Sangre de mi sangre

Capoteando problemas profesionales, personales y críticas, Mel Gibson regresa a un papel que siempre le ha quedado muy bien: padre de familia en crisis. Sólo para recordarlo en esa faceta, aquí van algunos títulos: Lo que ellas quieren, Ransom, El Patriota, Señales, Al ...

Capoteando problemas profesionales, personales y críticas, Mel Gibson regresa a un papel que siempre le ha quedado muy bien: padre de familia en crisis. Sólo para recordarlo en esa faceta, aquí van algunos títulos: Lo que ellas quieren, Ransom, El Patriota, Señales, Al límite, etc.

Sangre de mi sangre (Blood father, Francia, 2016) está dirigida por Jean-François Richet y se basa en la novela homónima de Peter Craig. Sigue a un hombre que ha pasado varios años en la cárcel y ha decidido enderezar su vida lejos del crimen. Link, Gibson, vive en una casa rodante en el desierto y tiene un negocio de tatuajes. Va sobreviviendo portándose bien en libertad condicional, pero su tranquilidad está alterada desde hace tiempo por la desaparición de su hija que, tras el divorcio, quedó bajo la custodia de la mamá. Nadie sabe nada de ella.

Gibson carga muy bien la película sobre sus hombros. Link es un hombre rudo con cierta bondad en su interior, pero cuando se trata de su hija está dispuesto a todo. Nos recuerda incluso al vengativo Mad Max de sus años mozos.

Ha tenido además la inteligencia de renunciar, hasta el momento, a cirugías plásticas y correcciones. El rostro es un recurso fundamental para el actor-actriz de cine, y Mel Gibson lo tiene surcado de arrugas y con algunas cicatrices que hablan de su propia biografía, y también de la del atormentado personaje al que da vida en la pantalla. Sus intensos ojos azules miran con resentimiento, pero también puede estar cargado de ternura hacia la hija.

La hija es Lydia, tiene apenas 16 años y está interpretada por Erin Moriarty. Trae en la sangre la tendencia a la delincuencia, se ha involucrado con miembros de un cártel, mexicanos por supuesto, y está perdidamente enamorada de su líder Jonah, un muy desabrido Diego Luna como el villano de la película.

Cuando siente que ya no puede con los problemas busca a su papá y le para la vida de cabeza, pues la persiguen unos implacables sicarios, muy en el sobado cliché del hispano-tatuado-perverso. Link decide no perder a su niña de nuevo y se inicia una feroz persecución. Para sobrevivir refresca sus habilidades criminales y busca a sus poco recomendables contactos, uno de ellos un líder de un cártel, todavía en la cárcel, que por cierto, y me llamó mucho la atención, tiene la cabeza rapada y en vez de pelo tiene un escudo nacional mexicano tatuado.

Por ahí anda también William H. Macy, muy desperdiciado como el amigo incondicional y “tutor” de Link en su situación de libertad condicional.

Sangre de mi sangre funciona bien como entretenimiento, ya que Mel Gibson es muy creíble como el padre desesperado, pero ahora su personaje tiene los recursos destructivos de sus perseguidores, lo que lo pone casi en igualdad de circunstancias. Tiene buenos momentos de acción, pero también profundiza en la historia de un hombre que cayó muy bajo y saca lo mejor de sí para ayudar a su hija a construir la vida que no pudo darle.

Vale la pena por Mel Gibson.

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