Las hijas de Abril
No cabe duda de que Michel Franco no sabe salir con las manos vacías del Festival de Cannes. Es el cineasta mexicano más premiado en ese evento, ganando dentro de la Sección Una Cierta Mirada con Después de Lucía, en 2013. En 2015, el Premio al Mejor Guión con Cronic ...
No cabe duda de que Michel Franco no sabe salir con las manos vacías del Festival de Cannes. Es el cineasta mexicano más premiado en ese evento, ganando dentro de la Sección Una Cierta Mirada con Después de Lucía, en 2013. En 2015, el Premio al Mejor Guión con Cronic y, el más reciente, el Premio Especial del Jurado, también dentro de Una Cierta Mirada, con la película que se estrena este viernes en nuestro país: Las hijas de Abril.
Victoria (Ana Valeria Becerril) y Clara (Joanna Larequi) son dos hermanas que viven en una casa a la orilla del mar en Puerto Vallarta. El día se inicia cuando Clara, que anda en sus treinta, prepara el desayuno de mala gana mientras oye, oímos, los gemidos de placer que vienen de la habitación contigua de la que después sale Victoria, de 17 años, sudando, desnuda, con un avanzado embarazo.
Las hermanas con trabajo se dirigen la palabra. Clara está deprimida, tiene sobrepeso, es desaliñada, abandonada de sí misma.
El amante de Victoria es Mateo (Enrique Arrizon), también un adolescente. Ambos están enamorados y desean al niño que viene en camino, pero Clara, quien no puede con la presión económica, ha decidido llamar a la mamá, Abril, interpretada por la actriz española Emma Suárez, que acabamos de ver en Julieta, de Pedro Almodóvar.
Abril se presenta en la casa como un tornado; es una madre ausente, en sus cincuenta, divorciada, guapa, vital e independiente. Parece entrarle al juego del bebé en camino y la abuela ilusionada.
La relación entre las tres mujeres parece estar en la cuerda floja.
En el guión es importante el hecho de que Abril no sea mexicana. Las europeas son mucho menos conservadoras y con otra visión de la maternidad, pero aun así el libreto va desarrollando una faceta muy oscura sin que entendamos con claridad por qué.
Es evidente y comprensible su necesidad de sentirse joven, atractiva, poderosa, deseada, pero sufre de una enfermiza inclinación a dominar la vida de sus hijas.
La interpretación de Abril es un bocado de cardenal para una actriz y Emma Suárez es muy convincente en su comprensión y expresión del complejo arco del personaje.
Abril se debate entre la crisis de la etapa que vive cuando va viendo que la juventud se acaba, pero no se justifica bien su deformación.
La visión que Michel expresa sobre la maternidad se antoja demasiado oscura. Aun así percibo una evolución en su forma de contar la historia.
Perfecciona la técnica de que la acción siga sucediendo fuera de la pantalla aunque no veamos a los actores, pero a la vez permite más movimiento a la cámara.
De nuevo somos los testigos mudos de la intimidad y los secretos de seres humanos comunes y corrientes a los que no se juzga, dejando ese trabajo al espectador.
Muy recomendable.
