El fin del sueño americano

Una larga lista de comentarios y críticas a esta película, la primera como director del actor escocés Ewan McGregor, la han descalificado en cierta forma por su dificultad para hacer justicia al título original. Premio Pulitzer y medalla Nacional de las Artes, la novela ...

Una larga lista de comentarios y críticas a esta película, la primera como director del actor escocés Ewan McGregor, la han descalificado en cierta forma por su dificultad para hacer justicia al título original. Premio Pulitzer y medalla Nacional de las Artes, la novela American Pastoral llega a nuestras pantallas como El fin del sueño americano. Escrita en 1997 por Philip Roth, es una novela muy popular y de gran trascendencia que hace una disección de los cambios sociales, culturales y políticos en la Unión Americana de la década de los sesenta.

Vista desde la perspectiva de alguien que no leyó el libro, encuentro algunos aciertos y fallas en esta versión cinematográfica, cuyo guión está escrito por John Romano, con mucha más experiencia en televisión que en cine. Es innegable que McGregor se mete en camisa de once varas para debutar como director, en un proyecto complejo en el que además es el protagonista.

La historia se inicia en la actualidad cuando un escritor, que será el narrador del relato, interpretado por un lamentablemente desaprovechado David Strathairn, llega a una reunión de su generación escolar. Caminando por los pasillos encuentra fotos del que fue el estudiante destacado de su tiempo, el all american boy, Swede Levov, Ewan McGregor, que no acaba de instalarse en el personaje. Swede es un buen hombre con ideales, que cree en un país con libertades y derechos, es el clásico norteamericano que representa el sueño de que todo es posible en “America”; es un gran personaje, pero Ewan McGregor evidencia ciertas dificultades para darle las dimensiones que requiere a este muchacho de origen judío, bien parecido, gran deportista, que se casó con Dawn, católica, la “chica más bella de la época”, una espectacular Miss New Jersey, interpretada por Jennifer Connelly.

La historia viaja al pasado, en plena década de los sesenta con su efervescencia cultural, social, política y racial. Los Levov con su hija Merry, parecen ser el sueño de cualquier familia, pero Merry es conflictiva. Tartamuda desde la infancia, ya en la adolescencia está bien interpretada por Dakota Fanning, se ha identificado con los movimientos de rechazo a todo lo establecido que caracterizaron a los jóvenes de los sesenta. Merry es agresiva con sus padres y protesta contra el gobierno de Lyndon Johnson y su propósito de no sacar a los EU de Vietnam, contra la marginación de los negros, contra la pobreza, simpatiza con la doctrina comunista, su desencanto con la vida “burguesa” como la ha conocido, la lleva a convertirse en un ser irreconocible para sus padres a los que desafía de manera frontal. Es la encarnación de la rebeldía de una década fundamental en el siglo XX.

Esto causa una severa fractura en el núcleo familiar y es precisamente Swede quien cargará sobre sus hombros una lucha de años por recuperar a su familia.

Con algunas deficiencias, sobre todo en las actuaciones, es recomendable.

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