Andrés Cota hurga en las claves del bestiario que habita en los seres humanos
El narrador afirma que cada persona hospeda un universo microscópico salvaje

Gusanos gordianos que convierten a los grillos en suicidas, hongos con la capacidad de esclavizar hormigas y avispas que asumen las propiedades de un titiritero. Éstos son algunos de los personajes que desfilan por las páginas de Fieras interiores, el más reciente libro del escritor Andrés Cota Hiriart (1982), en el que aborda las claves de un bestiario que nos habita y que sorprende por su vitalidad.
Por ejemplo, en la cara tenemos dos especies de ácaros endémicos del rostro humano. ¡Imagínate!, que viven en poblaciones de cientos o de miles en todas las personas. Eso es lo normal. Lo que pasa es que nunca nos lo cuentan de pequeños, pero creo que nos lo deberían contar para que no resulte extraño y se tenga la reacción de llevarse la mano al rostro y rascarse”, comenta el autor a Excélsior.
Y agrega: “Nadie pensaría que el pelaje de un perro o de un orangután son un entorno estéril. Entonces, ¿por qué en el caso del humano tendría que ser diferente si somos parte de ese árbol de la vida y estamos sujetos a los mismos procesos que el resto de criaturas?
Así que de ahí viene la motivación no sólo de este libro, sino de la obra que genero, que busca tocar base respecto a qué somos como especie, como organismos; cómo embonamos en el resto y, en el mejor de los casos, espero combatir un poco el antropocentrismo”, agrega.
Cota Hiriart detalla que cada ser humano es el hospedero de un universo microscópico; es decir, cada persona es un entorno salvaje repleto de fieras minúsculas. “Lo normal es estar habitados; pero todos estos microorganismos son esenciales para que existamos, pues nos dan identidad inmunológica, son nuestro sistema de defensa, nos permiten digerir alimentos y están involucrados, incluso, en procesos cognitivos. Por tanto, un poco nos hacen ser quienes somos”, explica.
Sin embargo, reconoce que de vez en cuando algunos patógenos o invasores corporales llegan sin anunciarse y pueden desatar enfermedades, por lo que tampoco se trata de romantizar el concepto.
Por último, el también autor de Fieras familiares refiere que el mundo de los parásitos llamó su atención desde niño, cuando descubrió que algunos microorganismo tenían la capacidad de controlar la mente de otros.
Desde que descubrí esas historias de los parásitos que controlan la mente de sus hospederos, que pueden incidir en su comportamiento y ser como maestros titiriteros que te controlan desde adentro, fue imposible no sentirme fascinado por eso, pues trastoca la fantasía y es uno de esos casos en que la realidad supera a la ficción”, concluye.
cva