Saint Laurent

En octubre de 2014 escribí en este mismo espacio un comentario a la película Yves Saint Laurent, dirigida por el actor Jalil Lespert, quien también escribió el guión. Aquella película era la biografía cinematográfica autorizada por el empresario Pierre Bergé, socio ...

En octubre de 2014 escribí en este mismo espacio un comentario a la película Yves Saint Laurent, dirigida por el actor Jalil Lespert, quien también escribió el guión. Aquella película era la biografía cinematográfica autorizada por el empresario Pierre Bergé, socio y compañero sentimental del modisto y diseñador Yves Saint Laurent.

De manera simultánea se estaba estrenando en Francia otra película titulada Saint Laurent, para algunos considerada superior, aunque a mí sólo me parecen tratamientos diferentes. Con una visión más cruda, Bergé no le dio su visto bueno.

Es esa versión la que nos ocupa hoy y que se estrena en México esta semana.

Dirigida por Bertrand Bonello, en esta historia vemos a un Yves Saint Laurent desenfrenado, apasionado en el amor, en la creación artística, con dolorosas altibajas en su salud mental y física. Entregado a excesos, consumo de drogas, diversas relaciones homosexuales casi autodestructivas. Un hombre en una búsqueda constante de sí mismo a través de la frivolidad, el glamour, el deseo, el amor.

Bonello colabora en la elaboración del guión con Thomas Bidegain (La familia Belier, Metal y hueso, Un profeta), y juntos recrean la vida del modisto basándose particularmente en el periodo comprendido entre 1967 y 1976, que fue la etapa más creativa, revolucionaria y vanguardista del diseñador, un hombre más bien triste, como lo muestran muchas imágenes originales.

En efecto, esta versión muestra  a Saint Laurent trabajando, en especial dibujando, creando sus diseños, pero queda un poco velada la causa de su forma de ser, el origen de su enigmática personalidad.

Para  esta biopic, que se percibe como un desordenado rompecabezas, el joven actor Gaspard Ulliel (Hannibal: El origen del mal) estudió a  fondo al personaje en toda la delicadeza de su lenguaje corporal, forma de caminar, de hablar, de mover las manos, la cabeza, etc., y además logró un parecido físico impresionante. En los últimos años de Saint Laurent la interpretación recae en el actor alemán Helmut Berger, quien de alguna manera también se interpreta a sí mismo.

La película se inicia cuando Saint  Laurent se registra en un hotel en París y comenta que va a esa ciudad a dormir. Hace una llamada  diciendo a la persona que le contesta que acepta darle la entrevista que le solicitó. En lo que le dice después, está la escasa información que recibimos de su infancia, y se antoja saber más. Parecería que Bertrand Bonello da por hecho que los espectadores conocemos los detalles de la complicada vida de este hombre.

En Saint Laurent no se especifica que sufrió severas depresiones nerviosas toda su vida, sólo se habla de su adicción a los medicamentos a partir de los tratamientos médicos a que era sometido. Bonello prefiere profundizar en la época, años sesenta y setenta, en los que Saint Laurent dejó una marca indeleble, revolucionando para siempre  la moda femenina.

El tiempo está manejado de manera desarticulada, se brinca de un año a otro y confunde, pues además no permite establecer lazos con el personaje, aunque el diseño de arte es un gran valor de esta versión de la vida del modisto. La recreación de las discotecas y antros, sus oficinas, talleres y departamento, los entretelones de las pasarelas, el desfile casi al final, son muy atractivos visualmente.

Es recomendable desde ese punto de vista.

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