El comienzo del tiempo

Una película mexicana muy singular llega con escasa distribución a algunas salas de la Ciudad de México: El comienzo del tiempo, dirigida por Bernardo Arellano en 2014, y que gracias a su destacado paso en múltiples festivales, por fin llega con 11 copias a la Cineteca ...

Una película mexicana muy singular llega con escasa distribución a algunas salas de la Ciudad de México: El comienzo del tiempo, dirigida por Bernardo Arellano en 2014, y que gracias a su destacado paso en múltiples festivales, por fin llega con 11 copias a la Cineteca Nacional y salas de Cinépolis y Cinemex.

En numerosas ocasiones he comentado en este espacio el desinterés que se tiene por parte de los realizadores hacia cierto sector del público, particularmente los ancianos-tercera edad-adultos mayores, o como usted prefiera referirse a ellos. Parecería que hemos caído, desde hace ya muchos años, en una subvaloración de nuestros mayores, de los viejos que nos abrieron el camino, que nos enseñaron a vivir, que han sido los pilares de nuestras familias. Hoy reciben poco reconocimiento, a algunos familiares les estorban, mantenerlos les resulta una molestia, leerles un rato, darles de comer, ayudarlos a bañarse, acompañarlos, son tareas que tristemente en ciertas familias se turnan sin paciencia, con desánimo y hasta disgusto.

Los protagonistas de El comienzo del tiempo son varios actores ancianos, que andan en promedio en los 85 años, no profesionales, lo que en efecto se les nota, pero su espontaneidad y frescura acaban generando un lazo con el espectador. Además es una película muy mexicana; el retrato de la dolorosa realidad que viven los viejos en este país y la soledad de este matrimonio que sólo se tiene a si mismo resultan dolorosamente conocidas.

Toño, el debutante a los 94 años, Antonio Pérez Carbajal, es un jubilado casado con Berta, interpretada en sus 83 años por Bertha Ramírez Misstilipiss. Viven al día y dependen de la pensión de él, y cuando la película se inicia, Toño se entera de que el gobierno ha decidido suspender las pensiones por ajustes presupuestales. Toño es optimista, quiere a su esposa, y visita a sus amigos. Su único hijo, interpretado por José Sefami, los tiene en el más completo abandono, pero no se dan por vencidos y empiezan a vender tamales en la calle.

Por momentos algunos diálogos se sienten reiterativos, y un poco forzados por la insistencia en la crítica social y los malos manejos en el gobierno que “nos tienen en esta situación”, y que innegablemente favorecen que los viejos como Toño y Bertha estén marginados y con una pobre calidad de vida.

Aun así, el guión no se centra en la denuncia social, sino más bien en el amor, la comprensión, la esperanza y la complicidad entre esta pareja, y su lucha por la sobrevivencia. El ritmo es lento, como transcurren los días de Toño y Bertha, pero los personajes secundarios son un buen complemento que incluso aportan los momentos de humor, como es el caso del peluquero enamorado que le escribe poemas a su amada, el relojero que hace filosofía en torno al origen del Universo, el amigo que quiere cambiar al país y está organizando una marcha de protesta, la mujer que lee las cartas a Bertha, el nieto bueno para nada (Francisco Barreiro), que cambiará su vida al descubrir a los abuelos.

Es una película diferente que se deja ver, e insisto, muy mexicana.

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