Molly Gochman: el arte como puente frente a un mundo dividido por fronteras

La artista estadounidense habla sobre migración, las familias separadas y el poder del arte para promover el cuidado, la solidaridad y un mundo más justo.

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La artista creadora de Red Sand Project impulsa iniciativas que visibilizan la trata de personas y promueven el cuidado como responsabilidad compartida.Excélsior

La artista estadunidense llegó a Oaxaca con Monumentos a las Maternidades, una obra que celebra el cuidado y busca reconocer a quienes sostienen la vida cotidiana. En entrevista con Excélsior, habla de migración, de la relación entre México y Estados Unidos y del poder del arte para construir un mundo más justo.

Desde Oaxaca, donde participa en DECIDIDAS 2026, la artista estadunidense Molly Gochman conversa por Zoom con Excélsior. Al otro lado de la pantalla, desde Ciudad Imagen, la charla pronto deja de ser sólo sobre arte: aparecen las familias separadas por las fronteras, la solidaridad entre comunidades y la necesidad de reconocer a quienes cuidan de los demás.

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Excélsior / Molly Gochman

Gochman desarrolla una práctica artística que combina escultura, fotografía, sonido e instalaciones para generar experiencias colectivas y abrir conversaciones sobre las relaciones humanas, el entorno y la comunidad. Es creadora de Red Sand Project, una iniciativa que utiliza arena roja para visibilizar la trata de personas y la explotación, y de Monumentos a las Maternidades, una serie escultórica que invita a reconocer el cuidado como una responsabilidad compartida, , no exclusiva de las madres ni limitada al ámbito familiar.

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Originaria de San Antonio, Texas, llega a México con una idea que repite durante la conversación: las personas están conectadas, incluso cuando las fronteras políticas intentan separarlas.

—¿Cómo descubrió que el arte podía convertirse en una herramienta para contribuir a causas sociales?

—Cuando era muy joven, en la universidad, hacía esculturas basadas en estadísticas sobre las mujeres en Estados Unidos. Aquello fue el detonante. Para mí, el arte es una chispa que permite hablar de ideas, y yo quería hacer un trabajo que ayudara a las personas.

Participantes, incluidos niños y adultos, juegan y recorren una gran escultura de bronce de Molly Gochman en un parque, como parte de la serie Monumentos a la Maternidad, una instalación participativa que fomenta el cuidado, el encuentro y la experiencia colectiva.
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Después hice trabajo comunitario, participé en proyectos relacionados con la justicia social y colaboré con sobrevivientes de trata de personas y organizaciones que trabajan con ellas.

Me di cuenta de que, muchas veces, para generar conciencia se les pedía a los sobrevivientes que contaran sus historias, lo que podía obligarlos a revivir experiencias traumáticas. Quería encontrar una manera de hablar del problema sin que tuvieran que pasar por eso una y otra vez.

Así surgió la posibilidad de utilizar el arte. Antes de desarrollar Red Sand Project, pregunté a sobrevivientes si les parecía buena idea colocar arena roja en las grietas de las calles.

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—Usted creció en San Antonio, una ciudad con una importante presencia de comunidades hispanas. ¿Qué llegó primero a su vida: el arte o el deseo de ayudar a los demás?

—Los dos son importantes y necesarios para la vida. Mi padre era abogado de derechos civiles y activista. Crecí con esa influencia y siempre me interesaron tanto las relaciones entre las personas como las posibilidades de contribuir a la sociedad.

Una frontera convertida en grieta

—En 2015 convirtió la frontera entre México y Estados Unidos en una enorme grieta de arena roja en una calle de Houston. ¿Qué vio en aquel momento que la llevó a crear esa obra?

—Como artistas, dibujamos líneas. Cuando era niña, cruzar la frontera entre México y Estados Unidos me parecía algo muy sencillo. Era sólo una línea. Después te das cuenta de que esa línea fue trazada por personas y de que tiene consecuencias muy reales.

Nosotros estamos conectados. Si ocurre un derrame de petróleo en México, en la Antártida o en Suecia, puede afectar el agua que compartimos. Somos inseparables, aunque intentemos dibujar líneas para dividirnos.

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La frontera tiene consecuencias políticas para las personas que viven a ambos lados. Con Red Sand Project comenzamos colocando arena roja en las grietas de las banquetas. El proyecto creció y llegó a los 50 estados de Estados Unidos y a más de 70 países, con alrededor de dos millones de participantes, según mi recuento.

Cuando sientes que no puedes hacer nada para cambiar una situación, descubres que incluso un gesto pequeño, como colocar arena en una grieta, puede marcar una diferencia.

—Sus instalaciones también han llegado a aeropuertos y universidades. ¿Qué cambia cuando una obra sobre migración se convierte en parte del paisaje?

—Me interesa que las personas se encuentren con la obra en su vida cotidiana, que puedan detenerse, observarla y conversar sobre lo que significa. No se trata solamente de mirar algo bonito. Quiero que la obra abra un espacio para que la gente se conecte, haga preguntas y piense qué puede hacer.

Las fronteras son relaciones que necesitan un cuidado particular. Todo mi trabajo tiene que ver con las relaciones entre las personas.

—¿Cómo observa hoy la relación entre México y Estados Unidos, especialmente frente al discurso político sobre la migración?

—Creo que Estados Unidos está actuando de manera abusiva hacia su vecino, que es un vecino amigable. Estamos agrediendo a las personas y haciendo que se sientan menos bienvenidas. La separación de las familias me parece una tragedia.

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—Le comparto algo personal. Parte de mi familia vive en Estados Unidos desde hace años. Mi madre murió el año pasado y yo no la veía desde 2007. También tengo sobrinos a quienes conozco por redes sociales, pero a quienes nunca he visto físicamente. ¿Qué podemos hacer para mejorar esta situación?

—Necesitamos hablar de ello. Cuando contamos estas historias, otras personas necesitan escucharlas. Creo que también necesitamos organizarnos en Estados Unidos para cambiar el gobierno.

—¿Cree que las comunidades hispanas son hoy más aceptadas en Estados Unidos?

—Depende del lugar y de las personas. En Nueva York, donde vivo, y en otros sitios, veo comunidades que reciben con entusiasmo a los inmigrantes. Estamos contentos de tener nuevas personas, de que nuestras comunidades crezcan y de conocer otras culturas, incluida su comida.

Pero lo que escuchamos en las noticias y lo que dicen algunos políticos puede ser peligroso y cruel. Ese discurso lastima a las personas y no tiene sentido. Todos somos inmigrantes, a menos que seamos indígenas de Norteamérica.

Cada ciudad es diferente. San Antonio no es igual que otras partes de Texas; las zonas rurales tampoco son iguales a las ciudades. Hay comunidades que acogen a los recién llegados y personas que agradecen a quienes tienen el valor de quedarse incluso cuando escuchan mensajes terribles.

Un monumento para quienes cuidan

—¿Qué proyecto la trae a México?

—Monumentos a las Maternidades. Creo que Estados Unidos y otros países deberían mirar a México como un modelo de cuidado hacia los demás. Estoy aquí para aprender y escuchar.

Admiro la cultura mexicana, la forma en que las personas cuidan unas de otras, la comida y el sentido de familia. Me gusta cómo una comunidad puede tratar a los demás como si fueran parte de ella. Estoy muy agradecida de estar aquí.

—¿Qué le atrae de México más allá de su hospitalidad y su cultura?

—Me atraen la apertura y la capacidad de creer que los cambios son posibles. Veo pequeños grupos de personas que se organizan, trabajan juntos y consiguen avances importantes. Esa capacidad de construir comunidad me parece muy valiosa.

—¿Por qué decidió crear una serie de monumentos dedicados a las maternidades, en lugar de representar a las figuras que tradicionalmente ocupan los espacios públicos?

—Quería crear un monumento que reflejara la maternidad como cuidado, servicio y amor. Pienso, por ejemplo, en la idea de servicio que representa la Virgen María, pero no quiero limitar la maternidad a una sola persona ni a una función específica.

Todos podemos ser cuidadores. Podemos cuidar de la tierra, de nuestras amistades y de otras personas. Para mí, ser madre también puede entenderse como una invitación a cuidar a los demás.

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—Su obra propone reconocer una labor que muchas veces no recibe suficiente atención. ¿Qué espera que sienta una persona cuando se encuentra con estas esculturas?

—Quiero que mi arte mueva e inspire a las personas a través de la valoración y el cuidado, en lugar de la violencia.

A lo largo de la historia hemos levantado monumentos a la violencia, y no siempre pensamos en el efecto que eso tiene sobre nosotros. Me gustaría que empezáramos a valorar el cuidado y a reconocer como héroes a quienes realizan actos cotidianos para ayudar a los demás.

No quería que el monumento estuviera dedicado exclusivamente a una persona que cuida, sino a todas las personas que cuidamos de otras. Quiero que el público pueda verse reflejado en la obra, sentirse abrazado y saber que también recibe apoyo.

—¿Qué responsabilidades tienen los museos, las empresas y los gobiernos cuando respaldan proyectos artísticos con una causa social?

—Los museos tienen espacios que las comunidades pueden utilizar para reunirse. Me gusta cuando las instituciones generan ideas y abren sus puertas a temas diferentes. Es una oportunidad para que las personas se encuentren y conversen.

—¿Cuál de sus proyectos le ha dado mayores satisfacciones?

—Ahora mismo, Monumentos a las Maternidades. Antes trabajaba más con ideas relacionadas con la violencia y otros temas difíciles. Este proyecto es una celebración del cuidado y del amor. Me hace muy feliz trabajar con estas ideas.

De Oaxaca a la Ciudad de México

—¿Cómo ha sido la respuesta del público mexicano ante su trabajo?

—Ha sido una sorpresa muy hermosa. La gente me ha recibido muy bien. Soy estadunidense, no hablo español muy bien, aunque quiero aprenderlo, y aun así siento que las personas comprenden mi trabajo y sus conceptos.

Con Monumentos a las Maternidades quiero compartir la idea de que todos podemos cuidar de los demás y que todos formamos parte de esa red de cuidado.

—¿Qué viene para usted después de Oaxaca?

—Quiero hacer más proyectos de este tipo y llevar Monumentos a las Maternidades de Oaxaca a la Ciudad de México. Me interesa conectar a las comunidades con la escultura, porque creo que este tipo de arte puede sensibilizar a las personas.

—Si pudiera enviar un mensaje a la población de México y de Estados Unidos, ¿cuál sería?

—Las relaciones son la fuerza que nos une. Cuando estamos unidos, podemos dar lugar a nuevas ideas, construir relaciones y realizar acciones para tener un mundo mejor.

—Su obra busca romper fronteras, aunque usted reconoce que los países también necesitan protegerse de los abusos del poder. ¿Cómo encontrar un equilibrio?

—Vivimos en un solo mundo. Es difícil porque necesitamos ser naciones diferentes, pero también tenemos que compartir y cooperar. Necesitamos unirnos.

—¿Qué le gustaría decirle al público mexicano?

—Que tiene una sabiduría muy profunda sobre cómo cuidar unos de otros. Que siga haciendo ese trabajo, porque así podemos construir un mundo mejor. Hay muchas personas aquí que son un modelo a seguir para el resto del mundo.