Maestro añora reconstruir centro cultural colapsado por sismo
Tirso Pérez guarda un acervo incontable de fotografías, piezas prehispánicas y objetos de la historia de su pueblo que empezó a juntar a los 16 años
CIUDAD DE MÉXICO.
La fachada del número 35 de la calle Insurgentes en el pueblo de San Gregorio Atlapulco ha cambiado, pero solo es una nueva barda, la que se ha levantado. Adentro el terreno está vacío. Aún así el profesor Jaime Tirso Pérez Venancio de 75 años recuerda el lugar exacto donde junto a su esposa quedó enterrado bajo los escombros del Centro Cultural de Atlapulco.
Quedamos aquí en esta parte”, el profesor extiende los brazos sobre un montón de tierra, que estaba cerca de la puerta de salida. “Con la ayuda de otras personas logramos salir y vino ayuda de muchas partes, pero desgraciadamente nada más al principio porque hasta ahorita no he tenido ayuda para levantar aquí el nuevo museo y el centro social Atlapulquense”.
Para Tirso se trata de un lugar sagrado, una herencia que tiene historia, fue cuartel, casa de refugio, templo y escuela, “por lo tanto poco a poco tendré que lograr hacer cimientos y volver para arriba, porque le digo que hasta ahorita no he encontrado la ayuda”.
Su visión es tan clara que muestra a Excélsior una maqueta de su proyecto una casona de dos pisos, a diferencia de la original planta baja que se vino abajo con el sismo del 19 de septiembre de 2017.
Pretendo que sea de dos pisos, pero sin perder la fachada original, de lo nuevo serían sus gárgolas, que ya ahorita no las tiene, y volvería a construir el muro que sirvió para detener la losa que se cayó y estuvo a punto de matarnos a mi esposa y a mí”.
La Comisión de Reconstrucción de la Ciudad de México ofreció construirle una casa de un solo piso de 114 metros cuadrados, pero Tirso no aceptó, porque casa ya tiene, lo que se necesita insiste es de nuevo el Centro de Cultural, donde tenía un acervo incontable de fotografías, piezas prehispánicas y objetos de la historia de su pueblo que empezó a juntar a los 16 años.
Como ustedes están viendo estamos en cero en esta parte pero van a tener el privilegio de ver todo lo que he estado trabajando, porque las personas que me estaban ayudando de INAH, también tienen trabajo, voluntariamente estaban viniendo y ahora por el trabajo no nos hemos podido contactar pero yo sigo trabajando en esto”.
Tirso guía a Excélsior por las calles de San Gregorio Atlapulco, además de haber sido una de las zonas más afectadas por el sismo de 2017, es también desde junio una de las 158 colonias de atención prioritaria por la cantidad de contagios de covid-19. El día de la entrevista es día de tianguis en San Gregorio, no todos usan cubrebocas y no todas las calles estan bien pavimentadas, por lo que se desprende mucho polvo mientras se recorren sus calles. La caminata solo le prolonga dos calles.
Interinamente es la nueva sede, para que no se eche a perder todo el legado histórico que se tiene, que ahora ya está más enriquecido, pues ahora estoy presentando varios dibujos de lo que fue el Antiguo Atlapulco”.
Entre los cuadros y fotografías, hay más de 30 dibujos que el profesor ha hecho en sus días de encierro junto a su esposa. Pero ni sobrevivir a la caída de escombros de su querido Centro Cultural, ni los cuidados en una de las colonias con más contagios por la pandemia de coronavirus, han sido ni de cerca el momento más difícil en la vida de Tirso.
En mi vida, el momento más difícil que me esta costando superar fue la muerte de mi hija ¿por qué?, porque la pérdida de mi hija es parte de mi ser, es el trancazo más duro, más que el sismo porque en el sismo yo me quede trabado, y esa traba sirvió para que yo diese un brinco a la realidad”.
Gloria Pérez Enríquez, cirujana plástica reconstructiva de 46 años murió el 18 de febrero de 2019 por un paro cardiaco, Tirso lo atribuye a la presión que le vino a su hija por ser testigo del robo en el predio del Centro Cultural, el segundo que han sufrido desde 2017. Y aunque el hombre de la tercera edad guarda todas las medidas de precaución por el coronavirus, dice que no tiene miedo de morir.
No tengo miedo de morir, porque nada más me pongo a pensar si Dios me recoge hasta dónde y si no terminado yo creo que me voy a ir descontento porque no logré, y si logró yo creo que me voy a ir contento, así es la vida, así es mi vida”.
Su gran proyecto es ver renacer el Centro Cultural. En un cuarto al fondo del predio que se derrumbó guarda una botella de vino que le regaló una de muchas personas que le han prometido ayudarle a reconstruir.
Cuando me trajeron la botella, me dijeron esta nos la vamos a beber cuando esté terminado... Pues no he visto nada y se los estoy cumpliendo y se las estoy guardando para cuando vengan; no hay nada, aquí está su botella; hay algo, vámonos a brindar”.
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