Indigentes de la tercera edad; buscan devolverles el calor de un hogar
La Fundación Concepción Béistegui y la CDHDF ubican a ancianos en las calles para procurarles atención social
CIUDAD DE MÉXICO.
Los adultos mayores en situación de calle de la Ciudad de México tendrán una oportunidad de poder regresar a sus domicilios o ser parte de estrategias de reinserción social.
Durante noviembre, la Fundación para Ancianos Concepción Béistegui trabajará junto con la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF) para ubicar a ancianos indigentes y proporcionarles atención o tratar de que algún familiar se haga cargo de ellos.
Agustín Carlos Soto Nachón, director y patrono vitalicio honorario de la Fundación para Ancianos Concepción Béistegui, explicó que habrá una fase experimental con 12 personas de la tercera edad, a quienes se les proporcionará estancia intermedia en el asilo que la organización tiene en el número 7 de la calle Regina, en el Centro Histórico, para que coman, se bañen y sean atendidos por médicos y trabajadores sociales.
“Participamos con Derechos Humanos en un proyecto en el que quiero rescatar y reinsertar a las personas que están en situación de calle. Tomaremos un grupo de adultos mayores para lograr su reinserción familiar”, explicó a Excélsior.
Soto Nachón, quien tiene 30 años al frente del albergue, aseguró que estos ancianos en situación de calle requieren contacto con sus familiares, más allá de los problemas que los orillaron al abandono.
“Los ancianos podrán estar en el centro de día para trabajar con ellos y con las familias para analizar por qué están en situación de calle y, si existe la posibilidad de regresarlos a sus casas”, abundó.
De acuerdo con estadísticas de la Secretaría de Desarrollo Social local (Sedeso) 597 adultos mayores que están en situación de calle por abandono o indigencia han recibido apoyo durante este año en los Centros de Asistencia e Integración Social.
Parte de esta cifra, de los cuales 457 son hombres y 140 mujeres, se canalizó a alguno de los 34 asilos que integran la Junta de Asistencia Privada.
Estas acciones se enmarcan dentro de las estrategias que buscan dar cumplimiento a la Recomendación 7/2015, emitida el 27 de agosto del año pasado por la CDHDF a tres delegaciones, la Policía capitalina, el Metro y la Secretaría de Desarrollo Urbano por el desalojo de indigentes.
En este recurso se solicitó promover y reconocer a las poblaciones callejeras como sujetas de derechos para garantizarles su inclusión social, así como implementar una campaña de conciencia sobre el tema, dirigida tanto a la población como a funcionarios, con el propósito de erradicar la estigmatización y criminalización hacia quienes están en dicha situación.
El 16 de junio el gobierno capitalino presentó el Protocolo de Atención Integral a Personas en Riesgo de Vivir en Calle e Integrantes de las Poblaciones Callejeras para favorecer su reconocimiento, respeto y protección.
OCTOGENARIA
Hace medio siglo, Margarita Pohls Kuehue apostó todo y lo perdió. En un momento clave de su vida, que hoy suma 80 años, renunció a una herencia a cambio de vivir al lado del hombre que daba sentido a su existencia.
Pero esto le enseñó una lección que el Alzheimer ya borró de su memoria: el amor no siempre basta. Hace poco fue separada de su esposo, Adolfo Ávila Medrano, quien al igual que ella sobrevive a la tercera edad.
Margarita ahora vive en el asilo de la Fundación Concepción Béistegui de la calle Regina y jamás recibe alguna visita familiar. Su único apoyo es el que le brinda la asistencia social y el afecto que le dan las enfermeras del albergue.
La edad le ha causado estragos físicos. Esta mujer de cabello rubio y ojos azules ha perdido la noción del tiempo y de las personas. Se ha resignado, sin adivinarlo, a la soledad. Por lo único que desea visitas es para platicar y, sobre todo, para que le pinten las uñas de sus suaves manos, de las cuales ya perdió el control del movimiento.
Su tragedia comenzó hace un año, cuando la pareja quedó imposibilitada para pagar la renta de su departamento en la colonia Nueva Atzacoalco, en Gustavo A. Madero.
Ante la falta de apoyo de sus familiares ambos decidieron vender sus pertenencias y únicamente quedarse con algunas mudas de ropa y sus documentos oficiales. Se fueron a vivir a la intemperie: ya eran un par de indigentes deambulando entre la zona del Eje Central y la Terminal de Autobuses de Pasajeros de Oriente.
En medio de la insistente visita del infortunio tuvieron un respaldo anónimo. El Consejo Ciudadano documentó su caso y los rescató gracias a una llamada a la Línea Plateada para denunciar el estado de indigencia de los ancianos.
Cuando los encontraron, el personal del organismo se percató que Margarita no podía caminar, situación que ella atribuyó a una caída. Al trasladarla al Hospital General La Villa se le diagnosticó fractura de cadera, por lo que fue intervenida de emergencia.
En todo momento estuvo a su lado Adolfo, de 87 años, quien nunca dejó de temer que las autoridades los fueran a separar. Por ello, el propio Consejo lo apoyó con el hospedaje en un viejo hotel cercano al hospital.
Cuando la autoridad social contactó a la hija de Adolfo, identificada como Pilar, ella pidió que se comunicaran después. Se le hizo saber que, en caso de no atender la llamada, cometería abandono familiar.
Se gestionó apoyo para que la pareja fuera llevada al asilo, pero los familiares de Adolfo no aceptaron que él se quedara en el lugar.
Margarita ha sido visitada por su marido en cinco ocasiones; en las últimas olvidó quién es, a pesar de haber compartido con él la mayor parte de su vida.
Alberto Hernández, su nieto, explicó que lo enviaron a Cholula, Puebla. La última vez que vio a Margarita fue en diciembre, cuando ya no lo recordó.



