Redefinen historia de la escultura
La investigadora Lily Kassner revisa otros medios en su Diccionario de escultores mexicanos del siglo XX
CIUDAD DE MÉXICO, 23 de agosto.- Sin dudarlo Lily Kassner dice que la instalación es también una forma de escultura. “Hay que tener apertura de ideas”, afirma la historiadora de arte que en 1978 comenzó a reunir la mayor base de datos que existe sobre escultura mexicana. “Los materiales han cambiado, muchas personas hacen performances con instalación, es necesario tener la mente abierta”, agrega.
La investigadora, que coordinó la segunda etapa del Espacio Escultórico del Centro Cultural Universitario, ha elaborado una nueva edición de su Diccionario de escultores mexicanos del siglo XX, ahora editado por la Dirección General de Publicaciones (DGP) del Conaculta. Compuesto por 670 entradas distribuidas en tres tomos, el título parte cronológicamente del trabajo de Ignacio Asúnsolo (1890-1965) y sus contemporáneos y se ocupa también del siglo XXI.
Llama la atención que en su Diccionario… están nombres como el de Eduardo Abaroa (DF, 1968), Gabriel Orozco (Xalapa, 1962), Melanie Smith (Reino Unido, 1965) o Damián Ortega (DF, 1967), quienes no necesariamente son identificados como escultores, se le plantea en entrevista: “el concepto en general es dar un banco de datos sobre el movimiento escultórico mexicano, pero claro que el concepto del siglo XX al XXI ha cambiado, muchos artistas ahora participan en instalaciones, debemos tener un concepto totalmente abierto”, responde.
Los materiales han cambiado, muchas personas hacen performances con instalación, es necesario tener la mente abierta.” Lily Kassner, investigadora
El libro de Kassner presenta una breve biografía del autor, después enlista las exposiciones individuales y colectivas en las que ha participado y enumera algunas obras, premios y bibliografía sobre cada uno de los artistas. En algunos casos también incluye fotografías de las obras; de Abaroa se ha reproducido El otro mundo y el otro, y el otr…, pieza mixta de 2008 elaborada con una estructura de acero, cadena galvanizada del mismo material, alambre, cartón, globos de plástico, ropa y cuerda.
“Es necesario tener la apertura de que la escultura ya no es como la totalmente tradicional, por ejemplo, de cómo se hacía con la fundición en bronce, la talla directa en piedra o en madera y todas estas nuevas resinas. Hay que tomar en cuenta todos estos nuevos elementos que hay ahora o la gran cantidad de escultoras mexicanas que han participado en cerámica”, apunta la autora que comenzó su trabajo a finales de los setenta cuando se lo propuso a Jorge Alberto Manrique, quien se desempeñaba como director del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM.
“La instalación debe ser considerada escultura, se le ha dado ese lugar en muchos lados, no sólo en museos nacionales, sino internacionales, ya no es la escultura tradicional, en una instalación se tiene un lugar mucho más abierto en el que se ponen muchos más o menos elementos elementos, dependiendo el artista, hay instalaciones que son de basura o que tienen un elemento por allá o por acá, no se puede decir que eso no es escultura”.
Kasnner menciona como ejemplos a Orozco, al grupo Tercerunquinto “que trabajan con cosas de construcción, te construyen una pared o un espacio especial, no se puede decir que no es escultura, debe haber apertura de concepto”, vuelve a insistir. De hecho, para la tercera edición de su libro ha dejado fuera casi 300 nombres que sí aparecieron en la primera y segunda edición, muchos de ellos fueron sustituidos por artistas jóvenes que trabajan con otras técnicas y recursos.
“Aniquilamos una parte de los escultores que ya no sabíamos nada y dejamos ese espacio para toda esa nueva generación que vale mucho la pena, porque son los que están trabajando, los artistas de la kurimanzutto, como Gabriel Orozco, Demián Ortega. Muchos de ellos se asumen como escultores, pero hay que tener la apertura, muchos artistas pintores han hecho escultura como Vicente Rojo, José Luis Cuevas o Gunther Gerzso, pero en el siglo XXI ya no podemos tener la cerrazón de que uno es pintor y otro es escultor, o que uno es fotógrafo o grabador”.
Como todo trabajo de recopilación, la autora acepta que hay ausencias: “No puedo ser tan fatua para decir que todos los escultores están incluidos en mi diccionario”.
Uno de ellos es Teodoro González de León, quien personalmente se negó a ser incluido. “Yo le dije a Teodoro que él había hecho escultura y me dijo: ‘sí, pero no quiero que me pongas como escultor, yo soy arquitecto’. Pasando por Reforma está su escultura en el Auditorio Nacional, no lo puede negar”, indica.


