Saint Amour
Con su gran cantidad de kilos de más y la intensa personalidad que irradia en la pantalla, a los 68 años Gérard Depardieu se mantiene envidiablemente activo, filmando en Francia un promedio de tres películas por año, incluidas series de televisión. Trabajo no le ...
Con su gran cantidad de kilos de más y la intensa personalidad que irradia en la pantalla, a los 68 años Gérard Depardieu se mantiene envidiablemente activo, filmando en Francia un promedio de tres películas por año, incluidas series de televisión. Trabajo no le falta, ya que después de la cinta que comentamos hoy ha filmado o tiene en preproducción otras cinco más. Obviamente no todos sus proyectos son buenos. Su carrera me recuerda un poco la trayectoria de Robert De Niro, que en ocasiones se involucra en producciones muy menores, hasta mediocres para su perfil como actor y su gran talento.
El Tour de Cine Francés se encarga de traernos cada año una comedia o drama romántico protagonizado por Depardieu, lo cual lo hace un actor muy identificado en nuestro país.
La semana pasada se estrenó Saint Amour, producción Francia-Bélgica dirigida por Benoît Delépine y Gustave de Kerverne. Es una comedia sencilla sin mayores pretensiones que en gran medida funciona por la calidad actoral y la simpatía de los protagonistas, que a su vez representan tres generaciones de hombres: Gérard Depardieu, Benoît Poelvoorde y Vincent Lacoste.
Depardieu es Jean, un granjero entregado a su tierra y sus animales que cada año visita una Feria en el Salón de la Agricultura de París, en la que concursa con su mejor ejemplar, un gigantesco toro. Lo acompaña su hijo Bruno, Poelvoorde, que hace una divertida pareja con Depardieu. Bruno es un cincuentón alcohólico, bueno para nada, que no ha sentado cabeza y además tiene una relación muy tirante con su padre, que busca convencerlo de que trabaje en la granja.
Dentro de la feria y con otro amigo, Bruno hace un recorrido de las regiones vinícolas de Francia, cuyos productores llevan a presentar sus vinos. Ambos acaban en condiciones lamentables y Jean, un Depardieu bien instalado en el personaje, con sus kilos y el pelo blanco, decide llevar al hijo a hacer un recorrido por las diferentes zonas productoras de vino en Francia, contratando un taxi y un joven chofer, que es el tercer personaje en la historia, Mike, Vicent Lacoste.
La historia se convierte en una road movie muy en la línea de Sideways-Entre copas, que es definitivamente superior a Saint Amour, aunque es muy humana y bien lograda la descripción de cada personaje: Jean como el veterano que quiere acercarse a su inmaduro hijo y ayudarlo a ubicarse, Bruno que está lleno de inseguridades y teme a las mujeres, Mike que “disfraza” sus problemas íntimos con historias falsas.
Con varias secuencias disparatadas se va armando un argumento sobre las relaciones padre-hijo, el amor, la amistad. Un gran momento es cuando Bruno, excelente Benoît Poelvoorde, que por algo ha sido premiado en Cannes, enumera las diez etapas por las que se pasa durante una borrachera.
Se antoja que profundizaran en ese atractivo recorrido entre los famosos viñedos de Francia, pero a fin de cuentas el objetivo de la historia es que los tres hombres se encuentren a sí mismos a través de su interacción con los otros.
Es recomendable.
