Mente implacable
Desde siempre la gran queja por parte de las actrices de Hollywood es que cuando llegan a cierta edad empiezan a perder oportunidades, y que los personajes interesantes se cuentan con los dedos de una mano. Nada más cierto. Culturalmente el público no perdona el ...
Desde siempre la gran queja por parte de las actrices de Hollywood es que cuando llegan a cierta edad empiezan a perder oportunidades, y que los personajes interesantes se cuentan con los dedos de una mano. Nada más cierto. Culturalmente el público no perdona el envejecimiento en un rostro femenino en el cine; en cambio en los hombres sí.
Por ello los actores la tienen más fácil. En una industria misógina y machista, con que se pongan fortachones y se conviertan en otoñales héroes de acción ya la hicieron. Así ha sucedido con Liam Neeson, Bruce Willis, Sylvester Stallone –aunque se ha destrozado la cara–, Arnold Schwarzenegger, Pierce Brosnan, Mel Gibson, etc. A ellos se suma Kevin Costner, quien con Mente implacable (Criminal, Reino Unido, 2016) ya podría instalarse en la lista.
La película se inicia cuando Bill Pope, un agente del FBI interpretado por Ryan Reynolds que aparece unos cuantos minutos, es perseguido y capturado por delincuentes que lo torturan hasta la muerte para que revele dónde está un terrorista cibernético. El cuerpo de Pope es rescatado por el FBI y mantienen su cerebro “vivo” para rescatar sus memorias.
Por otro lado conocemos a Jericho, Kevin Costner, un condenado en una prisión de máxima seguridad que se caracteriza porque sufrió una lesión cerebral de pequeño, y ha perdido la capacidad de sentir, conmoverse, emocionarse. No puede reconocer entre el bien y el mal, no le importa nada ni nadie, es primitivo, violento, explosivo y sumamente peligroso. Esto lo hace el candidato ideal para que, mediante una cirugía en fase experimental, le sean implantados los recuerdos de Pope y así encontrar al terrorista antes que las fuerzas del mal.
Acompañan a Costner en el reparto un muy sobreactuado Gary Oldman como el desbocado líder del grupo de agentes del FBI, que a costa de las vidas de hombres, mujeres o niños quiere cumplir con su objetivo. El español Jordi Mollà que tiene el mismo problema de Antonio Banderas para adueñarse de sus líneas, y decirlas con naturalidad en inglés. Nunca está claro qué quiere, suena forzado y muy acartonado, no convence. Tommy Lee-Jones es el vanguardista neurocirujano que ha trabajado en la técnica para implantar recuerdos de un cerebro a otro. El actor ha tenido muchos momentos mejores que su trabajo en esta cinta, en la que se ve gris, casi desinteresado.
Gal Gadot, La Mujer Maravilla, pasa bien la prueba como la esposa de Bill Pope a la que Jericho recurre, siguiendo las pistas que le llegan a la mente por los recuerdos del agente fallecido.
Como vehículo del lucimiento de Kevin Costner la película funciona medianamente, pues el guión cae en contradicciones, es enredado y muy predecible. Costner también sobreactúa impostando la voz para sonar más rudo, pero como dijimos al principio va en camino de engrosar a las filas de los sesentones que ahora nos recetan como héroes de acción.
Buena para verla en la tele un sábado en la tarde.
Me ausentaré de este espacio para un descanso, pero me reincorporo el viernes 29 de julio. Felices vacaciones.
