Promesa al amanecer
Todas las madres queremos lo mejor para nuestros hijos. En ese camino se puede caer en sobreprotección, manipulación, dominio, pero también en cosas positivas como el énfasis en la confianza en uno mismo, la orientación para el descubrimiento personal y la ...
Todas las madres queremos lo mejor para nuestros hijos. En ese camino se puede caer en sobreprotección, manipulación, dominio, pero también en cosas positivas como el énfasis en la confianza en uno mismo, la orientación para el descubrimiento personal y la identificación de una vocación, dar alas y dejar volar.
La madre de Roman Kacew, más tarde conocido como el escritor Romain Gary, no puede quedarse en el punto intermedio. Adora a su hijo, pero no sabe imponerse límites a sí misma. Es voluntariosa, explosiva, dominante, invasiva, muy amorosa, sólo piensa en el futuro de Roman y quiere lo mejor para él. De esta singular relación madre-hijo, basada en el libro escrito por el propio Gary, Éric Barbier dirige y coescribe con Marie Eynard, Promesa al amanecer (La Promesse de l’aube, Francia, 2017), una segunda versión de la vida de Romain Gary, que ya fue llevada al cine con el mismo título en 1970 por Jules Dassin, con Melína Merkoúri interpretando a la avasalladora mamá.
Éric Barbier toma al personaje, nacido en 1914, desde su infancia en Vilna, cuando la ciudad era parte de Polonia Oriental. Vive con Nina Kacew, su madre soltera —muy bien la francesa Charlotte Gainsbourg—, de origen judío-ruso, que se sostiene haciendo sombreros para mujer y que convierte en su única y patológica razón para existir el hacer de Roman un hombre famoso, popular y reconocido. Con el argumento de que quiere lo mejor para él, primero trata de que se dedique a la música y la pintura, pero ninguna de las dos artes se le dan al pequeño Roman, interpretado de niño por Pawel Puchalski, muy convincente actor infantil en su primera película.
Muy temprano, Roman descubre que tiene talento para las Letras, pero, a la vez, en él se va desarrollando en él un sentimiento de culpa y una obsesión, porque está convencido de que su destino es no defraudar a su madre y superar las expectativas que ella ha depositado en él. Aun con todo el amor que se prodigan, Nina y Roman entran en una relación patológica que daña severamente la vida de él.
Nina es una mujer fuerte, toda una guerrera que ha enfrentado muchas adversidades, pero cualquier obstáculo vale la pena si la lleva a hacer de Roman un gran soldado, un héroe de guerra, un gran escritor, un influyente diplomático, alguien famoso reconocido mundialmente. Parecería que Nina se obsesiona como muchos padres que quieren realizarse a través de los éxitos de sus hijos y, por otro lado, Roman, interpretado por Pierre Niney en su edad adulta, nunca está conforme con lo que va logrando, su vida queda marcada para siempre.
Promesa al amanecer se sostiene en las interpretaciones de los actores, porque por momentos pierde ritmo y se siente lenta e innecesariamente larga.
Aun así, es una película recomendable.
