Manzanillo Colima, un destino de diez

Además de sus playas tranquilas, que sirvieron como escenario de la película Diez, la Mujer Perfecta, el estado también ofrece turismo de naturaleza

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Manzanillo Colima, un destino de diez
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COLIMA, 11 de marzo.- Si se le mira desde el aire, Manzanillo tiene forma de una “m” gigante. La primera parte de esa letra imaginaria la forma la bahía de Santiago; siguiendo el trazo está la de Manzanillo.

Toda la zona costera de este destino de Colima alberga restaurantes y hoteles con actividades divertidas, pero también tranquilas y relajantes, en medio de sus playas, certificadas como las más limpias, característica que se comprueba a primera vista.

Por su belleza, Manzanillo fue el escenario natural de la película Diez, la Mujer Perfecta, protagonizada por Bo Derek, una de las mujeres más famosas y atractivas en Estados Unidos durante los años setenta.

Cómo olvidar la escena en la que George Weber (protagonizado por Dudley Moore) imagina que ella corre a su encuentro seductoramente en cámara lenta o cuando el mismo personaje se quema los pies al caminar sobre la arena caliente de las playas de Manzanillo para intentar colocar una toalla y recostarse cerca de la despampanante protagonista.

Dichas secuencias se filmaron entre 1977 y 1978 en la playa La Audiencia que alberga el hotel Tesoro, pero fue la habitación 420 del complejo Las Hadas (ubicado una playa más adelante) la que sirvió como locación principal para las escenas de interiores.

En La Audiencia es posible practicar deportes acuáticos como ski, andar en motos acuáticas, kayakismo y buceo. La visita a esta bahía es también la oportunidad para abordar un pequeño catamarán llamado Explorer que da un recorrido por el mar para observar el atardecer.

Desde la avenida panorámica de la península de Santiago se aprecia la playa en medio de dos riscos, luciendo limpia e intacta con sombrillas de color rojo perfectamente alineadas, tal y como se miran muchas otras del destino, donde la privacidad y el oleaje de sus aguas son su principal atractivo, como en playa Las Hadas, La Escondida o Corales.

Aunque el mar de Manzanillo es frío debido a las corrientes que vienen del trópico de California, principalmente en la temporada de marzo a abril, el cuerpo se acostumbra unos segundos después de la primera sumergida.

En esta zona se encuentra La Punta, con sus residencias donde ricos y famosos han venido a descansar, desde Vicente Fernández, hasta Plácido Domingo y Bill Gates.

Al término del recorrido por la zona hotelera de la península de Santiago, otra playa estaba en el itinerario: Miramar, en la Bahía de Santiago. La postal que se observa desde el margen de la playa que se prolonga sobre la costa correspondía a una pareja de mujeres platicando sentadas en la arena, mientras que, unos 500 metros mar adentro, el Explorer cruzaba la costa con dirección hacia el Sol que todavía no comenzaba a desaparecer detrás de las nubes.

Siguiendo la línea hacia donde se esconde el Sol, está uno de los balnearios de playa más populares llamado La Boquita, donde se encuentra un estero, tres mercados de artesanías y El Oasis, un club con restaurante y bar.

Ahí, un guía de turistas certificado comenta que Manzanillo es la capital mundial del pez vela, pues ostenta la cifra de 363 ejemplares capturados en un solo torneo. Además de los torneos nacionales e internacionales, en mayo, durante las fiestas locales, hay otro en el que incluso participan niños.

Olas gigantes y reptiles en cautiverio

Camino al sur del estado de Colima, el auto cruza una zona de carretera en la que, según el conductor, cada año era posible observar una gran cantidad de cangrejos mollo atravesar el boulevard desde el lago hacia el mar, siguiendo su ciclo de reproducción. En la actualidad el muro de contención ha inhibido su camino, pero aun así, sobre todo en las primeras lluvias de junio, es posible observar a algunos de ellos. Colima sigue haciendo alusión a su tamaño geográfico cuando llegamos al pequeño pueblito de Cuyutlán, uno de los primeros destinos turísticos de playa del país descubierto en 1800.

Cruzar sus callecitas de terracería permite observar una bodega enorme que alberga sal de grano de espuma de mar, de la que el pueblo es uno de los principales productores del país. Los columpios recién pintados están solos, la tranquilidad es casi absoluta, a pesar de que viven allí unas mil 200 personas.

Pero este lugar alguna vez fue sumergido por la ola verde, un fenómeno que ocurre cada año en los meses de julio a septiembre, en el que después de una secuencia de olas se levanta una que puede llegar a alcanzar hasta seis metros de altura. El plancton concentrado es el que le da ese color. Incluso hay ocasiones que en la ola se pueden ver, reflejados por el Sol, peces cruzando las aguas del mar. En aquella ocasión, en 1932, la ola alcanzó 20 metros de altura y la sal volvió al mar.

Por ello, el oleaje de esta zona de Manzanillo es ideal para los amantes del surf y del windsurf, sobre todo, en los meses de abril a junio.

En Cuyutlán también se encuentra un lugar donde las tortugas e iguanas descansan. Se trata de El Iguanario, hogar de iguanas en cautiverio, jóvenes y adultas.

En la zona tres hay especies de tortugas con las que los visitantes pueden convivir, como la negra, la golfina y la laud, ésta última es una de las más grandes del mundo.

Incluso, hay especies que llevan en este sitio cerca de 14 años en cautiverio, las cuales alcanzan grandes dimensiones.

En esta temporada, algunos de los visitantes pudieron liberar unas cuantas tortugas golfinas que habían nacido el día anterior.

Pancho, el guía, pintó una ralla en la arena gris oscura, desde donde, comenta, es recomendable colocarlas “para que perciban la presencia de la arena en su pancita donde se encuentra la marca que alguna vez ocupó el cordón umbilical; de esta forma recopilan un dato biológico al caminar por la playa, que posteriormente guardarán para siempre y les permitirá en el futuro, reconocer el lugar donde nacieron para regresar a desovar”.

Después de esperar a que las gaviotas que sobrevuelan la zona desaparecieran, se colocaron cinco tortuguitas al mismo tiempo en la línea dibujada y el conteo hasta tres inició.

Algunas se arrastraban muy lento, desorientadas, otra se lanzó directo a la ola, una más daba vueltas hasta que reconoció la dirección en la que tenía que caminar: hacía el mar. Verlas solitarias en medio de la inmensidad del mar provoca sentimientos de melancolía y libertad, pero también de esperanza de vida.

Recorrido ecológico

La siguiente actividad fue a bordo de una lancha, con la que es posible navegar por el Estero Palo Verde. Ahí, unos pescadores caminaban, con el nivel del agua hasta la cintura y nada más que manglar a su alrededor.

De pronto uno de ellos señalaba hacia el sur y decía: “allá… un cocodrilo”. El deseo por acercarse a esa especie era inevitable, pero Pancho advirtió que muy posiblemente se alejaría de la lancha debido al ruido del motor. Sin embargo, la emoción se disipó al notar que no se trataba más que de la imagen de un tronco sobresaliendo en el agua, que daba la impresión de un cocodrilo en movimiento debido a la brisa que lo empujaba.

En esta zona se observan muchas aves, incluso pelícanos sobrevolando los árboles. En un instante, la velocidad de la lancha se detuvo.

Pancho da la orden de retroceder. A pesar de la mirada perspicaz del grupo de seis personas que observaba atentamente los árboles, ninguno se percató de que, al ir en reversa, tal vez unos tres metros atrás, y mirar en la dirección en que apuntaba su dedo, una serpiente de agua descansaba en medio de las ramas. Un simple estirón de brazos hubiera bastado para tocarla.

Más adelante, avanzando hacia una especie de claro del estero, donde unas hojas redondas, de esas que flotan en el agua y que permite a las ranas posarse para croar, Pancho decía que “en esta zona está un cocodrilo todas las tardes, por aquí lo he visto”.

Después de unos minutos de observación, muy cerca de una de esas flores de agua de color rosa y blanco que nacen en las hojitas, estaba el reptil, asomando la espalda y el hocico, camuflándose tranquilamente.

Al final del recorrido, el paseo por sus playas y manglares recuerdan que Manzanillo es un sitio ideal para convivir con la naturaleza.

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