”, y al escritor Miguel Mihura, su primer amor. Su fugaz matrimonio con Tony Hernández, un fan cubano 36 años más joven que ella, fue su último amor.

Su muerte causa tristeza y pesar

El fallecimiento de la actriz y cantante Sara Montiel provocó dolor y tristeza en diversas figuras de todos los ámbitos.

En México, la actriz Silvia Pinal declaró sentir tristeza por el fallecimiento de la española, a quien conoció en la década de los años 80.

“Estoy verdaderamente sorprendida porque no tenía idea de que estuviera enferma, es una noticia muy triste y desagradable. Me da mucha pena, mandaré mis condolencias a España, a ver si logro hablar con alguien de la familia”, expresó Pinal.

Recordó que se conocieron a finales de los 80 en la Ciudad de México y volvieron a verse en octubre de 2011 para la grabación del programa Derecho de admisión, que conduce Juan José Origel.

“En los 80 no tuvimos mucha cercanía, pero cuando viajé a España, hace tres años con Pepillo, platicamos mucho en su departamento, se portó muy linda y simpática conmigo. Siempre quisimos trabajar juntas, pero nunca hubo oportunidad.

“Me siento muy triste, ella fue una gran estrella, una gente muy querida y conocida en México”, apuntó Pinal consternada.

Al pésame de Pinal, se sumó también el de la Academia Mexicana de las Artes y Ciencias Cinematográficas (AMACC) y el del mandatario mexicano, Enrique Peña Nieto, quien a través de su cuenta oficial de la red social Twitter, la describió como un “icono de la época de oro del cine mexicano e internacional”.

La actriz Verónica Castro escribió en Twitter: “María Félix y Sara Montiel Juntas Aquí están, maestras de vida! Amigas y compañeras, QEPD! Lluvia de estrellas DLB!”

“Sintiendo mucho la muerte de Sara Montiel, leyenda del cine y la canción que tuvimos la dicha de conocer. Paz para sus seres queridos y fans”, escribió Gloria Estefan.

El cantante Raphael comentó: “Se nos fue la gran Sara Montiel! Hasta siempre querida amiga. Grande Grande Grande!”

Julio Iglesias, señaló: “Mi querida Sara: Nunca dejaste de ser universal. Todo mi cariño, para siempre, Julio Iglesias”; el mensaje estaba acompañado por una imagen en la que se aprecia a la primera actriz en su juventud.

David Bisbal lamentó también el deceso y publicó: “Yo también mando todo mi apoyo a la familia de la gran #SaraMontiel. Nos ha dejado una de las grandes actrices que abrió camino internacional”.

En tanto, los reyes Juan Carlos y Sofía, los príncipes Felipe y Letizia y el presidente del gobierno español, Mariano Rajoy, se unieron a quienes lamentaron la muerte de la mítica actriz española Sara Montiel, a través de telegramas de pésame enviados a sus hijos.

En Cuba, donde actuó durante una de sus visitas también fue recordada con admiración y cariño.

La cantante Alaska dijo que Montiel “inventó un tipo de mujer muy poco común, una artista que, como conjunto, ha sido uno de los más espectaculares que ha dado España”.

Sus filmes:

Te quiero para mí, 1944, de Ladislao Vajda.

Empezó en boda, 1944, de Raffaello Matarazzo.

Se le fue el novio, 1945, de Julio Salvador.

Bambú, 1945, de José Luis Sáenz de Heredia.

El misterioso viajero del Clipper, 1945, de Gonzalo Delgrás.

Por el gran premio, 1946, de Pierre-Antoine Caron.

Vidas confusas, 1947,  de Jerónimo Mihura.

Confidencia, 1947, de Jerónimo Mihura.

Mariona Rebull, 1947, de José Luis Sáenz de Heredia.

Don Quijote de la Mancha, 1947, de Rafael Gil.

Locura de amor, 1948,  de Juan de Orduña.

Alhucemas, 1948, de José López Rubio.

La Mies es mucha, 1949, de José Luis Sáenz de Heredia.

Pequeñeces, 1950, de Juan de Orduña

Furia roja, 1951, de Steve Sekely y Víctor Urruchúa.

El capitán veneno, 1951, de Luis Marquina.

El enamorado, 1952, de Miguel Zacarías.

Necesito dinero, 1952, de Miguel Zacarías.

Ella, Lucifer y yo, 1952,  de Miguel Morayta.

Aquel hombre de Tánger, 1953, de Luis María Delgado y Robert Elwyn.

Piel canela, 1953, de Juan José Ortega.

Yo soy gallo donde quiera, 1953, de Roberto Rodríguez.

Yo no creo en los hombres, 1954, de Juan José Ortega.

¿Por qué ya no me quieres?, 1954, de Chano Urueta.

Se solicitan modelos, 1954, de Chano Urueta.

Frente al pecado de ayer, 1955, de Juan José Ortega.

Serenade, 1956, de Anthony Mann.

Donde el círculo termina, 1956, de Alfredo B. Crevenna.

El último cuplé, 1957, de Juan de Orduña.

Run of the Arrow, 1957, de Samuel Fuller.

Mi último tango, 1960,  de Luis César Amadori.

Pecado de amor, 1961,  de Luis César Amadori.

La reina del Chantecler, 1962, de Rafael Gil.

La bella Lola, 1962, de Alfonso Balcázar.

Noches de Casablanca, 1963, de Henri Decoin.

Samba, 1964, de Rafael Gil.

La mujer perdida, 1966, de Tulio Demicheli.

Tuset Street, 1967, de Jorge Grau y Luis Marquina.

Varietés, 1971, de Juan Antonio Bardem.

La casa de los Martínez, 1971, de Agustín Navarro.

Cinco almohadas para una noche, 1973, de Pedro Lazaga.

Discografía:

El último Cuplé, 1957.

La Violetera, 1958.

Baile con Sara Montiel, 1959.

Carmen, la de Ronda, 1959.

Besos de fuego, 1960.

Mi último tango, 1960.

El tango, 1961.

Pecado de amor, 1961.

La bella Lola, 1962.

La reina del Chantecler, 1963.

Noches de Casablanca, 1963.

Samba, 1964.

La dama de Beirut, 1965.

Canta Sarita Montiel, 1966.

Esa mujer, 1968.

Toda una vida, 1970.

Varietés, 1971.

Sara... Hoy, 1973.

Saritísima, 1977.

Anoche con Sara, 1978.

Purísimo Sara, 1988.

Sara Montiel... De cine!, 1989.

Sara a flor de piel, 1991.

Amados míos, 1995.

mef/pdg

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