Un ilustre desconocido
Probablemente el mejor estreno de este fin de semana sea la película francesa: Un ilustre desconocido Un illustre inconnu, 2014, dirigida por Matthieu Delaporte y coescrita por él y Alexandre de La Patellière. Delaporte tiene más presencia en su país como escritor para ...
Probablemente el mejor estreno de este fin de semana sea la película francesa: Un ilustre desconocido (Un illustre inconnu, 2014), dirigida por Matthieu Delaporte y coescrita por él y Alexandre de La Patellière.
Delaporte tiene más presencia en su país como escritor para televisión, y, de hecho, ésta es apenas su tercera película como director. La historia es un thriller inteligente, impredecible, con recovecos sicológicos, muy bien contada. Cuenta sobre todo con el trabajo de un actor camaleónico, excepcional: Mathieu Kassovitz, que con naturalidad se desempeña en películas como Gothika, Munich, Los ríos de color púrpura y hasta Amelie. Igual puede verse juvenil que maduro, rudo o inocente y hasta tierno. En cada película el hombre es una sorpresa y ésta no es la excepción.
Un ilustre desconocido se inicia con Sèbastien (Kassovitz). Un hombre de edad indefinida, solitario, metódico, rayando en la obsesión por el orden y la limpieza. Trabaja en una oficina de bienes raíces y con relativa frecuencia se reúne con su madre y hermana. En los primeros minutos Sèbastien ordena y limpia perfectamente su casa, sella ventanas y cualquier rendija, escribe una carta de despedida y abre las llaves del gas. Viajamos al pasado.
Sèbastien nos da la impresión de que no está cómodo consigo mismo. Algo en él no le gusta, no le satisface, no quiere ser Sèbastien; esto se confirma en la conversación que tiene con un sacerdote que lo conoce desde la infancia y ha tratado de orientarlo; a él le confiesa su hartazgo, su rechazo.
Su lenguaje corporal, lo que dice sin palabras —muy bien representado por Mathieu Kassovitz que lleva el peso de la película—, es el de un hombre cansado, rutinario, taciturno, casi apesadumbrado, pero hay algo oculto en su enigmática personalidad. Sèbastien ha ideado un sistema por el cual selecciona a una persona de su día a día, generalmente clientes con los que entra en contacto para la venta de departamentos y casas. Observa detenidamente al elegido, sus gestos, sus rasgos, tono de voz, forma de moverse y caminar, color de piel, de pelo, forma de vestir, de mirar, el acento al hablar. Registra hasta el más mínimo detalle.
Con una técnica notablemente depurada, fabrica moldes, compra ropa semejante, zapatos, accesorios, diseña pelucas, maquillaje, en suma, se convierte en una copia casi perfecta de esa persona. Así sale a la calle y repentinamente se siente cómodo, seguro. Ha dejado de ser Sèbastien, ha empezado a ser alguien más.
En esta peculiar forma de vida se cruza en su camino una abogada británica que representa a un famoso violinista que busca un departamento: Henri de Montalte, un hombre arrogante, déspota, que vive para sí mismo y ha dejado de lado a su pareja e hijo pequeño. De inmediato Sèbastien se fascina con su personalidad y procede a iniciar el proceso de imitación, hasta transformarse en una réplica del violinista.
Un ilustre desconocido explora los laberintos de una mente trastornada, pero funcional, que ha encontrado en esas extrañas transiciones una forma de adaptarse a la vida, pero la historia dará un giro inesperado cuando eventos que no calculaba se cruzan en el camino.
Insisto, lo más recomendable de los estrenos de esta semana. Hay que verla.
