Louis Zamperini, lecciones para una vida extraordinaria

Popular tras el libro y la película Unbroken (Inquebrantable), el exatleta olímpico escribe su autobiografía Don’t give up, don’t give in (no te rindas, no cedas) en la que narra pesadillas y el alcoholismo sufridos después de convertirse en prisionero de guerra en Japón

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CIUDAD DE MÉXICO, 3 de febrero.- Campeón. Sobreviviente. Héroe y leyenda. Terminado dos días antes de que Louis Zamperini muriera a los 97 años de edad (2 de julio de 2014), el libro Don’t give up, don’t give in (No te rindas, no cedas) se ha convertido en un libro inspiracional para miles de lectores en Estados Unidos.

La historia de Louis Zamperini es la de un atleta norteamericano, hijo de inmigrantes italianos, quien tiene la oportunidad de competir en los cinco mil metros planos en Berlín 1936 y estrechar la mano de Adolfo Hitler. Su historia ya está dando la vuelta al mundo.

Primero fue la escritora Laura Hillenbrand quien titula Unbroken la biografía de Zamperini y la manda a la lista de best seller en 2010. Después es la actriz y directora de cine Angelina Jolie quien toma el mismo nombre y convierte la aventura en un filme hollywoodense, el que se acaba de estrenar en México (Inquebrantable, en español).

Ahora, en sus propias palabras, Zamperini revela lecciones de vida, dentro y fuera del deporte. Louis fue un adolescente conflictivo de California que cambiaría los pleitos, el alcohol y el tabaco por una pista de atletismo.

Su entusiasmo lo llevaría hasta los Juegos Olímpicos de Berlín 1936 y a convertirse en el mejor corredor de la Universidad del Sur de California.

Tras convertirse en estrella del tartán, Zamperini se integró a la Armada, antes de Pearl Harbor, para combatir en la Segunda Guerra Mundial, en un bombardero B-24. Después de una misión de rescate, su avión cae en medio del océano Pacífico. Ocho de los once tripulantes murieron en el accidente. Sólo sobrevivieron el piloto y teniente Russel Allen Phillips, el artillero de cola y sargento Francis McNamara y el alférez Louis Zamperini, navegando dos mil millas en una balsa durante 47 días.

Mac moriría en el intento. Zamperini y Phil fueron capturados por los japoneses y, por más de dos años, fueron prisioneros de guerra en Ofuna, un centro secreto de detención temporal en el que se interrogaba a los enemigos capturados. La mayoría perecía. Ahí, un militar japonés muy temido y conocido como El Pájaro (Mutsuhiro Watanabe) se encargó de hacerle la vida imposible al exatleta olímpico. Un militar sádico al que, años más tarde, no le importaría reconocer que sentía placer maltratando a los prisioneros.

Al término de la guerra, Zamperini regresaría a casa para vivir días oscuros, por las pesadillas, los pleitos de barrio y el alcohol. En 1949 su vida se transformaría, ya que Louis se convertiría en predicador del evangelio y conferencista motivacional durante los siguientes 65 años. Fue entonces que Zamperini decidió escribir el libro Don’t stop, don’t give in, con la coautoría de David Rensin.

Afectado por una neumonía, Zamperini muere el 2 de julio de 2014. El libro estaría impreso dos días antes de su fallecimiento.

Entre sus mensajes, el Tornado comentó: “tengo 97 años y siento que he vivido unos 200. No he perdido las ganas de vivir. Mi historia ha sido contada en libros y películas: mi octavo lugar en Berlín, la tarde que estreché la mano de Hitler, los 47 días perdidos en el mar, la muerte de Mac y como es que Phil y yo terminamos como prisioneros de guerra en un campo secreto de Japón”.

Ni el libro ni la película escritos por Laura  Hillenbrand y Angelina Jolie reflejan el dolor y humillación que sufrió Louis tras aquel infierno en Japón. “Cuando Phil y yo regresamos a casa la prensa nos llamó héroes. Para mí un héroe es un chico que regresa de la guerra sin brazos o sin piernas. De esos hay muchos. Pero como yo fui un atleta olímpico me convertí en una celebridad. Nunca un héroe.

Cuando la prensa se cansó de escribir mis relatos, entré en una etapa de desorden post-traumático, y compensé mi frustración y deseos de venganza hundiéndome en el alcoholismo. Me salía a las calles para intercambiar golpes con cualquiera”.

Desde aquellos años, Universal Pictures pretendía comprar los derechos para filmar la historia, con Tony Curtis como protagonista. La película no se grabó.

Zamperini tuvo una segunda oportunidad. Se convirtió en predicador, se casó con Cynthia y de ese amor nacieron Cissy y Luke. El mayor cambio llegó en 1997. “Fui redescubierto por CBS Sports. Ellos buscaban historias rumbo a los Juegos de Invierno en Nagano 1988, en  Japón; muy cerca de donde fui prisionero de guerra”.

La idea era que regresara a territorio enemigo, corriera un par de kilómetros con la antorcha olímpica y se reuniera con algunos de sus captores. Perdonarlos, después de sufrir aquella pesadilla. Todos aceptaron, menos uno: El Pájaro. Al finalizar la guerra, Mutsuhiro Watanabe fue clasificado como criminal de guerra de clase A (la más alta) e incluido en la lista de 40 nombres que el general MacArthur pretendía llevar a juicio. Pero el sargento Watanabe nunca fue procesado. Se ocultó durante siete años, y sólo reapareció cuando la ocupación estadunidense estaba a punto de finalizar y habían cesado las detenciones y los juicios a criminales de guerra. Durante su tiempo en la clandestinidad, trabajó en una granja y en una pequeña tienda de comestibles. Más tarde se convirtió en vendedor de seguros. En las décadas siguientes tuvo una vida tranquila, con una posición económica bastante acomodada y sin ser molestado por nadie, a excepción de alguno que otro periodista.

Aprovechando la ocasión, y como parte de un reportaje sobre Zamperini, una televisión estadunidense entrevistó a Watanabe en un hotel de Tokio. El viejo sargento reconoció haber maltratado a prisioneros, pero no mostró ningún arrepentimiento: “Cumplía órdenes militares y traté a los prisioneros estrictamente como enemigos de Japón”.

Mutsuhiro Watanabe murió en abril de 2003.