Mundial de México 86, el país se puso su mejor traje
Colombia tenía el mundial de 1986, pero desistió y nuestro país tomó la responsabilidad de hacer la gran celebración del futbol en tiempo récord
CIUDAD DE MÉXICO.
México seguía desperdigado tras el terremoto de 1985 cuando se puso su mejor traje para recibir la fiesta del futbol mundial. El pueblo, entregado al frenesí, no mostró inconvenientes y aquello fue rodar y rodar.
México era el primer país en la historia de las Copas del Mundo en repetir como anfitrión. Fresco estaba el Mundial de 1970.
Rafael del Castillo, presidente del Comité Organizador, aseguró que se debió gastar poco, porque dinero no había en grandes cantidades.
“Significaba que con menos gastos se harían bien las cosas, como sucedió. Teníamos toda la infraestructura y sólo bastaba con remozar. Por fortuna tuvimos la ayuda de muchos empresarios que entendieron que más allá de la tristeza por la tragedia acaecida un año antes estaba la oportunidad de crecer”, afirma.
Tenía muchas ideas Del Castillo para el Mundial, acuñado con los años como “el par de botes de pintura y brochas para realizarlo”. Cuando presentó la lista de estadios tuvo que deshacerse del Luis Pirata Fuente, “porque dijeron que estaba al nivel del mar y el de Tampico también”.
Entonces de la chistera sacó el estadio de Neza y le pidió los planos al arquitecto Pedro Ramírez Vázquez para acelerar la construcción del Estadio Corregidora, haciendo una copia del Estadio Azteca.
En realidad, Colombia le dio el Mundial a México, que cubrió las necesidades de la FIFA, más allá de que varios seleccionados se quejaron de los horarios de los juegos por el calor del medio día.
Colombia tenía el torneo desde 1982, pero pronto se dio cuenta de que no le alcanzaba para realizarlo, según las versiones oficiales.
“No se pudo hacer el Mundial porque el presidente de aquel entonces, Belisario Betancur, decidió que era mucha la inversión y prefería ocupar ese dinero en hospitales, universidades y demás impactos positivos para la sociedad”, relata Francisco Henao, veterano periodista caleño. Con el tiempo la decepción fue mayúscula, “porque la gente se entristeció mucho y, a la larga, ni hospitales, ni universidades ni nada. El debate aún en día sigue abierto”.
Lo que Colombia consiguió deportivamente por medio del presidente de la federación de futbol León Londoño, aquel que votó decididamente para que castigaran a México en el caso de los cachirules, se perdió en el plano político. “La sede se ganó en la presidencia de Julio Turbay y al haber cambio de poder se decidió no hacer el Mundial, a pesar de que el país estaba eufórico. Mucho se basó el gobierno en reparar al país de una serie de desastres naturales que azotó a Colombia”, dice Henao.
Lo que se creía un evento ficticio en poco tiempo cobró realidad para los mexicanos. El 31 de mayo, a las 12 del día, el Azteca lució pletórico y con sus mejores vestiduras para recibir la inauguración entre Italia y Bulgaria.
“Días antes quise hacer una representación teatral en Bellas Artes alusiva al futbol y a la identidad mexicana, pero ciertos personajes intelectuales lo prohibieron”, relata Rafael del Castillo, que conserva una carta firmada por el entonces presidente Miguel de la Madrid en la que se lo permitía.
De la Madrid se llevó una rechifla a la hora de dar su discurso de apertura.
“Le había comentado al presidente que no lo diera o que fuera muy breve. Éramos amigos desde la infancia y había mucha confianza en decirnos las cosas”, menciona Del Castillo.
En la ceremonia inaugural solicitaron las autoridades del estadio no pisar la cancha, por eso los bailes típicos se hicieron a un costado, junto a las bancas, en donde jugadores como Paolo Rossi notaron de cerca la belleza de las edecanes.
Excélsior reportó de aquel día que el único alarido fue para el himno mexicano. Hubo rechiflas cuando Guillermo Cañedo, Rafael del Castillo y Miguel de la Madrid recitaron sus palabras.
“Todos estaban de pie. Más de 100 mil personas bajo banderas de todo el mundo con los brazos entrelazados cantaban: ‘México lindo y querido, si muero lejos de ti...”
También se detalla que de última hora los boletos fueron rematados por los revendedores en 40 mil pesos. El comportamiento de la gente fue ejemplar a pesar del aburrido empate entre Italia y Bulgaria.
Mientras se abría el cortinaje de la fiesta que duraría casi un mes, Del Castillo estaba empeñado en convertir al Mundial en el evento de la comunicación, “y lo logramos con modernas máquinas para la prensa. Fue el inicio realmente de la era digital. Un éxito. Un año después, el secretario Antonio Enríquez Savignac me dijo que se había incrementado el turismo en un 40 por ciento gracias al Mundial”.
Comenzó a rodar la pelota en el XIII Mundial
CUANDO las hermosas piñatas colgaban del cielo abrieron sus bocas y dejaron caer una tupida lluvia de papel de colores, comenzó la fiesta que, por momentos antes, el público había alegrado haciendo olas en las graderías mientras desfilaban por los alrededores de la cancha chinas poblanas y charros sonrientes, y cadetes de la Naval y el Colegio Militar escoltando señoritas que llevaban las banderas y, al iniciarse el momento de los discursos afortunadamente breves, Guillermo Cañedo, presidente del Comité Organizador, dio la bienvenida a nuestros visitantes; enseguida Rafael del Castillo y Joao Havelange, vicepresidente del Comité Organizador y presidente de la FIFA, respectivamente, dijeron lo que tenían que decir, y por fin, el presidente de la Madrid declaró inaugurada la fiesta de alarido y estalló el Himno Nacional Mexicano que en coro se levantó, vibrante.
Comenzó a rodar la pelota en el XIII Mundial México 86.
REAPARECIÓ ayer el mal fario que ha reinado en las inauguraciones. Bélgica se permitió interrumpirlo en el Mundial de 1982, en España, venciendo 1-0 a Argentina, campeón de 1978. Se rompió así una lista de empates: Inglaterra y Uruguay empataron en 1966, en Londres; México y la URSS en el Mundial de 1970 aquí, en este hermoso Valle; en 1974, Alemania Federal y Yugoslavia cero a cero; en 1978, empate a cero entre Alemania Federal y Polonia; y ayer, cuando Italia se pavoneaba en el pasto, dueño de la pelota y casi dueño de una victoria pálida por 1-0, se apareció Sirakov entre una defensa abierta y con el martillo de la frente envió al fondo un balón largo que venía desde el fondo de la banda derecha.
Así entró a la historia el empate a uno, inesperadamente para los italianos y para todos porque sobre el terreno, hasta ese momento, sólo había existido un equipo: Italia. El reloj marcaba 40 minutos. Los italianos bajaron la cabeza. Al rato sonó el silbato y Bulgaria salió con un empate bajo el brazo, sonriente, porque ellos -y así lo había dado a entender su técnico- esperaban un empate.

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