Un hombre a la altura

De entre los siete largometrajes que integran la edición de este año del Tour de Cine Francés, se estrena la comedia romántica Un hombre a la altura Un homme à la hauteur, 2016, dirigida por Laurent Tirard y remake a la francesa con aciertos y desaciertos, del original ...

De entre los siete largometrajes que integran la edición de este año del Tour de Cine Francés, se estrena la comedia romántica Un hombre a la altura (Un homme à la hauteur, 2016), dirigida por Laurent Tirard y remake a la francesa con aciertos y desaciertos, del original argentino Corazón de león, de Marcos Carnevale, protagonizada por Guillermo Francella.

Un acierto de esta nueva versión francesa es la presencia de Jean Dujardin como protagonista, acompañado de Virginie Efira, actriz belga que viene de la conducción en televisión y que, sin duda, tiene talento como intérprete, además de una simpatía natural que la hace muy atractiva.

Efira es Diane, una exitosa abogada en sus treinta, bonita, independiente, recién divorciada. Una mañana recibe la llamada de Alexander (Dujardin) que le dice que la noche anterior ella olvidó su celular en un bar y que para devolvérselo la invita a salir. Diane duda un momento, pero la voz y el aplomo de Alexander la convencen y acepta.

Él es un exitoso arquitecto, soltero, guapo, divertido, con una gran seguridad en sí mismo, pero con poca suerte en el amor a causa de una característica peculiar: mide entre 1.35 y 1.40. Sus parejas no han podido superar el caminar por la calle junto a Alexander y que todo el mundo los mire con curiosidad. Aquí entra un desacierto en la recreación digital de la corta estatura del personaje, que en algunas secuencias se siente fallida o desproporcionada.

Cuando se conocen hay un flechazo, pero, obviamente, para Diane la talla de Alexander representa un gran inconveniente, y sobre eso versará el desarrollo de Un hombre a la altura, que pudo ser una comedia mucho más eficiente en la que están desaprovechados ambos personajes.

El arranque promete una película cumplidora, pero el argumento y las salidas, ya muy vistas en este tipo de películas, se van desdibujando poco a poco.

Las comedias románticas en torno a parejas disparejas se cuentan por cientos. Los defectos físicos y la presión social o el “qué dirán”, hacen un buen coctel para que una relación transite por severos obstáculos para consolidarse, y la premisa permite buenas y malas historias.

En Un hombre a la altura Laurent Tirard cae en algunos clichés, y aun con dos buenos actores nos deja con la sensación de que vimos una película desabrida. Como es obligado en el género, le apuesta al concepto, muy desgastado, de que la verdadera belleza de una persona está en su interior. Me recuerda a Amor ciego, de los hermanos Bobby y Peter Farrely, que sí tiene la originalidad de que el protagonista, Jack Black, efectivamente ve en una obesa rubia, Gwyneth Paltrow metida en una enorme botarga, a la mujer más atractiva y esbelta del mundo.

En una sociedad como la actual, en la que el aspecto físico es una obsesión que raya en lo patológico, Un hombre a la altura se convierte más bien en una especie de fantasía en la que, aunque el tamaño sí importa, no se explotan las posibilidades que permitían los prejuicios de la protagonista y su mundo aburguesado para lograr una buena comedia.

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