Peña, a un año

Es la hora del primer balance de la gestión del presidente Enrique Peña Nieto. Cumple un año en la administración federal el PRI, y el saldo de su gestión es, dicho llanamente, de claroscuros notables. Cuando Peña asumió la Presidencia, la comunidad internacional ...

Es la hora del primer balance de la gestión del presidente Enrique Peña Nieto. Cumple un año en la administración federal el PRI, y el saldo de su gestión es, dicho llanamente, de claroscuros notables.

Cuando Peña asumió la Presidencia, la comunidad internacional estalló en cierta expectación optimista. Se declaró confirmada la existencia del Mexican Moment, como una forma de encapsular las buenas expectativas que Peña había cosechado en sus giras al exterior previas a la toma de posesión, visitó América Latina, Europa y Estados Unidos durante ese periodo. Había, en esos foros, un borbotón de optimismo.

A nivel nacional, había más cautela. La pregunta obligada giraba en torno a una duda existencial: ¿qué tipo de PRI iba a gobernarnos? Era el “viejo” PRI conocido por todos: de la corrupción, corporativismo, régimen autoritario, control de medios de comunicación, o ¿será un nuevo engendro, desconocido por todos? Se le había comprado el subtexto de la campaña del PRI de que México requería el regreso de “los que sí saben gobernar”. La prueba estaba en ellos para demostrar la veracidad de lo prometido.

La comunidad internacional rápidamente vio frustrada su expectativa. La gestión económica del PRI ha sido un desastre. Es una situación creada por el propio gobierno, ante factores internos. La administración saliente dejó una plataforma de crecimiento cercano a 4% del PIB, lo cual explica, en parte, el optimismo internacional. No se ejerció debidamente el presupuesto federal, y todo el país lo resintió. La desaceleración ha causado una baja en la recaudación fiscal, redujo el empleo, lanzó a nuevos sectores a la informalidad, frenó el crecimiento y complicó el panorama económico de 2014. Hoy la expectativa de crecimiento real en 2013 se sitúa alrededor de 0%.

La situación económica generó, de rebote, un rechazo social muy fuerte a los nuevos impuestos aprobados por el Congreso de la Unión, bajo un modelo reivindicado por la izquierda mexicana como de “contenido social”. Así, emergió un nuevo agrupamiento político: gobierno federal, PRI y PRD en la aprobación de los impuestos y con la oposición del PAN.

En materia de seguridad, Peña prometió una nueva estrategia ante el crimen organizado, con características más “sociales”. Y, mientras el gobierno le bajó la presencia del combate al crimen en los medios de comunicación, Michoacán explotó en su cara, con tácticas guerrilleras, autodefensas y grupos armados merodeando por todo el estado, emboscando a la PF y sosteniendo una crisis política de gobernabilidad. La situación se acerca, peligrosamente, a la de una guerra civil. Este fenómeno se reproduce en muchos estados y el gobierno se apresta a enfrentarlo con todas las armas de la milicia a su disposición. Recurre a algunas estrategias tan criticadas de la administración anterior.

El Pacto por México es, sin duda, el hecho político más relevante de la administración de Peña. Logró lo que ninguna administración había hecho: sentar a las tres fuerzas fuertes del país a dialogar y pactar medidas legislativas. Ha sido criticado y ha enfrentado grandes problemas dentro del PRI, el PAN y el PRD. En el caso del PRI, los gobernadores han sido un freno para Peña en su afán reformista. En el PAN y el PRD han sido los legisladores quienes han resentido su marginación de las negociaciones que, por su naturaleza, tocan problemas que les corresponden a ellos resolver.

En política social, la Cruzada Contra el Hambre pretendía ser el barco insignia de este gobierno. Lula fue reclutado para darle realce, pero ha sido rebasado por los tiempos y los debates acerca de su sospechada pretensión de no ser más que un proyecto de recorporativización de sectores de pobres para uso político del PRI. El seguro de desempleo amenazó con convertirse en bumerán contra el  gobierno, pues pretendía financiarlo con dineros de los propios trabajadores.

Los desastres naturales han puesto mucha presión sobre los recursos del gobierno. Y el conflicto magisterial, que se pretende resolver con dinero, al igual que el movimiento del SME.

Así las cosas, volvieron “los que saben gobernar” al poder, sólo para demostrar que son, ellos mismos, su propio desmentido.

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