Vicente Leñero, novelista, dramaturgo, periodista, guionista...

El autor de La vida que se va y Los albañiles murió ayer, a las 8:56 de la mañana, a causa de un cáncer pulmonar; el también ingeniero civil y académico de la lengua recibirá hoy, a mediodía, un homenaje luctuoso en el Palacio de Bellas Artes

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CIUDAD DE MÉXICO, 4 de diciembre.- Muchas veces Vicente Leñero quiso abandonar la vida que llevaba. Ya fuera en el periodismo, la dramaturgia o la novela, cada cierto tiempo pensaba que ya había dicho todo lo que tenía que decir. Así sucedió antes de que decidiera dedicarse enteramente a las letras, cuando era ingeniero civil y, para ganarse la vida, trabajaba haciendo levantamientos topográficos y dando algunas clases.

Eran los últimos años de la década de los 50 del siglo pasado y Leñero comenzó a escribir los guiones para las radionovelas de Palmolive. El trabajo lo había conseguido por ayuda de Estela Franco, la mujer que le acompañó toda la vida. A partir de entonces decidió que jamás volvería a ocuparse de cuestiones técnicas de la construcción y que la vida se le iría buscando la manera de contar historias.

Pero, de vez en vez, el periodista volvía a decir que había cumplido otro ciclo narrativo. Ayer, uno de los ciclos más importantes se cumplió: Leñero falleció a las 8:56 horas de la mañana a consecuencia del cáncer de pulmón que se le diagnosticó en mayo pasado. “Pasó sus últimos días tranquilo. Ya había escrito lo que tenía que escribir, ya había dicho lo que tenía que decir. No quería ya hacer nada, escribía sus artículos y eso le gustaba”, dijo Mariana Leñero, una de sus cuatro hijas.

Afuera de la casa del cronista no hubo bullicio. Congruente con la personalidad tímida, casi apartada de la exposición pública que siempre mostró el jefe de familia, el domicilio de Avenida 2 en la colonia San Pedro de los Pinos permaneció tranquilo todo el día. No hubo visitas de gente famosa, ni de funcionarios buscando aparecer en la foto; escasísimos arreglos florales y sólo la familia estuvo presente. Así lo había pedido él: “que estuviéramos juntos”, dijo el cineasta Víctor Ugalde, yerno del novelista.

Leñero también dispuso que su cuerpo fuera cremado y que no hubiera velorio, y dejó a su amada Estela la decisión de hacerle homenaje o no. “Él decía que nada más lo que quisiera mi mamá”, recordó Mariana. Hoy, al mediodía, la urna con las cenizas del dramaturgo será trasladada al vestíbulo del Palacio de Bellas Artes, donde se permitirá que la gente que lo estimó se despida de él.

“Lo hicimos para la gente que lo quiere, muchos amigos no lo sabían, no era algo que se decía. Creímos que era una buena oportunidad para que la gente que lo quería se pudiera despedir de él”, agregó su hija. Mariana dijo que su padre había dejado el hospital hace diez días y que había decidido pasar sus últimos días en casa, con su familia, casi a manera de regalo. 

“Murió tranquilo, tenía buen humor ayer, dijo cosas chistosas, se reía, no se podía reír mucho y hacía jajaja. Nos dio un regalo ayer… de tan mal que estaba, este día nos dio un regalo, comió un poco, yo acabo de llegar de viaje y me esperó, porque el lunes mi papá estaba muy mal y sabía que yo tenía que venir, me esperó”, agregó.

La familia también ha decidido conservar “intacta” la biblioteca que el guionista, nacido el 9 de junio de 1933 en Guadalajara, logró reunir. Y, de acuerdo con su hija, existen dos trabajos de Leñero que están pendientes: una recopilación de sus artículos en la Revista de la Universidad de México y la aparición del cuarto volumen de El libro rojo (FCE), en el que participó.

La compraban por sus textos

A Vicente Leñero, recordó el escritor Ignacio Solares, director de la Revista de la Universidad de México, lo invitó a colaborar hace 11 años, cuando inició la nueva época de la publicación mensual. Ahí, el autor de Los albañiles (1963) publicó sus últimos textos: “Era como la estrella de la revista, mucha gente me decía que compraba la revista nada más para leer la columna de Leñero”, dijo Solares.

Ambos se conocieron a mediados de la década de los 60, cuando colaboraban en la revista Claudia, una publicación en la que le invitaron a participar Gustavo Sainz y José Agustín. Leñero ya se dedicaba entonces de lleno a las letras: en 1958 había escrito La polvareda, un cuento que le valió ganar un concurso cuyo jurado estaba integrado por Juan Rulfo y Juan José Arreola.

Con este último comenzó a formarse en su taller del Centro Mexicano de Escritores y en 1961 escribió La voz adolorida, que gracias a una crítica positiva de Sergio Galindo le valió una beca en el mismo Centro. De esa etapa surgió Los albañiles, que ganó el premio Biblioteca Breve Seix Barral; el galardón sería suficiente para que Carmen Balcells le representara y fuera, junto con Gabriel García Márquez, el único autor mexicano con ese prestigio.

Después de dedicarse a entrevistar a personajes como María Félix o Dolores del Río y de hacer crónicas sobre la farándula, Leñero quería dejar definitivamente el periodismo y dedicarse sólo a la literatura. En 1971, la llamada del periodista Miguel Ángel Granados Chapa, quien lo hacía a nombre de Julio Scherer, le cambiaría la vida: le ofrecieron tomar la dirección y rescatar Revista de Revistas de Excélsior.

El primer número bajo su mando apareció el 2 de junio de 1972 y tenía colaboraciones de Solares, Jorge Ibargüengoitia, José de la Colina, Eduardo Lizalde y José Agustín, entre otros. Tras cuatro años al frente de la publicación semanal, alternándola junto con la escritura de editoriales para El Periódico de la Vida Nacional, Leñero nuevamente quiso dejar el periodismo, quería escribir una novela sobre su experiencia en el oficio.

El llamado “golpe a Excélsior”, sucedido en julio del 1976, le dio al cronista la materia prima para escribir Los periodistas (1978), donde noveló su experiencia en uno de los episodios más importantes del periodismo mexicano. Desde entonces, Leñero fue de la literatura al periodismo, el cine y cualquier otro género que se le pusiera enfrente.

Como subdirector de la revista Proceso conoció el poder y siempre defendió la ética del periodismo como uno de los principales valores; con novelas como El Evangelio de Lucas Gavilán (1979) y Asesinato (1985); obras de teatro como La mudanza (1979) o Pelearán diez rounds (1985) y guiones de cine como El callejón de los milagros (1995) y La ley de Herodes (1999), ganó admiradores.

“Es una pérdida irreparable, porque es uno de nuestros grandes escritores. En lo particular fue mi maestro, yo diría que mi hermano mayor”, dijo Solares. “Como periodista, escritor y dramaturgo fue un hombre muy valioso para la cultura en México y seguirá estando en los escenarios”, expresó  la actriz Blanca Guerra.

Cercanos o no, todos expresaron su pesar en las redes sociales. “Lamentamos el sensible fallecimiento de Vicente Leñero, uno de nuestros grandes intelectuales: dramaturgo, narrador y periodista congruente”, señaló el presidente del Conaculta, Rafael Tovar. El presidente de la República, Enrique Peña Nieto, lamentó el deceso casi siete horas después de que se conoció la noticia, a las 19:02: “Lamento el fallecimiento de Vicente Leñero, destacado escritor, periodista y dramaturgo mexicano”, dijo en Twitter.

Crean una colección con su nombre

Las nuevas ediciones comenzarán a publicarse en febrero próximo; la FIL lo recordará el domingo.

Se creará la Colección Vicente Leñero bajo el sello Seix Barral, con la idea de relanzar la obra del narrador y periodista fallecido ayer en la Ciudad de México, que incluirá la nueva edición de títulos como Los albañiles, El garabato, Estudio Q y Redil de ovejas, los cuales se publicarán en febrero de 2015. Este relanzamiento será acompañado por un pequeño homenaje al dramaturgo y guionista en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes.

Un mes después, en marzo próximo, publicarán en esta misma serie El evangelio de Lucas Gavilán, Parábolas. El arte narrativo, Los pasos de Jorge Ibargüengoitia y Los periodistas. Así lo anunció ayer Nubia Macías, directora de Grupo Editorial Planeta, en el marco de la 28 Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

“La triste pérdida de Vicente Leñero deja una huella imborrable en el mundo cultural mexicano”, expresó Macías, pero “él, que creía en la vida eterna, continuará presente en cada lectura de sus cuentos, novelas, reportajes, crónicas o guiones cinematográficos”, comentó luego de enviar sus condolencias a su esposa Estela Franco y a sus cuatro hijas: Estela, Isabel, Eugenia y Mariana.

Los libros, que serán publicados simultáneamente en los formatos impreso y digital, serán una razón para incentivar la lectura de su obra, aseguró.

Por su parte, Marisol Schulz, directora de la FIL Guadalajara, recordó la pasión del también periodista y académico de la lengua por el ajedrez y anunció que el próximo domingo se le recordará durante la ceremonia del Homenaje Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez.

“Ya en 2015 haremos otra cosa, porque la muerte de Leñero nos toma completamente por sorpresa”, lamentó.

Un católico sin iglesia

La comunidad intelectual mexicana también se pronunció durante el encuentro librero. Primero fue el narrador y cronista Juan Villoro, para quien Leñero fue una de las máximas figuras del periodismo, el teatro y la literatura mexicana.

“Ha sido uno de los mejores guionistas del cine mexicano, como se puede ver en El crimen del padre Amaro, pero también con Los albañiles y El evangelio de Lucas Gavilán, donde demuestra la gran riqueza de su pensamiento, que fue el de un cristiano no ortodoxo”, agregó.

Leñero era un católico sin iglesia, recordó, pues siempre estuvo cerca de los pobres, tal como lo demostró en su obra de teatro Pueblo rechazado. Y también fue un gran experimentador de las formas, como se aprecia en su novela Estudio Q, “que es una de las más arriesgadas en estructura”.

Y tampoco, añadió, se puede olvidar su cercanía con el teatro, pues fue autor de piezas como La mudanza y Pelearán diez rounds, o la adaptación de Las noches blancas, de Dostoievski, que montó exitosamente.

“En suma, la pérdida de Leñero es enorme para el periodismo, el teatro, la novela y para todos los géneros que cultivó. Con su muerte perdemos a un hombre de una integridad intachable… Su voz independiente nos hará muchísima falta”, concluyó Villoro.

Amigo y maestro

En su oportunidad, el escritor Jorge Volpi también habló sobre esta pérdida lamentable. “No sólo es uno de los hombres de letras más importantes de nuestro país, sino que tuvo una carrera múltiple, al mismo tiempo como periodista en Excélsior, Revista de Revistas y Proceso.

“Sin olvidar que tuvo una obra relevante como dramaturgo, llena de una experimentación deslumbrante, de tal manera que perdemos una conciencia muy lúcida de la vida mexicana”, aseguró.

Con Los albañiles y Los periodistas quedan dos de sus obras más conocidas actualmente. “Esa suerte de novelas sin ficción o novelas donde aparecía la realidad de una manera vibrante, incluso de aquellos momentos tan difíciles como el golpe a Excélsior durante la época de Luis Echeverría”.

Por su parte, el narrador y ensayista Ignacio Padilla destacó que ésta es una “noticia muy triste” porque, en el caso de la literatura mexicana y en español, se trata de una pérdida importante. “Es la pérdida de un maestro, un amigo sumamente generoso, a quien sin duda echaremos de menos y a quien espero releamos con ojos distintos”, explicó.

El cuentista piensa que El evangelio de Lucas Gavilán ha sido poco leído y apreciado. “Aunque para mí éste fue el mensaje de que se podía leer, reconfigurar y recomprender la vida de una figura tan controvertida como Jesucristo, desde una perspectiva sabia y generosa”.

Jorge F. Hernández señaló que, ante todo, Leñero fue un buen hombre que ayudó a escritores en ciernes. “Siempre leía los originales que se le entregaban y corregía minuciosamente”.

Y destacó que hay una diferencia entre ser un periodista informador y el que procura crear literatura. “En el arte de la entrevista, él siempre supo convertir en palpables y creíbles los personajes, aunque fueran inalcanzables… Sin duda, Leñero fue un periodista de la vieja guardia, que procuró ser honesto ante la página en blanco y los hechos”.

Finalmente, Vicente Quirarte recordó que hace poco leía Gente así, un libro que le sorprendió por la maestría de su prosa; y añadió que cuando los miembros de la Academia Mexicana de la Lengua se enteraron de su enfermedad, él comentó con estoicismo que finalmente él se lo había buscado.

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