La chica desconocida
Tras las recientes elecciones en Francia, que fueron un claro indicador de la preocupación en ese país por no caer en el canto de las sirenas de las políticas populistas de ultraderecha, antinmigrantes y retrogradas, se antoja muy oportuno el estreno de la más reciente ...
Tras las recientes elecciones en Francia, que fueron un claro indicador de la preocupación en ese país por no caer en el canto de las sirenas de las políticas populistas de ultraderecha, antinmigrantes y retrogradas, se antoja muy oportuno el estreno de la más reciente película de los hermanos Jean-Pierre y Luc Dardenne, nominada a la Palma de Oro en el pasado Festival de Cannes: La chica desconocida (La fille inconnue, Bélgica-Francia, 2016), que se basa en un argumento escrito por los Dardenne.
La historia, siempre en la línea realista y austera con crítica social incluida de los hermanos belgas, nos presenta a Jenny Davil, interpretada por la actriz Adèle Haenel, una joven y entregada doctora que atiende en su consultorio, ubicado en un suburbio de Francia, en el que hay carencias, desigualdades sociales, inseguridad y violencia. A través de los pacientes y las visitas a domicilio que realiza, se recrea el entorno socioeconómico de clase media y media-baja en que Jenny se mueve. Es una mujer enigmática, taciturna, casi inexpresiva. Sabemos poco o nada de ella, y en algún momento como espectadores necesitamos esa parte de la historia. Quién es Jenny, de dónde viene, por qué ese hermetismo, la soledad y la introversión que sólo rompe en presencia de sus pacientes, a los que trata con particular atención.
Una noche, cuando está a punto de retirarse, alguien toca la puerta de su consultorio, pero Jenny decide que ya es muy tarde y que si es urgente insistirán, lo que no ocurre. Al día siguiente, la policía la busca para decirle que el cadáver de una mujer apareció en el muelle y se está investigando por dónde estuvo antes. La cámara de seguridad del consultorio muestra que una mujer africana declarada desconocida llegó huyendo de alguien y pedía auxilio, pero siguió su carrera. En ese momento, Jenny se siente profundamente culpable por no haber abierto la puerta, pues probablemente esa mujer todavía estaría viva. A partir de ahí la historia se convierte en un thriller en el que la principal investigadora es Jenny, que no quiere saber quién la mató, sino quién era esa mujer anónima.
La premisa es atractiva, pero el relato se desarrolla alejado de la emoción. Los Dardenne optan por un lenguaje que hace difícil conectarnos con la historia y, sobre todo, con la protagonista, quien no entabla vínculos profundos con nadie, a pesar de ser una mujer con franca vocación y entrega en el ejercicio de su carrera. Es cierto que en los primeros minutos ella establece ese código cuando le dice a un pasante “no te involucres con los pacientes, porque eso te impide ser objetivo y dar un buen diagnóstico”. Pero eso mismo obra en contra como factor que impone una distancia entre las circunstancias del personaje y el espectador, lo que nos impide identificarnos y conmovernos, quedándose La chica desconocida en una superficial capa de la piel, lejos de películas muy superiores de los Dardenne como La promesa, El niño de la bicicleta y, sobre todo, El niño.
