Luis Álvarez, el hombre de acero mexicano
Es el único tratleta en hacer todos los ironman del mundo. El también empresario mexicano alcanzó 105 competencias el pasado domingo
CIUDAD DE MÉXICO, 19 de noviembre.- Luis Ávarez es de aquellos mexicanos que no se detienen cuando se trazan un objetivo. A sus 51 años de edad puede presumir de ser el único atleta en participar en todos los ironman del mundo y de haber realizado el número 100 en Kona, Hawai. Para el también empresario se trató de un momento especial, pues además de conseguir dicha marca tuvo la oportunidad de hacerlo en compañía de su hijo José Manuel, quien fue el competidor más joven (18 años y tres meses) en nadar los 3.8 kilómetros, pedalear los 180 kilómetros y terminar con los maratónicos 42 kilómetros de carrera que consta la competencia.
Luis Álvarez no se está quieto. El pasado fin de semana sumó su ironman número 105 en Tempe, Arizona. Mientras esperaba el traslado en Hermosillo, rumbo a la competencia, el atleta se dio un espacio para charlar sobre aquel joven de 24 años de edad y 95 kilos de peso que poco a poco se fue transformando en un hombre de acero. Su anatomía se puede dividir por lesiones, mismas que no han podido detener a este competidor mexicano. Muchos no lo conocen, pero -dice- eso no lo hace menos atleta.
Hay que estar loco para asimilar tanta distancia.
(Risas) Por supuesto y lo tomo como piropo. A la gente diferente que hace cosas extraordinarias nos dicen locos.
Aunque para hacer un ironman hay que empezar poco a poco. Yo era un gordito de 94 kilos a los 24 años y fumé desde los 12. Ahorita tengo récord mundial (105 ironman).
¿Cómo surgió todo?
Comencé trotando cinco kilómetros, luego 10 y ya que llevaba el maratón por 1986 escuché de una locura llamada triatlón. Para mí era algo imposible hacer 1.5 kilómetros nadando, 40 kilómetros en bici y 10 corriendo. Fue en McAllen,Texas, y quedé en cuarto lugar. La bicicleta la compré ahí, dos días antes, y la estrené en la competencia. Entonces el triatlón me robó el corazón.
En 1990 me enteré que había una locura llamada iroman. Nadie sabía cómo entrenar, no había revistas ni información. La gente creía que haciamos pesas o que volábamos. Me puse a entrenar como pude y en 1991 hice mi primera prueba con tiempo de 10.58 horas. Descubrí que el triatlón
de larga distancia (ironman) era lo mío (3.8 kilómetros de nado, 180 kilómetros en bicicleta y 42 kilómetros corriendo). Eso fue hace 22 años.
Hablar de un iroman es extenuante, ahora multiplicarlo por 105...
Me canso nomás de pensarlo.
¿Y de lesiones?
Los que hacemos triatlones y maratones somos gente ordinaria haciendo cosas extraordinarias, pero somos gente común y corriente. He tenido todas las lesiones del mundo: condromalacia, fascitis plantar, bursitis, tendonitis, me he roto los hombros dos veces, me han operado las rodillas, me destrocé la cabeza del húmero. El 1 de mayo me operaron de la columna porque se me rompió un disco, se dio una hernia (eso me pasó en Europa). Me diagnosticaron dos años sin hacer ironman y desde la operación a la fecha llevo ocho ironman y un ascenso al Mont Blanc. Siento que con determinación puedes superar las lesiones de una u otra manera. La peor fue la operación de las rodillas, pues me dejó dos años sin poder correr, pero aún así hacía maratones, hacía ironman caminando. Siempre existe la manera de hacer las cosas cuando uno se lo propone.
Hay que ser atleta y tener mentalidad de acero.
Estoy totalmente en desacuerdo. No hay que tener ninguna cualidad física, hay que tener determinación para hacer las cosas. El trabajo físico lo hacen gorditos, fumadores, gente de 80 años, con una pierna, sin las dos piernas, sin un brazo. Hay que tener pasión.
Dice usted que no hay imposibles.
Yo todavía no encuentro mis límites. Hay semanas en las que hago un iroman y escalo alguna montaña. Como el Kilimanjaro en la misma semana del iroman de Sudáfrica, el Mont Blanc en la misma semana del ironman de Alemania y fue dos meses después de la operación de columna. Este fin de año me voy al Ironman de Cozumel y también a la Antártica a la montaña más alta del Polo Sur. Este año programé hacer mi ironman número 100 en Hawai, en Kona, se me atravesó la cirugía, tuve que retrasar ese ironman y este año hice cinco ironman en cinco semanas, en tres diferentes continentes y chambeando en el inter.
Estos viajes son muy costosos. ¿Tiene patrocinadores?
Gracias a Dios tengo gente que me apoya.
El ironman número 100 fue especial.
No sólo fue un número especial, pues fue el primero que corrí con mi hijo (José Manuel). La cosa más espectacular y bonita, haber compartido esas 16 horas con mi hijo, siendo su primer ironman; además fue el más joven del mundo en la competencia (18 años y tres meses). Tuvimos tiempo para todo, lo hicimos en 15 horas y 54 minutos juntos (1:29.29 horas en nado, 7:59.29 horas en bici y seis horas corriendo). Nos ponchamos, le ayudé a parchar su llanta, platicamos y hasta nos contamos chistes. De lo mejor que me ha pasado en la vida.
¿Hay tiempo para todo en un recorrido de casi cuatro kilómetros de nado, 180 de bici y finalizar con un maratón?
Cuando se ponen las cosas difíciles rezo y también lo hago en la montaña. Aunque también hay que marcar la diferencia entre participar y competir. Cuando participas tienes tiempo para saludar al público. Yo me he ido a bañar dentro de la competencia, creo que nadie lo sabe. En Japón hacía mucho frío, pasé por mi hotel a cambiarme la ropa y de paso me di un buen baño. No corté el camino, sólo me descongelé. Si vas a competir es diferente, vas más presionado, concentrado, sufres mucho más y sólo piensas en la competencia. Vas por el 110 por ciento de lo que da tu cuerpo y el ejemplo es cuando vas por la calificación a Hawai. Eso lo haces una vez al año.
Usted es el único ser del mundo en tener todos los ironman.
Es un orgullo cuando te anuncian como Luis Álvarez, el mexicano, y único atleta en participar en todos los ironman del mundo. Tengo una página (Ironmex), es el contingente más grande y consigo patrocinios para que nos den los uniformes. Hemos llegado 400 mexicanos a una competencia. Me gusta promover lo que a mí me cambió la vida.
¿Hay tiempo para hacer algo más?
Por supuesto. El deporte no es mi ingreso, es mi egreso. Soy director general de tres empresas, de dos diferentes razones sociales, dos en Monterrey y una en México; somos los líderes en la fabricación de tanques de combustible en el mundo, con masters de calidad. En el ramo automotriz fabricamos partes para BMW, para Navistar, para Daimler. Hay tiempo para todo. También pertenezco al Consejo de la Industria Automotriz, a Canacintra, a SAE y también tratamos de hacer algo de servicio social y consejero de algunas empresas.
Y todavía hay que entrenar.
Soy deportista de hobie, hay veces que me tengo que levantar a las cuatro de la mañana y entrenar una, dos, tres y cuatro horas al día, estar en la oficina a las 8 de la mañana. Normalmente en lugar de comer me hago una segunda sesión de entrenamiento (50 minutos de natación, pesas o yoga) y los fines de semana un entrenamiento de unas ocho a diez horas. Es un entretenimiento de tiempo completo, es trabajar en la oficina más de 50 horas a la semana, más entrenar. Hay que ser inteligente en el uso del tiempo. Desayuno, como y ceno en mi escritorio; me muevo en motocicleta para no perder el tiempo en el tráfico.
También se da tiempo para platicar con la prensa.
No sé decir que no. Estoy en escala corta en el aeropuerto de Hermosillo, platicando por teléfono contigo. Voy para Arizona, para hacer mi ironman número 105. Todo es posible.
Olvidarse del no se puede.
Los mexicanos somos muy ingeniosos, si nos dan un alambrito arreglamos un coche. Pero a veces somos muy flojos. Nos gusta estar en nuestra zona de confort. Utilizamos el ingenio para hacernos la vida fácil en lugar de buscar y crear. Podríamos ser una potencia.
Y pensamos que después de los 30 años ya no hay tiempo para hacer deporte.
Yo empecé los ironman a los 30 años, así que hay que quitarnos esa imagen. Mi papá tiene 82 años y hay que verlo. El ejercicio te da energía, no te la quita. En el ironman hay gente arriba de los 60 años y pocos chavitos. La gente que llega a correr más de 100 kilómetros es mayor de 40 años. Tenemos que quitar ese mito, entender que se acaba la etapa de ser veloz y llega la de la resistencia. Si no, que le pregunten a las mujeres.
Además de triatleta, ha sido montañista, maratonista...
Me gustan las cosas de adrenalina: el paracaidismo (lleva más de 500 saltos), el buceo, la bici de montaña.
¿Alguna vez se ha rendido?
He tenido obstáculos que no he podido saltar, pero rendido no. Fracasos, muchos. Lo importante es no rendirse.
Leí una frase suya que dice que ‘aunque muchos no me conocen, eso no me hace menos atleta’.
Mis logros no se transmiten a millones de personas. Esto lo hago por mí, me da satisfacción.
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