Otra vez, el hoy abierto

El temor más grande del fin de una dictadura es el proceso de sucesión del caudillo, dígalo si no Venezuela.

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María Marván Laborde 05/06/2014 01:41
Otra vez, el hoy abierto

Está el hoy abierto al mañana Mañana al infinito Hombres de España Ni el pasado ha muerto Ni está el mañana ni el ayer escrito.

Antonio Machado

 

¡El rey ha abdicado! ¿Viva el rey? ¿Ha abdicado la monarquía? El rey Juan Carlos de Borbón, nadie lo duda, fue una figura central de la transición española. El temor más grande del fin de una dictadura es el proceso de sucesión del caudillo, dígalo si no Venezuela. Franco murió el 20 de noviembre de 1975. El rey Juan Carlos I asumió la Corona dos días después y en los primeros días de 1976 nombró a Adolfo Suárez primer presidente de España. Ambas figuras fueron artífices de la aprobación de la nueva Constitución Española, el 6 de diciembre de 1978.

Por un lado, no podía haber vacíos de poder y, por el otro, era quizá demasiado pronto para pensar en un gobierno republicano. El derrocamiento de la Segunda República española y la consecuente guerra civil habían dejado profundas heridas en la sociedad española, mismas que, durante los 34 años que duró el franquismo, seguían a flor de piel.

Podría parecer en ese momento un anacronismo la restauración de la monarquía, sin embargo, habremos de reconocer que los resultados fueron buenos. Fue un acierto contar con un jefe de Estado. De los 39 años de reinado de Juan Carlos I, los primeros años fueron decisivos para la paz de España y la construcción del proceso de transición. Se inició lo que después conoceríamos como la tercera ola de democratización, proceso del cual el propio México tomó parte.

España se convirtió en el caso paradigmático de la transición pactada, la presidencia de Adolfo Suárez preparó todo para llevar a cabo una elección democrática y la redacción de la Constitución Española que daría lugar a la Monarquía Constitucional Parlamentaria en la que España ha vivido desde entonces.

El amplio proceso de inclusión de todas las ideologías, desde la extrema izquierda hasta la extrema derecha que pasó por el acercamiento político con importantes líderes políticos, entre los cuales destaca, sin lugar a dudas, Santiago Carrillo, hizo posible la construcción de un sistema político de partidos en el que ha habido tanto gobiernos de derecha como de izquierda. Podemos reconocer grandes aciertos, lamentables errores y vergonzosos escándalos de corrupción, lo mismo del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) como del Partido Popular (PP).

Juan Carlos I abdicó sigilosamente, tomando al mundo, pero sobre todo a España, por sorpresa. Renuncia en un momento de crisis política, cuando la Casa Real ha sido fuertemente cuestionada por escándalos de corrupción; en medio de una severa crisis económica que, a pesar de haberse prolongado por años, no parece encontrar respuestas certeras, sobre todo para reducir el número de parados; a pocos días de la votación más antieuropea llevada a cabo en el continente; en medio del creciente movimiento separatista de Cataluña, en fin… en un momento que se antoja, por decir lo menos, complicado.

De manera inmediata y simultánea se inició el proceso jurídico para formalizar la sucesión del trono al príncipe Felipe, que previsiblemente será convertido en el rey Felipe VI en pocos días, pero también salió a las calles el movimiento antimonárquico, republicano, que solicita la realización de un referéndum para determinar si los españoles quieren seguir viviendo bajo el régimen de una monarquía constitucional o bien es posible transitar hacia la conformación de la Tercera República española.

Nuevamente aparece la preocupación sobre la polarización de la sociedad española. Los referéndums tienden a dejar sociedades partidas por la mitad, ¿es el momento de tomar este riesgo? ¿No tomarlo provocará que se profundice la crisis política ya presente? Si se evade el proceso de consulta, ¿tendrá el rey la legitimidad para poder ser cabeza de Estado y vértice de unidad como su padre lo fue en un momento crucial de la historia? La respuesta está en el aire, sólo podemos decir, como el poeta, “ni está el mañana ni el ayer escrito”.

                *Académica

                Twitter: @MarvanMaria

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