Miguel de Cervantes, manco y no de lepanto
El escritor no llegó a poner pie en la ciudad donde ocurrió la batalla; sin embargo, todos recuerdan que el autor de Don Quijote participó ahí
NAUPACTO, Grecia.
Miguel de Cervantes hasta la fecha de su fallecimiento, hace 400 años, llevó consigo la prueba física de haber participado como soldado en una de las batallas clave de su tiempo, la de Lepanto, que él mismo evocaría como un acontecimiento capital en su vida.
Aunque las secuelas de su brazo izquierdo lo tenía inutilizado, luego de que la metralla le alcanzara un nervio, esto no impidió luchar en otras batallas posteriores, su nombre y el de la batalla naval quedaron ligados para siempre.
Cervantes, nunca llegó a poner pie en la propia ciudad de Lepanto, aunque una estatua de bronce de Jaime Mir le inmortalice señalando al cielo en el puerto de Naupacto.
Este es el nombre contemporáneo de la ciudad, situada en el estrecho que separa los golfos de Patras y Corinto y que vio al ejército cristiano, bendecido por el papado y del que formó parte, vencer al Imperio Otomano en ese enfrentamiento crucial para Europa.
“Cervantes... permanecerá en nuestra ciudad para siempre. De ello se encargaron los cervantinos que erigieron, hace 20 años, su estatua en nuestra ciudad y con ello ya es parte de nuestra historia local”, explicó el vicealcalde de Naupacto, Yanis Raptis.
Célebre inventor de la novela, además de poeta y dramaturgo español nacido en Alcalá de Henares, Cervantes tiene además el encargo de narrar para los visitantes de Lepanto los acontecimientos del 7 de octubre de 1571, cuando, a pocas millas náuticas de la ciudad, midieron fuerzas la armada del Imperio otomano contra la de una coalición católica, llamada Liga Santa.
La voz del escritor toma forma en una enorme marioneta de su alargada figura, que 445 años después, camina desde el emplazamiento de su actual estatua hacia la entrada del puerto medieval para relatar a la multitud qué pasó exactamente el día de la batalla y qué fue lo que la desencadenó.
El escritor fue invitado de excepción con motivo del 400 aniversario de su muerte en la conmemoración de la batalla que la propia ciudad llevó a cabo este año con una mezcla de luces, figuras gigantes y música.
Producto de eso se funda la Liga Santa, compuesta por el Reino de España, los Estados Pontificios, la República de Venecia, la Orden de Malta, la República de Génova y el Ducado de Saboya que, bajo el liderazgo de Juan de Austria, comienza los preparativos para aunar una armada cristiana que haga frente al poderío del sultán.
Aunque cuatrocientos años han sustituido a las bombas y los cañonazos por fuegos artificiales cuidadosamente preparados, esto no resta a Cervantes ni un ápice de pasión en su relato, especialmente cuando habla de los caídos... de ambos bandos.
Las festividades anuales de la batalla de Lepanto, inauguradas hace treinta años, reúnen cada año a representantes de las ciudades que estuvieron involucradas en ella, aunque hasta ahora sólo a los vencedores.
El vicealcalde de Naupacto recalca que el debate sobre esta batalla y su importancia histórica incluirá a todos los que participaron, vencedores y vencidos.
La derrota de los otomanos tuvo entonces una importancia comparable a la del primer asedio fallido de Viena en 1529.
Cervantes añadió a la épica de participar en la batalla, hacerlo a pesar de la recomendación de su capitán de no hacerlo, pues estaba enfermo, algo que pudo influir en la herida que le dio el sobrenombre “manco de Lepanto”.
Pocos saben nombres de los líderes cristianos, y numerosos los que conocen a los jefes de la armada otomana, pero todos recuerdan que en la batalla de Lepanto participó el autor de El Quijote de la Mancha, una de las obras más leídas del mundo.

