Desde Italia, Gerónimo Barbadillo: “Había miedo”
Tigres ganó su primera final contra los Pumas en la 77- 78. El exfutbolista peruano recuerda que tenían temor
CIUDAD DE MÉXICO.
Gerónimo Barbadillo había mentido a los médicos de la selección de Perú. El Patrulla, en ese entonces de 24 años, fue convocado para jugar el Mundial de Argentina 1978, pero se hizo el enfermo porque no quería ser el suplente de Juan José Muñante (en esa época figura de los Pumas) y prefería quedarse en México a jugar la final con Tigres.
No fui al Mundial. Era un jugador importante de Perú y me convocaron para Argentina 78. Sabía que J.J. Muñante tenía más experiencia, era más grande de edad, y él iba a ser el titular. No quería ser suplente y me hice el enfermo. Hablé con el doctor de la selección, mentí, le dije que me sentía mal y que prefería llamaran a otro jugador en mi posición. Prefería quedarme a jugar con Tigres, en lugar de irme a sentar a la banca en el Mundial”, recuerda el número siete de los Tigres, que vive en Italia desde 1982 y es uno de los buscadores del Udinese, en el Calcio.
Barbadillo, junto con Tomás Boy y el uruguayo Walter Mantegazza, eran las figuras de unos Tigres que habían gastado ocho millones de pesos en el inicio de torneo, con la intención de ganar su primer título. En la final, Mantegazza anotó los tres goles de los regios.
En esos años mandaba mi compadre Tomás Boy. Decía, ustedes recuperen y nos dan el balón, yo lo reparto para que le llegue a Mantegazza o se lo doy a Barbadillo para que corra como loco. En los entrenamientos, Miloc nos gritaba mucho. Su disciplina era rígida, sabía lo que quería”, recuerda.
Se jugaban torneos largos, Carlos Miloc era el técnico y la directiva les había prometido un premio de 100 mil pesos por jugador, en caso de ser campeones. En la cena previa a la vuelta contra los Pumas, había silencio. Tigres había perdido a su portero: Pilar Reyes, convocado a Argentina 78 y pocos del primer equipo habían estado en una final.
Habíamos ganado en Monterrey por 2-0 y llegamos un día antes a México. Muchos de mis compañeros estaban asustados. En la cena, en el hotel, todos estaban serios, asustaditos y Tomás Boy me pidió que fuéramos a caminar para bajar la comida. Miloc, raro, nos dio permiso. Nos dio media hora y nos esperó en la puerta. En el camino Tomás dijo: ‘Están cagados, todos, tienen miedo a Pumas’. Le contesté: ‘Ellos piensan que los Pumas son mejores que nosotros’. Regresamos al hotel y no había ruido. Tomás Boy se paró enfrente de todos y dijo: ‘miren cabrones, están asustados, mañana nosotros, Barbadillo y yo, vamos a ganar el título para Tigres. Vayanse a dormir sin temor’. Así fue”.
La oportunidad de Jesús Ramírez
Entre convocados al Mundial y lesionados, el Club Universidad jugó la final con siete ausencias
En la conferencia previa al juego entre Tigres y Pumas, de la final de 1977-1978, Bora Milutinovic salió a defender a su equipo y dijo: “me gustaría ver al equipo de la Universidad Autónoma de Nuevo León sin Barbadillo, Batocletti y Boy. A ver si estuvieran igual de valientes”, informó Excélsior en esa ocasión.
La razón de las palabras de Bora era que el mismo día que iniciaba la eliminatoria por el título contra Tigres, en el aeropuerto, la prensa se arremolinaba para despedir a Hugo Sánchez, Leonardo Cuéllar, Gonini Vázquez Ayala y Enrique López Zarza, jugadores de Pumas y convocados por José Antonio Roca para jugar el Mundial de Argentina 1978. Además, Juan José La Cobra Muñante también se perdía la final al ser convocado por la selección de Perú para participar en la misma Copa del Mundo.
En el lugar de los mexicanos que se fueron a la justa mundilista, Bora Milutinovic llamó a cuatro canteranos: el Camarón Iturralde, Jorge Vergara, Chiquilín Cervantes y Jesús Ramírez. Todos jóvenes que no superaban los 20 años.
Dede 1975 el Club Universidad había empezado a cambiar su estructura y le daba oportunidades a jóvenes. Esa final, nos tocó a muchos chavos, entre ellos a mí, entrar en lugar de los que se fueron al Mundial. Los titulares se fueron a selección y fue una gran oportunidad para los que buscábamos un lugar. No fue nada raro, ya lo esperábamos. Perdimos la final, Tigres era un equipo muy bueno y sus jugadores tenían mucha experiencia”, recuerda Jesús Ramírez, uno de los que se quedaron a defender la causa auriazul.
Horas antes del partido, Bora tuvo que improvisar. El portero Jorge Marcín fue descartado para la final por lesión, José Luis Pareja López tampoco participó en la ida por problemas de rodilla y Cabinho, el goleador, jugó la eliminatoria con la nariz rota. Era la primera vez que los Pumas jugaban una final en el estadio Olímpico, porque en la temporada 1976-1977 tuvieron que jugar fuera de casa debido a una huelga de trabajadores.





