Se reencuentran los hermanos Castro Leñero

Aunque son familia, desde hace años no se ven, pero, por esta ocasión, aceptaron reunirse no sólo para charlar acerca de su trayectoria y sus proyectos, sino también sobre por qué su generación se ha desdibujado a pesar de que posee una obra consolidada

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Foto: Daniel Betanzos
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Estirpe plástica

La pintura, el dibujo y la escultura, esos lenguajes milenarios cercanos al ser humano desde que habitaba en cuevas, son sin duda parte del arte y la cultura contemporáneos.

Los hermanos Alberto (1951), José (1953), Francisco (1954) y Miguel Castro Leñero (1956) coinciden en esta afirmación y consideran que ésta se demuestra en la obra artística que cada uno ha creado durante más de 35 años.

“Hemos partido de estos lenguajes, que aún están presentes en nuestras piezas, pero también nos hemos dedicado a explorar y a dialogar con otros nuevos, como el video, la instalación y la intervención del espacio, lo que ha enriquecido nuestras propuestas”, comenta Alberto.

Los hermanos Castro Leñero aceptaron reunirse “por primera vez en años”, a invitación de Excélsior, para reflexionar por qué los artistas plásticos de su generación, incluidos ellos, se han desdibujado si han trabajado de manera ininterrumpida y poseen “una obra consolidada”.

Integrantes de un grupo de creadores a quienes, a finales de los 70 y principios de los 80 del siglo pasado se les “abrieron rápido las puertas” de galerías, museos y concursos, “tras el vacío que se dio tras la Generación de la Ruptura”, éstos fueron “desplazados” de los circuitos oficiales del arte, “porque cambiaron las reglas del juego”, dicen.

“Hemos sido afectados por las circunstancias. Siento que esa presencia fuerte que tuvimos al principio fue vital, porque fue generando una continuidad. A partir de nosotros, ya se van siguiendo los artistas.

“Creo que hubo una especie de quiebre, sobre todo con la aparición de los curadores y de un concierto de menosprecio hacia la pintura. Las generaciones de pintores que siguieron se han quedado un poco fuera del contexto de la cultura contemporánea. Lo curioso es que todos hemos seguido trabajando. Hay una gran paradoja en eso”, agrega Francisco.

A Miguel le parece normal que las reglas del juego hayan cambiado. “Lo que en un momento tenía validez dejó de tenerlo y se abrieron otros canales, por lo que una generación que trabajó con la pintura, la gráfica, el dibujo, fue desplazada por una manera nueva de enfocar la realidad artística”.

Pero esta “concepción mal entendida” de dividir los lenguajes plásticos antiguos de los nuevos no frenó a los Castro Leñero, quienes destacan que vieron la oportunidad de aprender más técnicas y nuevos formatos para conservar la vigencia de su obra. 

“Todo eso genera una revolución. Todo el tiempo te estás perfeccionando, revisando. Uno se tiene que incorporar a un escenario nuevo. Y se hace muy interesante, porque hay un ambiente muy creativo, eso planea una revisión del trabajo y una posibilidad de crecer”, añade José.

“Lo que pasó es como si hubiera flujos en el arte contemporáneo. Los circuitos de museos y galerías forman un flujo global que jalan todo, salirse de éstos es un reto. En la medida que podamos proponer otros flujos seguiremos vivos en este medio”, explica Alberto.

Y esto es lo que han hecho: seguir creando, trabajar en la evolución de sus propuestas, buscar alternativas para exhibir, “moverse por su cuenta” y no “caer en el juego de esperar el aplauso, el reconocimiento, porque la consolidación no depende de ello”.

Aunque reconocen que no ha sido fácil, que sería “una oportunidad interesante” que hubiera un libro que retrate a su generación o que las instituciones públicas o privadas organizaran una gran exposición de los cuatro con obra reciente.

“Eso nos permitiría ver a dónde hemos llegado, reconocernos nuevamente. Pero de lo que no hay duda es de que todos estamos muy firmes en nuestra vocación”, concluye José.

Miguel, vínculo con el diseño

Su trabajo ha evolucionado hacia una serie de imágenes neutras

Constructor de símbolos, Miguel Castro Leñero (1956) ha vinculado su obra cada vez más al diseño. “Es un lenguaje que ha adquirido mucha vigencia y validez en la época contemporánea, porque ha trascendido fronteras. Es muy amplio, abarca culturas y tiempos diferentes, desde la época prehispánica. Su forma de construir es muy sintética”.

El artista plástico dice que su trabajo ha evolucionado hacia una serie de imágenes neutras, ligadas a la información, infografías, obra estético-cultural. “Me he convertido, por así decirlo, en un investigador de imágenes circundantes, urbanas, que están en etiquetas, señalizaciones y, a partir de ahí, he hecho como un inventario de la reconstrucción de estas imágenes para crear obras propias, personales. Mi proyecto se ha acentuado más en símbolos”.

El becario del Fonca adelanta que realiza una propuesta que estará enfocada durante tres años a la imagen de la casa. “Es una simbología simple que puedes llenar de emociones. El símbolo tiene una carga fuerte que a veces pasa desapercibida”.

Agrega que le funciona volcarse en series. “Estoy contento con mi trabajo y me gusta mucho el momento. Es una época increíble, fantástica, y me motiva a entablar vínculos con otra gente. Estoy tratando de hacer algunos proyectos colectivos con amigos. Es un momento muy rico.

“Mi idea es hacer siempre algo mejor, quiero construir imágenes más vitales, no quedarme al límite. Antes pensaba mucho, planeaba, ahora tengo una idea y la quiero hacer ya, guste o no. Parte de la dificultad de crear es cómo construir lo que estoy pensando. Me gusta ese proceso de preparar, estructurar la idea, se vuelve también una obra de arte”, añade.

Para Miguel, los lenguajes plásticos no tienen un sentido per se. “Una obra no es valiosa por su lenguaje, sino por la capacidad del artista de entender ese lenguaje y transmitir una idea”.

José, pintura y fotografía

La base del dibujo es indispensable para su propuesta artística

“Soy un pintor figurativo. Yo parto de la imagen y ésta está muy apegada a la fotografía”, explica José Castro Leñero (1953), quien reconoce que, además, la base del dibujo es indispensable para su propuesta plástica.

“La mayoría de mi trabajo parte de las imágenes recabadas en diferentes contextos de la ciudad. Durante años no me he podido sustraer a la urbe, es un elemento demasiado tentador”, admite el egresado de la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM.

Define su obra como algo “abierto a la imaginación” y a cómo se pueden modificar las cosas. “Es una labor como de traducción de las imágenes al lenguaje pictórico. Me interesa la investigación, las herramientas para manejar esa información y cómo hacer esa traducción a la pintura”.

Quien ha exhibido en países tanto de Latinoamérica como de Europa, Estados Unidos, Canadá y Corea comenta que siempre está al pendiente de la transformación que se va dando en sus piezas.

“Es muy importante que el trabajo evolucione, no quedarse estancados. Creo que hemos subsistido por la obra. Independientemente de las circunstancias externas, la obra siempre te saca adelante. Mientras tengas un trabajo sólido vas a estar presente de una u otra manera”, agrega.

Comenta que actualmente posee piezas suficientes para armar una exposición significativa y dar una idea más completa de su trabajo. “Tengo obra reciente que se ha mostrado de manera fraccionada. Quisiera dar a conocer la obra de los últimos diez años, un panorama completo de mi propuesta”.

José tiene terminadas unas 40 piezas de formato grande en papel, y 30 cuadros. “Ya es un buen material. También estoy construyendo obras tridimensionales. Siempre me he concentrado en mi trabajo, porque éste me ha permitido subsistir bien, y procuro no desgastarme con lo que está fuera de mis manos. No me interesa participar en polémicas. La obra habla por uno”.

Francisco, cuadrícula con curvas

En su trabajo plástico se preocupa por cómo poblar el espacio

El reto para quienes siguen en la pintura, considera Francisco Castro Leñero (1954), “es encontrar que ésta sigue siendo un lenguaje contemporáneo, que sigue hablando en el presente y dialogando con otros artistas. La pintura es un mundo vivo que tiene muchas relaciones”.

El egresado de la Escuela de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda recuerda que tuvo un inicio más de investigación, dentro de la abstracción. “Me daba curiosidad la instalación. Una conexión hacia lo urbano, pero incorporaba elementos externos a la pintura.

“Me fui yendo hacia una pintura con muchas referencias hacia la ciudad, planos grises, inspirados en las estructuras y ventanas de las construcciones. Mi obra se fue hacia algo más formal. A finales de los 90 ya estaba trabajando a partir de la cuadrícula”, detalla.

Quien estudió diseño gráfico en Italia confiesa que siempre ha creado con elementos simples, pero con mucha imaginación para construir cosas frescas. “Me pasé diez años pintando a partir de una cuadrícula que cambiaba de colores. El color es un elemento indispensable. Hace como cinco años empecé a incorporar curvas en la cuadrícula y en eso estoy: pequeñas variaciones, cómo poblar el espacio. Mi reto es mantener una imagen interesante, fresca, atractiva”.

El excatedrático de la UNAM, donde dio clases durante 30 años, trabaja ahora en un proyecto que se llama Taco, talleres de arte contemporáneo, donde el centro es el grabado, pero alrededor hay talleres para jóvenes artistas.

“Hace dos semanas iniciamos una tutoría con diez artistas jóvenes. Es una inexperiencia sobre la pintura contemporánea. La idea es llevarlos a una discusión, a un diálogo. Trabajar a partir de sus propias búsquedas y que sientan que están dialogando. Que capten la sensibilidad del momento. La idea es, primero, tener una imagen y luego perseguirla”, concluye.

Alberto, la evolución del lenguaje

Exhibe actualmente la individual Sistemas transitables en el MUCA

Para Alberto Castro Leñero (1951), la posibilidad de experimentar es vital. “Mi trabajo no ha sido en un solo lenguaje, sino que busco otras manifestaciones. Desde el principio propuse cosas de vanguardia, por ejemplo, meter luz de neón a algunos de mis cuadros. Después seguí trabajando lo tradicional y ahora exploro cosas como el video y la instalación”, señala.

El egresado de la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM y de la Academia de San Carlos destaca que le intriga en especial la idea del espacio y desea habitarlo. “He estado entendiendo con el tiempo cómo las obras juegan en el espacio. La pieza tiene valor en sí misma, pero es distinto ver cómo juega con el espacio, éste entendido como una obra de arte más”.

Quien también estudió en la Academia de Bellas Artes de Bolonia, Italia, asegura que su experiencia le ha permitido capitalizar la apertura que ha habido en el arte y utilizar los nuevos medios para crear su propio lenguaje.

“Los lenguajes no tienen primacía. Hay técnicas milenarias que poseen un arraigo muy importante con el hombre, como la pintura y la escultura, desde las rupestres. Pero también hay nuevos lenguajes con los que podemos proponer y experimentar”, narra.

Quien exhibe la individual Sistemas transitables en el MUCA de Ciudad Universitaria, que permanecerá abierta hasta el 17 de abril, cuenta que últimamente ha estado experimentando en la escultura.

“Ya tiene tiempo que he trabajado la figura y luego unas como formas orgánicas. Luego éstas las confeccioné en madera y me dio otro resultado y ahora estoy trabajando con herreros y está saliendo otro tipo de piezas”, indica.

Dice que quiere volver a intervenir su exposición del MUCA, introducir una pieza más. “Tengo una obra en proceso que estará suspendida. Como una intervención ‘in situ’, entender el espacio habitándolo”.