Primer año

Ciento treinta mil dólares vale un silen­cio. Ése es el costo para evitar uno de tantos escándalos posibles. Eso fue lo que el abogado de Donald Trump pagó a Stephanie Clifford, una joven que en el mundo del cine para adultos se hace lla­mar Stormy Daniels. ...

Yuriria Sierra

Yuriria Sierra

Nudo gordiano

 Ciento treinta mil dólares vale un silen­cio. Ése es el costo para evitar uno de tantos escándalos posibles. Eso fue lo que el abogado de Donald Trump pagó a Stephanie Clifford, una joven que en el mundo del cine para adultos se hace lla­mar Stormy Daniels. Ayer, The Wall Street Journal reveló este arreglo. El acuerdo sucedido en 2016, previo al inicio de la campaña. El objetivo era evitar que Stephanie difundiera detalles de un encuen­tro que sostuvo en 2006 con el entonces empresa­rio. Un arreglo que serviría para evitar golpes bajos en una campaña que estuvo plagada de ejemplos de la manera en que Trump se expresa de las mu­jeres, todos ejemplos dados por él mismo. Tal vez pagó evitar un escándalo, para entonces conver­tirse en protagonista de otros tantos. Todos nuevos. ¿Cuánto se había gastado ya de haber pagado 130 mil dólares por cada escándalo que le conocemos? Durante su campaña escuchamos el audio donde refiere que a las mujeres les gusta ser llevadas a la cama por un magnate o estrella de la televisión. También se le recordó cuando años atrás había llamado “perras, cerdas gordas y animales desa­gradables” a las mujeres feministas. Luego llegó el #RusiaGate y las sospechas de su falta en el pago de impuestos. Incluso se supo de la compra de una pintura suya que fue adquirida con dinero de la fundación que lleva su nombre, y que fue colocada en una de las paredes de la torre que también lle­va su nombre en Nueva York. Muchas cosas fueron ventiladas. Mismas que se ha encargado de negar, pero que quedaron en el registro con pruebas. Y que Trump no tiene otra herramienta para defen­derse que su propia palabra, a pesar de que ésta vaya en dirección contraria a la historia. Así suce­dió ayer, cuando un senador demócrata confirmó la declaración incendiaria del Presidente estadu­nidense y que llevó a la dimisión de su embajador en Panamá, por la incomodidad que le representó trabajar para un gobierno del que Trump es cabe­za. Quienes estuvieron presentes, al menos uno de ellos, ha dicho que sí lo escucharon calificar como “agujeros de mierda” a los países centroamerica­nos como Haití, El Salvador y naciones africanas. Sucedió en una reunión en la que le fue presenta­do un acuerdo para dar ciudadanía a los dreamers. También, tras las críticas y el juicio internacional, Trump se apresuró a decir en Twitter que no ha­bía dicho tal cosa. Pero testigos hay, tal vez olvidó que por 130 mil dólares alguna vez logró silenciar a alguien para proteger sus intereses. Dudo mu­cho que el demócrata hubiera aceptado perder la oportunidad de evidenciar lo que está más que evidenciado: el racismo de Donald Trump.

“Hablar de la verdad es la herramienta más po­derosa que tenemos. Me siento inspirada y orgullo­sa por las mujeres que se han sentido fuertes como para compartir sus experiencias (...) Afecta a razas, religiones, partidos. Gracias a todas las mujeres que han aguantado y soportado años de acoso. Como mi madre, tenían hijos que alimentar y fac­turas que pagar y sueños que hacer realidad. Son las mujeres cuyos nombres nunca escucharemos: limpiadoras, agricultoras, científicas, empresarias, deportistas, soldados”, dijo Oprah Winfrey el do­mingo pasado, al recibir su Golden Globe especial por su trayectoria. La personalidad de medios más influyente de EU envió un mensaje a un destinata­rio que jamás mencionó, pero que sabemos quién es. Y ocurrió justo un par de días después de que el presidente de EU se autonombrara estrella de la televisión (y genio).

“He entrevistado y representado a gente que ha sufrido muchísimo en la vida. Lo que tienen en común es mantener viva la esperanza de un mundo mejor. Quiero que todas las niñas que ven esto sepan que tenemos por delante un nuevo día. Y cuando amanezca será gracias a mujeres mag­níficas, muchas de las cuales están en esta sala. Y hombres que van a luchar unidos para convertir­se en líderes y para llegar a ese momento en que nunca haya que decir: ‘Me too’”, agregó Winfrey al final. Al día siguiente, amigos de la conductora afir­maron que ya piensa en la posibilidad de lanzarse como candidata en 2020. Faltan dos años, pero el Nobel de Economía, Paul Krugman, pronostica que Trump requerirá dos años para completar su ruina. Sus reformas y sus promesas se caen y que­dan sólo escritas en tuits. Trump se está quedando solo e incendiado, como la portada de la revistaTi­me, con la que conmemoran este primer año del Presidente que no quería serlo, pero que acabará, sin duda, como el más repudiado dentro y fuera de sus fronteras. Qué rápido y qué tanto sucedió en éste, su primer año. Le falta otro, según Krugman.

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