La vida de Calabacín

Aunque se sigue asociando el cine de animación con historias para niños, afortunadamente los grandes estudios, líderes en este género, ya llevan varios años ocupándose de que los argumentos y los personajes se conecten con la mente infantil, pero, sobre todo, han ...

Aunque se sigue asociando el cine de animación con historias para niños, afortunadamente los grandes estudios, líderes en este género, ya llevan varios años ocupándose de que los argumentos y los personajes se conecten con la mente infantil, pero, sobre todo, han capturado al público adulto.

La vida de Calabacín (Ma vie de Courgette, Francia-Suiza, 2016) es una muy lograda película en stop motion. Se trata de una técnica consistente en provocar la ilusión de movimiento en objetos estáticos, mediante la sucesión de miles de imágenes fijas. Ejemplos muy recientes son El cadáver de la novia, The night before Christmas, la serie británica Wallace and Gromit, la cinta Pollitos en fuga (Chicken run) y muchas más.

No son dibujos animados ni caracteres generados digitalmente. Para el stop motion se pueden usar todo tipo de materiales: figuras de madera articuladas, elementos de tela con estructura alámbrica, piezas para armar, pastas moldeables como la plastilina.

La vida de Calabacín estuvo nominada al Oscar y al Globo de Oro como mejor película animada. Recibió innumerables nominaciones y reconocimientos en todo el mundo, y se trata de una pequeña joya de escasos 66 minutos que usted no puede perderse.

Está dirigida por Claude Barras y se basa en el libro homónimo de Gilles Paris con una espléndida adaptación de Céline Sciamma también muy premiada. Al contrario de lo que sucede siempre es un relato sensible y conmovedor que ha seducido al público adulto, y que también puede interesar a los niños.

Se inicia con Ícaro, un pequeño niño de 9 años que prefiere que le llamen Calabacín. Vive con su abusiva mamá que pasa el tiempo bebiendo cerveza y viendo telenovelas. Lo maltrata, pero es su mamá y Calabacín la quiere. Ella muere accidentalmente y el niño va a parar a un hogar para niños en el que nos encontramos con pequeños abandonados, de padres drogadictos, golpeadores y hasta asesinos, niños con patologías y carencias. No se escatima en la descripción de la realidad de cada personaje, pero tampoco se cae en el chantaje sentimental. El guión es sutil como se ve en la secuencia del accidente de la mamá de Calabacín, y el lenguaje es el que usan los chavos preadolescentes como cuando exponen de manera simple su “teoría” de lo que pasa entre un hombre y una mujer, o cuando Simón, un niño del orfanato, le habla a Calabacín de las traumáticas vidas de sus compañeros porque lo ha leído a escondidas en los expedientes.

En La vida de Calabacín es inevitable encariñarse con los personajes infantiles que se entristecen por el abandono y maltrato del que han sido víctimas, pero al mismo tiempo saben jugar, divertirse y ser felices con cosas pequeñas. Aunque no es muy halagüeña la recreación del mundo de los adultos, hay algunos que se salvan por su bondad y el cuidado y cariño que prodigan a los pequeños.

Es muy recomendable.

Temas: