Desmitifican a Mathias Goeritz a través de catálogo

Los dos tomos que integran el catálogo de la muestra 'El retorno de la serpiente' intentan despojar de enigmas al pintor

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CIUDAD DE MÉXICO, 29 de agosto.- Si David Alfaro Siqueiros le gritó al mundo: “no hay más ruta que la nuestra” para referirse al rumbo que marcaba la llamada Escuela Mexicana de Pintura a inicios de los años 20 del siglo pasado, Mathias Goeritz impugnó años después, a finales de los 60, esa dirección con su Ruta de la Amistad.

Francisco Reyes Palma, historiador de arte y curador, opina que la serie de 19 esculturas ideadas para bordear la vía rápida del Anillo Periférico dejaba atrás el muralismo “junto con sus intentos de integración plástica” en nombre de una nueva representación nacional a través de “la nueva escultura pública monumental esgrimida por Goeritz”.

La confrontación entre el artista alemán y la tradición plástica mexicana no era nueva.

En 1954, Siqueiros y Diego Rivera hicieron pública una carta en la que renegaban del nombramiento de Goeritz como museógrafo de la UNAM. Atribuían “malinchismo” a la decisión de nombrarlo en el cargo y le reprochaban haberse fusilado las pinturas rupestres representadas en la Cueva de Altamira para realizar su propia obra y de haber recibido “apoyo oficial” del dictador Francisco Franco para esa empresa.

El altercado realmente existió, pero Reyes Palma considera que el estilo de Goeritz no era la disputa directa ni cara a cara. “Era un provocador cultural, porque en el contexto de la Guerra Fría una cosa era quedarse calladito y no meterse en bronca y otra entrar en la disputa cultural, sólo que él discutía a partir de producción, producía obra que generaba el conflicto y la parte provocadora era también de personalidad, de sus escritos, animaba cierto contexto artístico como maestro, como escritor, había toda una movilización en favor de un tipo de arte. En ese sentido si era muy provocador pero siempre sugiriendo, llevando la contraria”.

La forma real en la que Mathias Goeritz se enfrentó con los grandes de la tradición artística mexicana y una serie de “enigmas” más que han rondado la figura del artista alemán tratan de ser abatidos con la exposición El retorno de la serpiente. Mathias Goeritz y la invención de la arquitectura emocional, que se exhibe en el Palacio de Cultura Banamex, y con el catálogo de la muestra, que será presentado el jueves próximo. Ambas iniciativas han sido realizadas con motivo del centenario del nacimiento del artista en conjunto con el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, en España.

Reyes Palma no considera a Goeritz un artista inabarcable, pero sí cree que es un creador con el que ha faltado “ir más a la obra y menos a los aspectos de exterioridad”. Un artista que fue acumulando interrogantes (“enigmas”, los llama) a pesar de ser una figura que sigue recibiendo atención de muchos sectores. “La discusión con Mathias se ha basada, principalmente, en una problemática de autoría de las Torres de Satélite y demás, de pronto la gente dice: ‘¿las Torres sí son de él o no? No son de él’, y esa cuestión acaba siendo un enigma”.

Tanto la muestra como el catálogo han intentado salirse de esa discusión y evadir los estereotipos que se han esgrimido. Uno de ellos es la creencia de que Goeritz era un artista judío que huía de Hitler o bien que estuvo al servicio del Führer al ostentar, a principios de la década de los 40 del siglo XX, un cargo consular en el Centro Alemán de Cultura, en Tánger, Marruecos.  

“Uno de los enigmas es el que plantea que Mathias fue artista judío, y no lo es; por lo menos así lo demuestran las evidencias que hemos recopilado, no es un artista ni que haya huido del nazismo o que haya sido perseguido por el nazismo, ni es un artista judío, es en realidad un artista alemán que terminada la guerra toma una línea muy clara por cierto tipo de arte y define su posición como artista; era más intelectual e historiador del arte”, dice Reyes Palma.

¿Alguna vez renegó del nazismo?, se le pregunta. “En época de guerra nadie tiene trabajos que no respondan a mandatos de Estado, Mathias está bajo un cierto régimen como cualquier ciudadano alemán. Él siempre renegó del nazismo desde que dejó el consulado, pero no fue un luchador antinazi como aparece a veces y ni fue un perseguido por los nazis; lo que se requiere es que, ahora sí, los investigadores alemanes trabajen sobre esa etapa”.

Una mitología más que se ha creado en torno a Goeritz es su relación con las vanguardias. “Se ha visto como algo muy conflictivo, donde siempre estuvo opuesto a ellas y, en realidad, parece mostrar —por lo menos hasta donde hemos tenido evidencias— que eran estrategias promocionales. En ese sentido hay una agitación cultural y una alianza con la vanguardia europea del momento, con artistas que eran a su vez muy provocadores como era el caso de los nuevos realistas”, dice Reyes Palma.

En todo caso, lo que se busca es voltear la mirada a la obra del artista y entender el contexto en el que produjo su obra, conocer las redes comunicantes que estableció y le permitieron producir. “Entender qué es la arquitectura emocional, sacarla de los estereotipos; muchos arquitectos hablan de ella como si fuera sólo arquitectura y queda claro que se trata de un sistema de relaciones entre diversas modalidades de creación artística, desde escultura, pintura, arquitectura, con muchas vertientes”.

¿DÓNDE Y CUÁNDO?

-          El retorno de la serpiente se exhibe hasta el 13 de septiembre en el Palacio de Cultura Banamex

(Madero 17, Centro).

-           El catálogo de la muestra se presenta el 3 de septiembre, 20:00 horas, en el mismo lugar.

  •  El martes próximo, 20:00 horas, mesa redonda sobre Goeritz. Participan: Pedro Friedeberg, Lourdes Grobet, Lilly Nieto y Fco. Reyes Palma.

Dañan vitrales en la Catedral

Otra incomprensión en torno a la obra de Goeritz ocurre con el sistema de iluminación, a base de vitrales, que ideó para la Catedral Metropolitana en 1966. Francisco Reyes Palma denuncia que, “más que un olvido”, las piezas ideadas por el artista alemán fueron “condenadas” sin que las autoridades responsables de cuidar el patrimonio artístico del siglo XX —en este caso el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA)— haga nada.

Según el curador de la exposición más importante en torno a Goeritz en el centenario de su natalicio, ya sólo existe completa una de las 136 ventanas diseñadas por el artista. “Ya hay una destrucción y en ese sentido hay una responsabilidad de los encargados patrimoniales del país, de los responsables de cuidar el patrimonio artístico del siglo XX y una responsabilidad de la Iglesia, incluso en términos históricos”.

“Sólo queda un vitral completo; destrucción es la palabra. No es que tuvieran algún incidente. No se ha pensado como obra, esa es una discusión interminable entre los que defienden la luz del siglo XVIII y la gente que planteamos que se trata de una obra de luz, que es un aporte del siglo XX, que es una obra integral”, agrega.

A decir de Reyes Palma, la posibilidad de reponer las obras es factible. “La gente de Catedral dice: ‘preséntenos el apunte de cada vitral’, pero los vitrales se hacían sobre la manera de producción de vidrio y la forma que adquiría cada vidrio. Es hacer vidrio de la tonalidad que se tiene ahí y sobre esa tonalidad producir bajo la misma lógica que usó Goeritz, programar los cortes de acuerdo con los ventanales. Antes el vidrio dictó la forma del metal y ahora el metal debe dictar la forma del vidrio, no se trata de reproducir cada ventana como era, sino de reproducir el ambiente de luz total”, dice.