Unidad Tlatelolco, medio siglo como emblema urbano

Ideado como encarnación de la modernidad, con la inauguración del conjunto habitacional comenzó la transformación más radical del DF; ayer fue despertado con 'Las Mañanitas'

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CIUDAD DE MÉXICO, 22 de noviembre.- Tlatelolco reta a la comprensión. Cumple 676 años de haber sido fundada sobre un montículo de tierra con ofrendas. Su mercado, su centro ceremonial y sus 14 barrios forman parte del imaginario de la antigua cuenca de México, en los tiempos donde la actual capital del país era un lago, riberas y sembradíos.

Tlatelolco ha sufrido tantas transformaciones que la permanencia de los basamentos y templos Mexicas parecen un milagro que emerge de entre el concreto, el aluminio y el mármol que fue colocado sobre la vieja ciudad.

También hubo calles y degradadas vecindades coloniales, tugurios y casuchas miserables durante los años en que la ciudad se extendió hacia el norte hasta llegar a Tlatelolco.

La zona arqueológica sucumbió ante el avance de los trenes de finales del siglo XIX. Los convoyes pasaban a un costado de la iglesia de Santiago y sobre el actual sitio arqueológico, donde han sido encontrado vestigios en las excavaciones ininterrumpidas durante los últimos 70 años.

En Tlatelolco se encuentran desde edificios prehispánicos hasta enormes rascacielos de mármol cubiertos con luces que iluminan la  ciudad, desde puentes de piedra y acero remachado hasta murales gigantescos que van de piso a techo de edificios de apartamentos; desde jardines sembrados en el lugar donde cientos de personas murieron a huertos urbanos que buscan aprovechar cualquier rincón para crear oasis en medio del conjunto habitacional más representativo del país.

A medio siglo de haber sido construida, el tamaño de la unidad habitacional Nonoalco-Tlatelolco reta a la imaginación del más ambicioso arquitecto e ingeniero de la actualidad.

Se trata del propio reflejo de la ciudad retratado en el portentoso fotograma de Ninón Sevilla cargando a su hijo desde lo alto del puente de Nonoalco con un sol oculto tras nubes de ollín en Víctimas del Pecado; las barracas en donde habitaba “El Jaibo”, de Los olvidados; del emblemático documental El Grito; o del hastío de los chicos del siglo XXI que viven  en un departamento de Tlatelolco, en Temporada de Patos.

Tlatelolco encarna  la resistencia. Ahí fue el último bastión de los mexicas en 1521. Ahí resistió Cuauhtémoc hasta que diezmado por las  enfermedades y matanza de su gente, intentó huir y retrasar lo inevitable: la caída del Imperio Mexica.

Se tiene como un hecho que el último Tlatoani fue apresado en los suburbios de Tlatelolco, en el actual Peralvillo,  donde se ubica la iglesia de La Conchita.

Durante la Colonia, Tlatelolco fue centro evangelizador, pero también escuela; ha sido cárcel y bodega militares, marcaba la última población antes de abandonar la zona urbana de la Ciudad de México rumbo al Tepeyac.

En 1958, desde la Presidencia de la República se planteó crear una nueva ciudad que sería la encarnación misma de la modernidad a la que aspiraba el régimen de Adolfo López Mateos.

La utopía del urbanismo de mediados del siglo XX se cristalizó en 102 edificios habitacionales, 11 mil 916 viviendas y 42 edificios de servicios sociales. Una ciudad que encierra vidas, historias, tragedias personales y pequeñas victorias.

Gloria Bautista nació, creció, se hizo activista y se unió a la izquierda, en Tlatelolco. Ayudó con su esfuerzo y el de cientos de vecinos más a que se reconstruyeran edificios. Para ella, Tlatelolco es “el gran protagonista de la Ciudad de México”.

Para Araceli López, administradora de uno de los módulos del edificio Juárez, es casi místico vivir ahí: “Amo a Tlatelolco. Es hermoso, no conozco otra forma de vida”.

Marta Martínez, también ha vivido lo suficiente para ser fundadora de esa nueva urbe tlatelolca, ver su degradación y participar en su repunte, e impulsar la renivelación de su edificio, un módulo del Juárez, hecho por “los mismos ingenieros que hicieron el de la Basílica de Guadalupe y el Palacio de Bellas Artes”.

Es Plácido Domingo arriesgando su voz en 1985 entre los escombros del Edificio Nuevo León, es el carrillón de 47 campanas que despertaba hace décadas a sus habitantes y que la mañana de ayer lo hizo con las tradicionales Mañanitas, es el Memorial del 68 que se niega a olvidar la tragedia ocurrida frente al edificio Chihuahua, es el Centro Cultural Universitario y también es sus vecinos, la iglesia de San Miguel Arcángel, el Salón Los Ángeles, es México.

Tlatelolco encarna a la ciudad misma que requiere del esfuerzo de sus habitantes para hacerlo viable. Es historia, fue y sigue siendo modernidad (llamada ahora movilidad), de ahí surgió el movimiento vecinal que se puso al tú por tú ante las autoridades y que obtuvo su histórica victoria en 1997.

Tlatelolco, es el inmenso Xipe Totec que se ha convertido en un faro de la ciudad.

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