Los laberintos en el caso del bar Heaven

La tarea realizada por las autoridades de la PJDF ha sido la única posible dada la información escasa y contradictoria con la que se cuenta

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1. Un caso insólito

La desaparición de un grupo de parroquianos que se encontraban en un bebedero de la Zona Rosa es un caso insólito y extraño. Nuestra memoria no registra algún otro caso de desaparición colectiva. Hemos sabido de desapariciones masivas de grupos como las que han acontecido con transmigrantes.

También hemos sabido de 27 mil desapariciones de diversas personas. Pero todos ellos han sido hechos individuales

y no colectivos.

Es por ello que este asunto resulta atípico y ello constituye, ya de suyo, una dificultad para la investigación de su origen, sus motivos, sus autores y hasta de sus víctimas cuyo número e identificación han tenido que ser desenmarañados. Hubo momentos en los que muchos llegamos a suponer que se trataba de un episodio imaginario o inventado. Por desgracia, las autoridades lo han descartado y nos lo han dejado como un hecho que, efectivamente, sucedió en la realidad.

La tarea realizada por las autoridades de la Procuraduría de Justicia del Distrito Federal ha sido la atingente y la única posible dada la información escasa y contradictoria con la que se cuenta y, además, con las líneas de investigación tan complicadas como lo ha ido anunciando cada paso de la indagatoria. 

Pero el asunto ha ocupado la atención de la opinión pública durante ya tres semanas e, incluso, la impaciencia de las altas autoridades capitalinas. En muchas sobremesas hemos escuchado la demanda de “resultados”, cuando es bien sabido que la investigación criminal no tiene “palabra-de-honor”. En muchas ocasiones la averiguación previa se realiza con todas las reglas que impone su metodología y protocolo sin que, por ello, aporte las luces necesarias para la aclaración de la verdad de los hechos.

El delito suele cometerse en la secrecía, en la sorpresa y en el sigilo. Uno de sus propósitos es que queden ignorados sus autores y sus motivaciones. Ése es el reto principal de las fiscalías. Pero la estadística es cruel, sobre todo en México. Baste mencionar que los delitos investigados, tan solo son ocho por ciento de los denunciados; en la mitad de ellos nunca se llega al conocimiento de la verdad. Es decir, la mitad de nuestras investigaciones han concluido en fracaso. Ello no es nuevo sino es la ruta por la que hemos transitado quienes hemos jefaturado la investigación criminal en algún momento de los últimos 50 años mexicanos.

Es por esas y otras razones que Pascal Beltrán del Río me invitó a escribir estas notas, muchas de ellas basadas en meras suposiciones, sobre un caso que se encuentra en diversos laberintos y que ha ocupado el tiempo y el trabajo de un amplio y profesional equipo de investigación capitalina, así como de otras autoridades coadyuvantes. 

2. Los hechos

El martes 28 de mayo, poco después de la una de la madrugada familiares de 11 personas dadas por desaparecidas denunciaron ante la Procuraduría de Distrito Federal la ausencia de sus buscados, señalando que habían estado en un bar llamado “Heaven” y/o “Bicentenario”, ubicado en una angosta calle de la Zona Rosa y que en la mañana del domingo 26, dos días antes, fueron vistos por última vez.

Por esa razón el asunto fue adscrito al área encargada de la búsqueda de personas desaparecidas, conocida por sus siglas CAPEA. Allí, de inmediato, se activó el “protocolo de búsqueda” de personas desaparecidas o ausentes, girando los volantes de búsqueda e instando la colaboración institucional del servicio forense, de la Procuraduría General de la República y de la procuraduría mexiquense.

Es importante destacar que en la tarde de ese martes 28, compareció un testigo quien se identificó con nombre falso, relatando haber estado en el lugar de los hechos en compañía de nueve personas a quienes se refirió por su nombre o su apócope, así como de otras cuatro personas desconocidas para él.

Señala que, en cierto momento, la música cesó y un gerente les indicó desalojar el local por un supuesto operativo. Al salir, observó a siete sujetos con armas largas. Retrocedió y logró escapar por la azotea, brincando a un estacionamiento a espaldas del antro.

De esta declaración, la autoridad tomó la decisión de reclasificar la investigación, turnándola a la fuerza antisecuestros, ya en la mañana del miércoles 29 de mayo. 

Los denunciantes fueron 12 personas, casi todos emparentados con los dados por

desaparecidos. Sin embargo, las declaraciones son muy inconexas toda vez que el origen de su información es muy confuso.

Alguna fue informada de que se trataba de una represalia por la venta de drogas. Otra, que se los habían llevado en camionetas de la PGR. Otra, que fueron elementos de la Policía Federal, vestidos de civiles y con el rostro cubierto con paliacates. Otras, que se trataba de un secuestro, aunque no habían tenido contacto con los captores. Por último, algunas tan solo referían la presencia de sus familiares en el mencionado antro pero no sabían nada de su desaparición.

Todo ello implicó una inmediata acusación de la opinión pública en contra de diversas autoridades a quienes se les imputaba una ilegal privación de libertad, dejando a la imaginación la más amplia gama de suposiciones, casi todas ellas siniestras y, desde luego, infundadas.

Hasta aquí la sinopsis de los hechos, los cuales no pueden ser más desconcertantes.

3. El escenario real de la seguridad y la investigación

Las condiciones en las que se mueven los aparatos públicos encargados de la seguridad y de la investigación han sido muy precarias través de los años y en la actualidad.

Baste mencionar que el lugar de los hechos es una calle adyacente al Paseo de la Reforma, muy cerca del Ángel de la Independencia, pero sin embargo no hay cámaras de vigilancia de la autoridad ni del establecimiento donde sucedieron los hechos.

Se nos informa que las imágenes que hemos visto en los medios y que han servido a la investigación oficial son provenientes de la cámara de un banco vecino y ninguna otra.

Hace algunos años pasé un tiempo

desempeñándome como subprocurador capitalino. Provenía de la procuración federal donde los implementos eran muy precarios. Pero mi primera impresión en la procuración local fue inolvidable. La computadora instalada en mi ostentoso escritorio no estaba conectada a ninguna parte sino que era una mera máquina de escribir. Vamos, ni siquiera a un internet, ya no se diga a un intranet,  mucho menos a un archivo informático y no se diga a una red interinstitucional.

Algo muy modesto logramos hacer en mis años y algo se ha hecho en los recientes 15 años. Pero la precariedad en equipos, en sistemas, en metodologías y en protocolos sigue siendo la nota distintiva de la investigación mexicana.

Esto no es una crítica malsana a nuestras autoridades sino todo lo contrario. Es el reconocimiento a esfuerzos insospechados que se realizan sin elementos tecnológicos, organizativos ni presupuestarios. Esa mitad de asuntos resueltos exitosamente a la que me refería anteriormente, está formada por verdaderos milagros y por un trabajo casi siempre ninguneado y menospreciado por los demás.

Las procuradurías mexicanas no son comparables al Real Madrid ni al Barcelona a quienes debamos exigirles resultados amplios e inmediatos. Más bien se parecen al Celaya o al Zacatepec. Son equipos muy modestos que, más que nuestra exigencia o nuestra burla, requieren mucho apoyo, mucha  comprensión y mucha suerte.

La seguridad pública no difiere en mucho de la procuración. Han sido postergadas por la insensibilidad gubernamental para dotarlas de recursos, de tecnología, de capacitación, de remuneración, de reconocimiento y de organización. 

Es allí donde se encuentra el desarrollo de esta investigación y de muchas otras en las diversas procuradurías. La investigación criminal, además de ser muy impredecible, es muy cara. Alguna vez comparé el presupuesto institucional con las averiguaciones previas realizadas y mi resultado fue de algo así como 300 mil pesos de costo por cada indagatoria. Así entendía, entre otras cosas, el por qué no investigamos el robo de los automóviles. Resultaría más barato al gobierno pagar al propietario el auto robado que investigar su robo.

4. ¿Quiénes fueron los autores?

Éste es el propósito esencial de toda investigación criminal. Saber quién es el autor del hecho delictivo. Sólo de esa manera la investigación se convierte en acusación, lo que en el leguaje jurídico se llama consignación y que significa, en términos llanos, llevar al responsable ante la potestad del juez que, en su caso, habrá de imponerle el castigo correspondiente.

En el caso que nos ocupa, hasta donde hemos sido informados, la autoridad no tiene precisados a los autores del hecho delictivo. Pero también es de suponer que están en el camino correcto para saberlo.

Por lo pronto, los jueces ya han concedido el arraigo de cuatro personas.

Casi todos éstos son propietarios o empleados del Heaven. Ello, desde luego, no los hace necesariamente responsables del delito, pero la investigación obliga a suponerlos conocedores de las personas que lo cometieron. Algo que hayan visto, algo que hayan oído, algo que hayan sabido. Todo es útil en una investigación.

Muchos de los casos más famosos que me tocó resolver se debieron a datos que parecían muy irrelevantes, provenientes de personas que parecían muy insignificantes. Me estoy refiriendo a los 30 o 40 casos más notables que atendí en 15 años en la procuración. Ello me dio muchas enseñanzas pero la más importante fue que todo dato y toda persona pueden ser decisivos.

Aclaro, con toda humildad, que casi todos esos éxitos fueron producto del azar. Yo no fui un fiscal con mucha sabiduría sino tan solo fui un fiscal con mucha suerte. Y esa suerte me sirvió a mí y le sirvió al gobierno. Pero reconozco mi aplicación para no menospreciar ningún elemento informativo que pudiera llevarnos al éxito.

Conozco personalmente a varias de las autoridades encargadas de esta investigación, in capite, al subprocurador a cargo. Fue mi compañero de equipo, aunque él más joven. Pertenece a esa misma escuela de aplicación minuciosa, de investigación cuidadosa y de tenacidad inagotable.

Yo apostaría a que los responsables se van a conocer. Pero no me atrevería a pronosticar los tiempos. Porque también estoy convencido de que la investigación más rápida no necesariamente es la más exitosa.

Así como el reloj más veloz no es el más confiable, la investigación fast track nos deja dudas de su pulcritud y de su certeza.

Por último, en un caso complejo, como es el que nos ocupa, los autores pueden ser colectivos. Además de varios autores materiales puede haber autores intelectuales. Cómplices y hasta encubridores.

Son muchas las líneas y muchas las personas que pudieran estar comprometidas en la responsabilidad penal del asunto.

5. ¿Quiénes fueron las víctimas?

En un principio los números fueron hipotéticos y desconcertantes. Comenzó diciéndose que se trataba de 11 personas desaparecidas. Después se daba cuenta cierta de ocho desaparecidos y cuatro más posibles desaparecidos.

La cuenta formal de las autoridades señalan a 12 personas, todas identificadas con nombres y apellidos. Ocho de ellas son hombres y cuatro mujeres. Sus edades fluctúan de los 16 a los 34 años. Algunos tienen antecedentes penales por la comisión de delitos graves. Otros son hijos de padres que se encuentran internados en prisión por la comisión de delitos muy graves.

El perfil del lugar de los hechos y de los asistentes es muy significativo. Se trata de un bar de los llamados afterhour que permanecen abiertos hasta bien entrado el nuevo día. Los hechos en comento sucedieron a las diez de la mañana de un domingo. Desde luego que los asistentes a este tipo de esparcimientos deben tener perfiles muy constantes.

El primero es juventud, tal como sucedió en los hechos. Lo segundo, vigor. Lo tercero, muchas ganas incansables para divertirse. Lo cuarto, un espacio como los que ya hay muchos en una ciudad que se antoja incontrolada en sus regulaciones permisionarias y en sus funcionamientos comerciales.

Desde luego que el perfil y los hábitos de los desaparecidos no los hace, de ninguna manera, acreedores a ninguna agresión de tipo alguno. Pero es innegable que ello debe formar parte de la investigación y considerarse para seguir las lógicas líneas de averiguación.

6. ¿Cuáles fueron los delitos y los móviles?

Esto sigue siendo una de las grandes incógnitas del caso. A la fecha se desconocen los delitos cometidos y tan sólo se han operado suposiciones de los mismos.

Desde luego parece haber una privación ilegal de libertad aunque no queda en claro cuál sería la modalidad de esa privación puesto que mucho de su clasificación dependería de los móviles y propósitos del hecho delictivo. Si el móvil fuera una advertencia o un escarmiento sin mayores consecuencias se podría estar hablando de una privación simple y llana.

Pero si el propósito fuere obtener un rescate pecuniario, o una concesión de autoridad o una abstención de competencia comercial, ya estaríamos hablando de una extorsión o hasta de una privación en la modalidad de secuestro.

No escapa a la imaginación de la opinión pública la extrema  posibilidad de que esto haya terminado en una ejecución por razones de venganza, de advertencia, de retribución o de competencia. En este indeseado supuesto estaríamos hablando de la comisión de homicidios, desde luego en su agravante de calificados.

Los móviles son un dato que entusiasma mucho la curiosidad de la opinión pública pero que no son tan importantes para las consecuencias de la investigación ministerial. Para la averiguación previa lo que importa es quién robó, quién violó o quién mató. Los motivos que tuvo para delinquir son interesantes en la historia del suceso pero no en los efectos jurídicos de la averiguación previa.

Sin embargo, los casos famosos o espectaculares no solamente son expediente sino, también, noticia. Por eso, al juez basta con aportarle los elementos delictivos pero al público hay que complementarlos con los elementos informativos, entre ellos, la motivación delincuencial del culpable.

7. ¿Qué hay en la investigación?

Mucho es lo que ha logrado incorporar en la investigación, tanto para integrarlo en una posible consignación como para

descartarlo de ella.

Para comenzar, como se dijo más arriba, cuatro personas han sido arraigadas y así permanecerán hasta que fuere necesario para la aportación de datos si los tuvieren o, bien, para determinar su responsabilidad penal, si fuere el caso.

Como otra medida cautelar fueron realizados cinco cateos en diversos inmuebles. Desde luego en el lugar de los hechos, donde se encontraron pastillas psicotrópicas y mariguana. Es importante resaltar, que allí se encontró una huella dactilar que, mediante la identificación de archivos electrónicos, llevó a la localización de un asistente al antro el día de los hechos, aunque no necesariamente vinculado con ellos.

Otros inmuebles cateados fueron un antro quizá conectado en algo con el Heaven, más tres domicilios particulares donde fueron encontrados algunos objetos o documentos relacionados, aunque no sabemos si importantes para la investigación.

De la misma manera han sido puestos a disposición ministerial seis vehículos que pudieran están relacionados con los hechos investigados. Estos se encuentran asegurados por el Ministerio Público capitalino.

Han declarado 27 testigos diversos y se han realizado peritajes de nueve especialidades técnicas. Ellos son ocho en materia de química, para determinar las sustancias aseguradas como psicotrópicos. Uno en materia de planimetría para establecer las rutas de entrada y salida del bar Heaven. 17 en materia de criminalística sobre la cámara de circuito cerrado, tanto la útil como algunas inútiles del propio bar. 17 en materia de informática para el análisis forense de medios de almacenamiento. Una en materia de identificación dactilar. Cuatro en materia de retrato hablado. Siete en materia de fotografía para la fijación de indicios. 17 en materia de mecánica para medios de identificación. Y una en materia de balística. Total, 63 dictámenes periciales.

Además se ha realizado el análisis de 13 videos, dos inspecciones oculares y 40 colaboraciones interinstitucionales de PGR, Estado de México, Semefo, Instituto de Migración, Comisión Nacional Bancaria y de Valores, delegación Cuauhtémoc, delegación Benito Juárez, Setravi, Registro Público de la Propiedad, Secretaría de Seguridad Pública y Policía Federal.

8. ¿Donde están las víctimas?

Esa es una de las grandes interrogantes de este caso. Localizarlos o conocer su suerte puede ser determinante para la culminación de esta investigación, pero no es imprescindible. Imaginemos los posibles escenarios.

Un primer supuesto es que aparecieren sanos y salvos. Que, efectivamente, fueron “levantados” y retenidos para un susto, un aviso, una advertencia o una amenaza. Más tarde liberados después de algunos días de retención o advertidos de no aparecer en algún tiempo. Ya determinará el Ministerio Público el alcance de su consignación si se supieren los responsables porque, segunda hipótesis, podría ser que los liberados no puedan o no quieran informar ni reconocer.

Tercer supuesto. Por algún medio se logra saber la suerte de los desaparecidos, cualquiera que ésta sea, pero sin ubicarlos físicamente. La consignación es posible siempre y cuando se obtenga información de los hechos y de los responsables aunque no se conozca el paradero de los desaparecidos.

El cuarto supuesto es inverso al anterior. Se encuentran los desaparecidos sin vida pero, también, sin información. El resultado jurídico es saber que se cometieron los homicidios pero se ignoran los homicidas. No hay consignación posible y la investigación prosigue indefinidamente.

El quinto y último supuesto es que no se sepa nada más de lo que ahora se sabe. Esta posibilidad la veo muy remota. Además de muy indeseada. Yo tengo confianza en que lo que se está haciendo es lo correcto y espero que fructifique en resultados exitosos.

9. Un voto de confianza

He tratado de dejar en claro que estamos frente a un caso complejo. Además, estamos frente a un caso insólito. La autoridad capitalina, tanto la política como la ministerial, están muy conscientes de ello. El equipo de la Procuraduría del Distrito Federal es muy competente y eficiente. Prueba de ello es que ha resuelto muchos de los casos muy complicados que se le han presentado en este semestre. De secuestro, de homicidio y de otros más. Tan solo el caso del pariente de Malcolm X nos hubiere llevado a un escándalo internacional de no haberse resuelto rápida y satisfactoriamente.

Además, el jefe del Gobierno capitalino es un ex procurador que sabe los tiempos, las circunstancias y las expectativas de una averiguación previa. Pero sobre todo, todos ellos saben lo peligroso que es mezclar la política y la investigación en un batidillo infame.

Vuelvo a mis recuerdos. Cierta ocasión llegó a mi escritorio el homicidio espantoso de una jovencita. La comunidad judía se indignó, como nos sucedió a todos. Pero les pedí a sus líderes su paciencia y su silencio para trabajar mejor. Son mis amigos y confiaron en mí. Callaron y esperaron, incluyendo al más importante comunicador televisivo de esa época. Todo concluyó en exitosos resultados. Los asesinos, que eran varios, fueron a la cárcel sin excepción alguna.

¿Qué me dieron los padres de la víctima, sus amigos y sus paisanos? Me dieron confianza y me dieron tiempo. Trabajamos sin presión y sin tentaciones. Cuando la política no le da tiempo ni confianza a los investigadores, estos pueden orillarse a dejar de buscar al culpable para tratar de encontrar a cualquier culpable. Y un buen fiscal sabe encontrar pero también sabe inventar. Mientras mejor fiscal es, mejor encuentra la verdad pero, también, mejor inventa la mentira. Y si es un excelente fiscal nunca distinguiremos una de otra. Ni nosotros, ni los jueces ni la historia.

Que haya suerte. Todos necesitamos que nuestros fiscales tengan siempre

mucha suerte.

*Político y abogado. Presidente de la Academia Nacional, A. C.

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