Truman: Una sonrisa a la vida

Curiosamente coinciden en un mismo fin de semana de estrenos dos películas con la temática de la proximidad de la muerte: Chronic: El último paciente, de Michel Franco, de la que hablaremos este miércoles, y Truman: Una sonrisa a la vida, del catalán Cesc Gay, de la ...

Curiosamente coinciden en un mismo fin de semana de estrenos dos películas con la temática de la proximidad de la muerte: Chronic: El último paciente, de Michel Franco, de la que hablaremos este miércoles, y Truman: Una sonrisa a la vida, del catalán Cesc Gay, de la que nos ocuparemos hoy. Ambas plantean tratamientos radicalmente opuestos en géneros y tonos.

De título original Truman, y el añadido explicativo Una sonrisa a la vida, que en mi opinión no le hace ningún favor, se trata de una coproducción España-Argentina y está protagonizada por dos de los mejores actores de esos países. Por un lado, el argentino Ricardo Darín, quien es un actor excepcionalmente completo al que he tenido oportunidad de ver también en el teatro. Tiene un gran talento para proyectar y detonar emociones y sentimientos en el espectador. Comparte estelares con el español Javier Cámara, quien tiene un amplísimo registro que lo hace eficiente en la comedia y el drama. Truman: Una sonrisa a la vida es una equilibrada mezcla de ambos géneros.

Escrita por Cesc Gay con Tomás Aragay, se inicia en Montreal, donde vive Tomás (Javier Cámara), un español que ha hecho su vida y una familia en esa ciudad. En pleno invierno viaja a Madrid para visitar a su amigo Julián (Ricardo Darín), quien es un actor argentino que vive en España desde hace años y lleva meses luchando contra el cáncer que lo aqueja y que poco a poco le ha ido ganando terreno.

Con dos actores de esos tamaños la película tiene grandes momentos y se sostiene por sus interpretaciones y la de Dolores Fonzi, más allá de la historia en particular. La química entre los dos se da en automático. La secuencia en que Tomás toca la puerta del departamento de Julián y éste abre, encontrándose los dos amigos después de muchos años de no verse, y los segundos posteriores en que intercambian miradas y leves sonrisas antes de abrazarse sin decir una palabra es una probadita de lo que vamos a ver.

A pesar de su enfermedad, Julián sigue actuando. Está divorciado y tiene un hijo que vive en Ámsterdam. Julián “comparte” el departamento con su gran compañero de años: un enorme perro llamado Truman. De ahí la sutileza del título, aunque también comprendo que puede resultar poco comercial.   

  La película transcurre en los cuatro días que Tomás puede quedarse en Madrid,  y es un tiempo bien aprovechado en el guión para permitirnos conocer mediante muy logrados diálogos y situaciones humanas y bien recreadas, cuál es el pasado de esa entrañable amistad, y el enorme cariño y respeto que une a estos dos amigos que saben decirse “te quiero”.

   Julián tiene planes con respecto a su situación, ha tomado con naturalidad  decisiones graves, pero inteligentes y hasta prácticas ante la perspectiva de la muerte. Su mayor preocupación es encontrar una familia que adopte a Truman. En algunas secuencias el guión se acerca a la sensiblería, pero los dos actores le ponen un toque de espontaneidad, frescura y sentido del humor que la salvan.

No quiero darle más detalles, pues Truman: Una sonrisa a la vida es una película que se disfruta de principio a fin.

Muy recomendable.

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