Ya empezó la misoginia…

La renuncia de Margarita Zavala no es para Anaya una decisión propia, sino que es un acto planeado desde el tricolor

Ahora resulta que el enemigo a vencer del PRI no es AMLO, sino el PAN. Ahora resulta que el PRI haría lo que fuera necesario para quedarse con el segundo lugar en la elección presidencial, no el primero. O más bien, no es el PAN, sino su dirigente nacional. No sé en qué momento me perdí que, de pronto, es Ricardo Anaya el personaje que hace que echen a andar toda la maquinaria priista. O eso dice él: “Están desesperados, van en tercer lugar y entonces se propusieron dividir al PAN en dos partes (…) en un mes y cachito me han dedicado 22 primeras planas; todas las notas son negativas y todas son mentira…”, me dijo ayer el presidente del CEN de Acción Nacional en entrevista en Imagen Televisión, refiriéndose a las portadas en El Universal que hemos visto en las últimas semanas. Asunto que se había convertido en su coartada favorita, pero entonces vino la renuncia de Margarita Zavala. Todos contra Anaya, asegura, porque no la vimos venir (porque no la creemos): se convirtió en el rival político a vencer, contra el que se arman los complots.

Y tal es su teoría de la conspiración, que recurre al más elemental acto de misoginia: el PAN le debe sus males no a su falta de diálogo con la que era su figura mejor posicionada rumbo a la elección de 2018, sino a la intención del PRI. La renuncia de Margarita Zavala no es para Anaya una decisión propia de la aspirante presidencial, sino que es un acto planeado desde el tricolor: “Hay un contexto, el PRI está interviniendo, ¿a qué parte del PAN está tratando de fortalecer el PRI (…) Ella no ha sido clara sobre cuál va a ser su posición frente a quien va a ser el candidato del PRI, que seguramente será José Antonio Meade…”, me agregó Anaya. Así, en la visión del dirigente blanquiazul, Zavala no tiene mérito alguno en la decisión que tomó; afirma que lamenta no haberla convencido de no irse, pero reitera su teoría de la conspiración a favor del tricolor, aunque ésta no tenga pies ni cabeza. Lo que sí está claro es la intención de Anaya por reducir la figura de Zavala al estilo de AMLO, quien se refiere a ella siempre como “la esposa de…”: “A mí no me metan en ese costal (…) dar contexto no es sinónimo de teoría del complot, yo entiendo que no les guste el contexto que yo les estoy dando, pero de ahí a que me parezca a López Obrador, hay una diferencia enorme…”; aunque no deja de decir que la renuncia de Zavala al partido es trabajo de y para el PRI. Y que no, no es lo mismo: ni misógino ni complot ni parecido a AMLO.

Y es que, dice que no, pero parece que sí: en todos los movimientos que ha hecho, Anaya sólo ha subrayado la idea de que se piensa sólo él como el candidato a la Presidencia. Candidato en automático. Si bien aún se tiene que negociar en público esta posibilidad con las otras partes que forman el Frente Ciudadano, el presidente de Acción Nacional debe pagar la factura que su partido le habrá de pasar, porque con la salida de Zavala las bajas seguirán ocurriendo, aunque se envalentone y diga que el Frente es primer lugar y que confía en los tiempos de campaña.

Ricardo Anaya, con actitudes antidemocráticas, ha generado la división de su propio partido. El PAN se le está desmoronando…”, me dijo otro dirigente, el priista Enrique Ochoa Reza, también en Imagen Televisión.

Y es que, aunque Anaya diga que no, lo cierto es que sí, todo indica que se ve como el rival a vencer, por encima de cualquier otro adversario. Ya destapó a José Antonio Meade y usa la salida de Margarita Zavala para ensuciar la posibilidad. Ni en los tiempos más arrojados de AMLO vimos al tabasqueño sostener tales teorías sin la realidad, al menos, de un liderazgo en la mano. Liderazgo que claramente Anaya no ha tenido aún el tiempo de construir, que todavía simplemente no posee, ¿o qué peligro cree que ven en él como para planear tanto compló en su contra? Por lo pronto, ahí está Acción Nacional de frente en el Frente y de espalda a su partido…

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